Capítulo XVIII LAS FIESTAS POSTERIORES
Capítulo XVIII
LAS FIESTAS POSTERIORES
En los últimos siglos del Antiguo Testamento, el calendario religioso se recargó de nuevas fiestas.¹ Únicamente nos fijaremos en aquellas que se han mantenido en uso: el día de las expiaciones, la hânukkah y los purîm.
1. El día de las expiaciones
El yôm kippur es actualmente una de las grandes solemnidades del judaismo. A principios de nuestra era, el yôm hakkippurîm, el «día de las expiaciones», tenía ya tal importancia que se llamaba el «día» entre los días, que es el nombre que lleva el tratado Yorna que le dedica la Mišnâ. Se celebraba, y se celebra todavía, el 10 de tišrí (septiembre-octubre).
Antes de la adopción de los nombres babilónicos de los meses, el día de las expiaciones estaba fijado en la fecha equivalente al 10 del séptimo mes, Lev 23:27-32; Núm 29:7-11, que son textos sacerdotales recientes. El ritual detallado se contiene en Lev16, que es igualmente tardío.
a) El ritual de expiación. Es un día de descanso completo, de penitencia y de ayuno, que implica una asamblea en el templo y sacrificios particulares; en él se hace expiación por el santuario,por los sacerdotes y por el pueblo. El ritual de Lev16 es a todas luces heterogéneo: el texto sufrió diversas elaboraciones, presenta duplicados, v. Lv 16:6 y Lv 16:11, v. Lv 16:9b y Lv 16:15, v.Lv16:4 y Lv 16:32; los v. Lv 16:2-3 no se siguen y, viceversa, el v. Lv16:4 separa indebidamente los v.Lv 16:3 y Lv 16:5, etc.; hay dos conclusiones, v.Lv 16:29a y Lv 16:34; los v.Lv 16:29b-Lv 16:34 son una adición que recuerda la ley de Lev23:27-32 y comenta el ritual precedente.
Este ritual combina dos ceremonias diferentes por su espíritu y por su origen. Hay en primer lugar un ritual levítico: el sumo sacerdote ofrece un toro en sacrificio por su pecado y por el de su «casa», es decir, por los sacerdotes aaronitas, penetra (única vez en el año) detrás del velo que cierra el santo de los santos, inciensa el propiciatorio, kapporet.² y lo rocía con sangre del toro, v. Lv23:11-14. Inmola luego un macho cabrío por el pecado del pueblo, lleva la sangre detrás del velo, donde rocía el propiciatorio, como había hecho con la sangre del toro, v.Lv 23:15. Esta expiación por los pecados del sacerdocio y del pueblo está ligada, de manera que parece artificial, a una expiación por el santuario, especialmente por el altar, al que se frota y se rocía con la sangre del toro y del macho cabrío, v.Lv23:16-19. Las dos expiaciones están igualmente unidas en la adición final, v.Lv 23:33, pero los términos están invertidos. En este ritual se reconocen las ideas de pureza y el valor expiatorio de la sangre, que son característicos de las reglas del Levítico.³
b) El macho cabrio «por Azazel». Pero se añade un rito particular que depende de otras concepciones. La comunidad ofrece dos machos cabríos, que se echan a suertes, uno para Yahveh y el otro «para Azazel». El primero sirve para el sacrificio por los pecados del pueblo, de que acabamos de hablar. Una vez terminada esta ceremonia, el macho cabrío que queda en vida se coloca «delante de Yahveh»; el sumo sacerdote pone las manos sobre la cabeza del animal y lo carga con todas las faltas, voluntarias o no, de los israelitas. Luego un hombre conduce al desierto el animal, el cual se lleva consigo los pecados del pueblo, v.Lv16: 8-10.Lv16:20-22. Este hombre, que ha quedado impuro por tal contacto, no puede reintegrarse a la comunidad sino después de haber limpiado sus vestidos y de haberse lavado, v. Lv16:26. Según la tradición de los rabinos, el macho cabrío era conducido a Bet Hadudu o a Bet Harudún, la actual hirbet hareidân, que domina el valle del Cedrón a 6 kilómetros poco más o menos de Jerusalén.
Es interesante comparar con este rito uno que se desarrollaba en Babilonia el quinto día de la fiesta de año nuevo, el 5 de nisán: el encantador purificaba los santuarios de Bel y de Nabú con agua, aceite y perfumes, luego un inmolador cortaba la cabeza de un carnero y frotaba con su cadáver el templo de Nabú para borrar sus impurezas; el encantador y el inmolador iban a arrojar al Eufrates la cabeza y el cuerpo del carnero y luego se alejaban por- el campo; no podían regresar a la ciudad antes del final de la fiesta, el 12 de nisán. Existe una semejanza innegable con la ceremonia del «buco emisario»; se retira al animal, cargado de impureza, y los ministros quedan impuros a su contacto. Pero el animal ha sido inmolado y se trata de una purificación del santuario; aun cuando el día de las expiaciones tiene también este carácter, el «buco emisario» interviene únicamente para llevarse las faltas del pueblo, rasgo que no aparece en el ritual babilónico.
A propósito de este traspaso de la falta, de la contaminación o de la enfermedad a un animal que se hace desaparecer, los hombres de ciencia han recogido cantidad de ritos más o menos parecidos en las culturas primitivas y en los folklores. No es necesario salir de la Biblia para hallar una analogía: en el ritual de la lepra, el pájaro vivo, soltado en el campo, se lleva el mal y el leproso es declarado puro.⁴
Pero hay algo más en el rito del día de las expiaciones. El nombre de «buco emisario» es una interpretación de los Setenta y de la Vulgata. En el hebreo el animal está destinado «a 'ăzâ'zel». Recientemente un estudioso ha visto en este término, como las versiones griega y latina, un nombre común: esto significaría «el precipicio» y sería el nombre del lugar adonde se conducía el macho cabrío. Sea cual sea el valor etimológico de esta hipótesis, se armoniza mal con el texto: el sumo sacerdote echa a suertes los dos bucos, uno «para Yahveh» y el otro «para 'ăzâ'zel». El paralelismo no parece suficiente si se traduce «para el precipicio», sino que exige que también el segundo nombre sea nombre personal. Resulta, pues, más probable que sea el nombre de un ser sobrenatural, de un demonio; así es como lo comprendieron la versión siríaca y el Targum, como ya el libro de Henoc, que hace de Azazel el príncipe de los demonios, relegado al desierto. Recordemos las ideas israelitas sobre la estancia de los demonios en los lugares desolados, Is13:21; Is34:11-14, cf. Tob 8:3 y Mt 12:43.
Es conveniente, sin embargo, notar que la eficacia de este traspaso y de la expiación que de él resulta se atribuye a Yahveh, delante del cual el buco es presentado, v. 10, que el animal no se sacrifica a Azazel y que tampoco se sacrifica a Yahveh, porque, cargado con los pecados del pueblo, ha quedado impuro y no puede servir como víctima sacrificial. El ritual levítico admitió, pues, al exorcizarlo, una antigua costumbre cuyo origen es desconocido.
c) Antigüedad de la fiesta. Pero esto no significa que el día de las expiaciones y su ritual sean muy antiguos. Esto indicaría más bien lo contrario, pues ya hemos tenido ocasión de notar que esta combinación de usos levíticos y de supersticiones populares es característica de los rituales más recientes de purificación.⁵ No hay la menor mención de la fiesta en los textos, históricos o proféticos, anteriores a la cautividad. Ezequiel prevé el primero y el 7 del primer mes ⁶ el sacrificio de un toro: la sangre del primer toro sirve para purificar el templo y el altar, el segundo se ofrece por los pecados involuntarios del pueblo, y el conjunto constituye la «expiación por el templo», Ez 45:18-20. La intención es sin duda la misma, pero no es todavía el día de las expiaciones, fijado el 10 del séptimo mes, y no se menciona la ceremonia característica del macho cabrío «para Azazel».
El silencio de los libros de Esdras y Nehemías plantea un problema que se complica por las dificultades de la crítica literaria. En Esd3:1-6 no se hace alusión al día de las expiaciones, mientras se habla de la fiesta de los tabernáculos, celebrada por los primeros grupos regresados de la cautividad. Neh8, que utiliza la memoria de Esdras y es continuación de Esd 8:63, pone el 1 y el 2 del séptimo mes una lectura y un estudio de la ley y luego cuenta la fiesta de los tabernáculos, que debió de celebrarse del 15 al 22:⁷ no hay mención del día de las expiaciones, el 10 del mismo mes. Se ha supuesto que aquel año los preparativos de la fiesta de los tabernáculos que se celebraba de manera nueva, Neh 8:14-15.Ne 8:17, habían hecho que se omitiera el día de las expiaciones; la explicación parece insuficiente. Por otra parte, Neh 9:1, que sigue inmediatamente al relato de esta fiesta de los tabernáculos, dice que «el día 24.° de este mes» hubo un ayuno y una ceremonia de penitencia. Se ha pensado que ese día era el día de las expiaciones, sea que aquel año se hubiese trasladado al día 24, sea que en aquella época se celebrase el 24 y luego se hubiese adelantado al 10. Pero ninguna de estas soluciones se impone, puesto que Neh 9:1-2 no es la continuación del documento de Neh 8: los comentaristas recientes relacionan Neh9:1-2 sea con Esd 10:17 (misión de Esdras), sea con Neh10:1s (misión de Nehemías). El texto de Neh 9:1-2 queda, pues, en el aire y, por consiguiente, también la fecha que da: «el día 24.° de este mes»; no sabemos de qué año ni de qué mes se trata y es posible que este ayuno no tenga nada que ver con el día de las expiaciones.
Desde luego, este argumento del silencio no es decisivo, pero sugiere una presunción de que la fiesta no existía todavía en la época de Esdras y Nehemías. Hay que notar además que el ritual de Lev 23:27-32 comienza así: «Por otra parte...», lo cual revela una añadidura, y que este mismo ritual no menciona el macho cabrío para Azazel, que caracteriza la celebración de la fiesta en Lev 16. Hay, pues, que reconocer que esta fiesta es tardía, sin que se pueda precisar el momento en que fue instituida ni la fecha en que entró en aplicación el ritual de Lev 16. Mediante un artificio, Lev16:1 la pone en relación con un episodio del desierto, la muerte de Nadab y Abihú, cf. Lev 10:1-6.
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