5. ¿Una fiesta de la entronización de Yahveh?
5. ¿Una fiesta de la entronización de Yahveh?
Sin embargo, gran número de autores estiman que la fiesta de año nuevo tiene su equivalente antiguo en la fiesta de la recolección y de los tabernáculos: ésta se celebraba, como ya hemos visto, al paso de un año a otro; habría sido el marco de una «fiesta del año nuevo de Yahveh» o «fiesta de la entronización de Yahveh» o «fiesta de la realeza de Yahveh», según las formas diversas que se dan a esta tesis. Los argumentos principales que se invocan son los siguientes:
1.° Se hace referencia a la fiesta babilónica del año nuevo, el akitu, que se celebraba durante los doce primeros días del mes de nisán (comienzo del año de primavera). Era una fiesta de renovación de la creación y de la realeza de Marduk. En ella se recitaba y se representaba la epopeya de la creación, la lucha contra el caos y el triunfo de Marduk, al que se aclamaba: «¡Marduk es rey!» Se ha creído hallar los mismos elementos en Egipto, se presumen en Canaán y se supone que un drama análogo se representaría en Jerusalén en la fiesta de los tabernáculos, al principio (o al final) del año israelita de otoño.
2.° Se buscan los mismos elementos cultuales en ciertos pasajes del Antiguo Testamento y especialmente en los salmos del reinado de Yahveh, que comprenden por lo menos los Sal47; Sal93; 96-99. Los partidarios de esta tesis los llaman salmos de la entronización de Yahveh, que, según ellos, habrían formado parte del servicio litúrgico de la fiesta de los tabernáculos.
3.° Los dos relatos de la traslación del arca, 2Sam 6:1-23 y 1Re 8:1-13 habrían tenido un empleo cultual con ocasión de la procesión anual con que se instalaba a Yahveh en su santuario, procesión que habría tenido lugar durante la fiesta de los tabernáculos, según 1Re 8:2.
Partiendo de estos elementos, se reconstruye una fiesta antigua que habría comprendido, según un partidario moderado de la tesis: a) celebración del triunfo original de Yahveh contra las fuerzas del caos, su entronización en la asamblea de los dioses y demostración de su poder no sólo en la creación del mundo, sino también en la dirección de la historia; b) representación dramática del «día» escatológico en que Yahveh afirmará su poder contra los dioses rebeldes y las naciones de la tierra, estableciendo su realeza no sólo en el ámbito de la naturaleza, sino también en la esfera moral; c) representación correspondiente de la bajada del Mesías (el rey terrestre) al mundo inferior y su liberación por Yahveh de las tinieblas y de la muerte; d) procesión triunfal en que el arca, símbolo de la presencia de Yahveh, y el rey, verdadero Mesías, eran conducidos al templo para el acto final de entronización, que marcaba el principio de una nueva era. Otros autores, más audaces, utilizando las liturgias mesopotámicas de Tammuz y los poemas de Ras Šamra, añaden a este ritual, ya exuberante, la muerte y la resurrección del dios y las nupcias sagradas entre el dios y su compañera, correspondiendo al rey divinizado el papel del dios en el drama cultual. Los partidarios de la tesis conceden que todo esto se espiritualizó después, pero sostienen que la fiesta se celebraba así durante la monarquía.
Pese a la autoridad de los hombres de ciencia que proponen estas teorías y del alarde de erudición con que las defienden, no podemos menos de expresar graves reparos:
1.° El ritual de año nuevo en Babilonia data de la época neobabilónica. Es verosímil que sus orígenes sean más antiguos y textos asirios e hititas de fines del II milenio prueban que en Asiría y en Asia Menor se celebraba una fiesta de año nuevo y que incluía por lo menos una procesión divina y la determinación de los destinos para el año. Pero estos textos no contienen nada que se parezca al drama mitológico que se saca del ritual de Babilonia. La extensión de este esquema mítico y cultual a todo el Oriente Próximo, incluso a Israel, es una hipótesis que carece de suficiente fundamento.
2.° En los salmos del reinado de Yahveh, la fórmula yhwh mâlâk no significa «Yahveh ha venido a ser rey», ni es una fórmula de entronización: por lo demás, según la concepción religiosa de Israel, no se ve quién podría entronizar a Yahveh, que posee en sí mismo todo el poder. Por otra parte, en los mismos textos babilónicos y según los paralelos egipcios con que se pueden comparar, «Marduk es rey» no es tampoco una fórmula de entronización, sino una aclamación, el reconocimiento del poder de Marduk: procede como un rey. La fórmula bíblica tiene el mismo sentido, es una aclamación, como el grito de «¡Viva el rey!» que en la coronación de los reyes de Israel no los constituía reyes, sino que reconocía el carácter real del nuevo ungido de Yahveh.²⁰
Estos salmos no son, pues, salmos de «entronización», sino salmos de la realeza de Yahveh. La noción de Yahveh rey es ciertamente antigua en Israel, pero los salmos del reinado tienen contactos muy estrechos con el Déutero-Isaías para no ser dependientes de él y, por tanto, posteriores a la cautividad. No pudieron ser compuestos y servir para una fiesta de la época monárquica.
3.° Los relatos de 2Sa6 y 1Re8 conciernen a dos traslaciones diferentes del arca, una a la tienda erigida por David, la otra al templo construido por Salomón. El recuerdo de esta entrada — o de estas entradas — de Yahveh en su santuario se conmemora en los Sal 24, y Sal132,²¹ éstos pertenecen a la liturgia del templo, pero no se sabe en qué ocasiones se cantaban. Es arbitrario referirlos a la fiesta de los tabernáculos y a una «entronización» de Yahveh.
Hay que hacer también objeciones más generales. No hay el menor vestigio de esta fiesta de entronización de Yahveh que estaría ligada con la fiesta de los tabernáculos, ni en los textos litúrgicos, ni en los textos históricos del Antiguo Testamento. El único argumento plausible sería el texto tardío de Zac14:16: «Todos los supervivientes de todas las naciones que hayan marchado con» tra Jerusalén subirán, año tras año, a prosternarse delante del rey Yahveh Sabaot y a celebrar la fiesta de los tabernáculos», cf. v. Zac14:17-18. Pero la relación entre los dos términos es accidental: todo el pasaje está dedicado al triunfo escatológico, al «día» en que Yahveh será rey en toda la tierra, v. Zac14:9, y la fiesta de los tabernáculos no se menciona sino porque era la fiesta principal de peregrinación. Por otra parte, hemos visto que la fiesta de los tabernáculos había sido desde su origen, y no había cesado de ser, una fiesta agrícola; es paradójico afirmar, como se ha hecho, que este carácter es secundario y que la fiesta tenía en primer lugar carácter «histórico»: el recuerdo de la creación y de la victoria de Yahveh sobre el caos. Cuando, bastante tarde, se tuvo la idea de dar sentido histórico a la fiesta, se relacionó con la historia de Israel y con su estancia en el desierto. Volvemos a hallar aquí un rasgo general del culto israelita sea lo que sea de los cultos vecinos, este culto no es la expresión de mitos, sino el homenaje del hombre a un Dios personal, que hizo alianza con el pueblo al que había salvado y se mantuvo fiel a esta alianza.
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