2. La fiesta de la «hánukkah»
2. La fiesta de la «hánukkah»
Las traducciones modernas llaman generalmente a esta fiesta la fiesta de la dedicación. La palabra griega, τα 'Εγχαίνια «inauguración» o «renovación», corresponde mejor al nombre hebreo de hânukkah, que le dieron los rabinos y que ha conservado en el culto judío. Josefo habla de ella como de la fiesta de las luces, según el rito que ha venido a ser su rasgo principal.
a) Origen e historia. La institución de la fiesta está narrada en 1Mac 4:36-59. El templo de Jerusalén y su altar habían sido profanados por Antíoco Epífanes. Éste había establecido en el altar de los holocaustos un altar pagano, la abominación de la desolación, 1Mac 1:54; Dn9:27; Dn11:31; y el 25 de kisleu (diciembre) del año 167 había ofrecido en él el primer sacrificio a Zeus Olímpico. Tres años más tarde Judas Macabeo, después de sus primeras victorias, purificó el santuario, construyó un nuevo altar, que fue inaugurado el 25 de kisleu del 164 en el aniversario exacto de la profanación, 2Mac10:5. Se decidió que la fiesta se celebraría todos los años, 1Mac 4:59.
Es dudoso que la fiesta pudiese tener lugar regularmente los años siguientes en que los sirios ocuparon la ciudadela y en que se luchó en Jerusalén. La situación debió de cambiar al restablecerse la paz religiosa y cuando Jonatán fue nombrado sumo sacerdote, el 152 a.C. Al principio del segundo libro de los Macabeos, 2Mac 1:1-9, hay una carta dirigida el año 124 a los judíos de Egipto; en ella se les recomienda que celebren la hânukkah y se hace alusión a una carta enviada ya el año 143. Este documento tiene todas las señales de autenticidad. Va seguido de una carta que no ofrece las mismas garantías, 2Mac 1:10-2Mac 2:18: habría sido expedida con ocasión de la primera fiesta de la dedicación, en 164, y contiene ya elementos legendarios. Termina, como la primera, con una invitación a celebrar la hánukkah. En cuanto al cuerpo mismo del libro, toda la primera parte, 2Mac 2:19-2Mac 10:8, es una justificación histórica de la fiesta, cf. el prólogo del autor, 2Mac 2,19, y la conclusión, 2Mac 10,8. La segunda parte del libro es paralela a la primera y presenta los antecedentes de la fiesta de Nicanor, que se celebraba el 13 de adar, en recuerdo de la derrota infligida a este general sirio y de su muerte, 2Mac 15:36. Esta fiesta de Nicanor tuvo sólo una existencia efímera y no vamos a insistir en ella.
La fiesta de la hânukkah, en cambio, continuó celebrándose. Se menciona en el Nuevo Testamento, Jn10:22, con su nombre griego de encenias, y en Josefo, Ant.12-7:7, con el nombre de fiesta de las luces. La Mišná sólo le dedica alusiones, silencio relativo que se explica por la hostilidad de los ambientes ortodoxos contra los asmoneos; los rabinos no querían favorecer una fiesta que había sido instituida por aquéllos. Pero la fiesta se hizo popular y los tratados rabínicos posteriores dan a propósito de la misma soluciones casuísticas y explicaciones peregrinas. Esta fiesta de la renovación del templo subsistió después de su destrucción porque el rito de las luces, como vamos a ver, la hacía independiente del santuario y permitía que se le diese un nombre nuevo. Aún hoy día sigue siendo una gran fiesta judía.
b) Los ritos: «hânukkah» y fiesta de los tabernáculos. La fiesta se celebraba durante ocho días a partir del 25 de kisleu (diciembre), en medio de regocijos, 1Mac 4:56-59. Además de los sacrificios ofrecidos en el templo, se llevaban tirsos, ramos verdes y palmas, se cantaban himnos, 2Mac 10:6-8, cf.1Mac 4:54. El título de Sal 30 lo destina a la dedicación del templo, y el salmo debió de utilizarse en esta ocasión. Pero, sobre todo, se cantaba el hallel, los Sal 113-Sal 114-Sal 115-Sal116-Sal 117-Sal118, y probablemente para responder a un rito de la fiesta se añadió el v. 27 del Sal 118, que puede traducirse: «Ordenad vuestra procesión (o: vuestra honda, hâg) con ramos en las manos, hasta los cuernos del altar.»
Fuera de esta procesión de los ramos y del hallel, un rito característico de la fiesta era el de las luces, de donde saca Josefo el nombre que da a la fiesta. Por la Mišná y por los escritos rabínicos sabemos que se encendían lámparas delante de cada casa, una más cada uno de los ocho días de la fiesta. Los textos más antiguos no hablan explícitamente de este rito; encender las lámparas en 1Mac 4:50 se refiere al restablecimiento del candelabro del templo y no a la inauguración del altar. Sin embargo, se pueden reconocer alusiones al rito en la primera carta de 2Mac 1:18, que recuerda esta frase de una carta precedente: «Hemos encendido lámparas»; en la segunda carta de 2Mac 1:18s, que asocia a la fiesta de la hânukkah el recuerdo del fuego sagrado conservado milagrosamente y descubierto por Nehemías; finalmente, en el Sal118:27 que, inmediatamente antes de hablar de los ramos, dice: «Yahveh es justo, él nos ilumina.»
El segundo libro de los Macabeos insiste en el parecido de la hânukkah con la fiesta de los tabernáculos. La primera vez se celebró «a la manera de la fiesta de los tabernáculos», 2Mac 10:6, y la carta de 124 a.C. la llama «la fiesta de los tabernáculos del mes de kisleu», 2Mac 1:9. El primer libro de los Macabeos no había hecho esta referencia, pero el segundo, que quiere aclimatar la hànukkah en la diàspora egipcia, subraya deliberadamente su afinidad con una de las grandes fiestas tradicionales. Por lo demás, es posible que desde su institución pensara Judas Macabeo en darle este carácter, acordándose de que el templo de Salomón, 1Re8:2.1Re8:65, y el altar reconstruido al regreso de la cautividad, Esd3:4, se habían dedicado en la fiesta de los tabernáculos.
En efecto, ambas fiestas coinciden en durar ocho días (contando el día de clausura de la fiesta de los tabernáculos, Lev 23:34-36) y tanto en la hànukkah como en la fiesta de los tabernáculos se llevaban ramos, según el ritual más reciente. Lev23:40-41. Pero las semejanzas no pasan de esto. Es cierto que se cantaban salmos en la fiesta de los tabernáculos, pero nada nos dice que se cantase el hallel; parece más bien ser que el canto del hallel se extendió después, de la hânukkah a la fiesta de los tabernáculos y también a pascua y a pentecostés. Durante la hânukkah no se habitó nunca en cabañas, y las luminarias de las casas tienen sólo una relación remota con la iluminación del templo en las noches de la fiesta de los tabernáculos. En sentir de Josefo, las luces de la hánukkah significaban que había «brillado» la libertad para los judíos de una manera inesperada, Ant.12-7:7; luego se convirtieron en símbolo de la ley, que es luz, cf. Prov 6:23; Sal 119:105. Todavía habría que explicar por qué aumentaba su número cada día, lo cual nos introduce en el problema de los influjos paganos en los ritos de la fiesta.
c) ¿Influjos paganos? Tenemos, pues, aquí la única fiesta judía cuya institución se refiere en un texto reciente y que se relaciona con un acontecimiento histórico indiscutible. Esto ha parecido demasiado sencillo a los hombres de ciencia, que se han puesto a buscar para la fiesta un origen fuera de Israel. Algunos opinan que se trata de una adaptación judía del solsticio de invierno y que hânukkah está en relación con Henoc, que vivió 365 años, Gén 5:23, es decir, exactamente el número de los días de un año solar. Otros autores, más serios, prescindiendo de Henoc, mantienen la equivalencia de la fiesta con la del sol invictus, celebrada en Roma el 25 de diciembre. Otros hacen notar que, durante la persecución de Antíoco Epífanes, los judíos estaban obligados a coronarse de yedra y a participar en el cortejo de Baco, 2Mac 6:7, y que un anciano de Atenas, 2Mac 6:1, había sido enviado por el rey para enseñarles los nuevos ritos; se añade que la asimilación que se había hecho del dios nabateo Dusares con Baco podía hacer que estas prácticas parecieran menos extrañas a los judíos. Pero se olvidan de probar — y no se puede probar — que estas fiestas de Baco se celebraran el 25 de kisleu en Jerusalén; veremos que el texto 2Mac 6,7 supone más bien que caían en otra fecha. Finalmente, algunos autores han propuesto explicar el aumento del número de luces cada día de la fiesta como una imagen de la prolongación de los días después del solsticio de invierno.
Estas teorías tropiezan con objeciones que parecen decisivas. No se puede admitir un origen pagano para una fiesta judía que, según todos los informes que poseemos, no se instituyó y no se repitió sino para conmemorar la purificación del templo, contaminado con los usos paganos, y la restauración del culto legítimo. Aun aceptando esto, es imposible hacer concordar una fiesta del solsticio de invierno, ligada al calendario solar, con una fiesta fijada en un día determinado del año lunar, aun rectificado: el 25 de kisleu caía sólo raras veces el día del solsticio.
Entre la hánukkah y ciertos usos paganos puede haber cierta relación, pero ésta es indirecta y adversa. Judas Macabeo inauguró ei nuevo altar en el aniversario exacto de la profanación del antiguo, el 25 de kisleu de 167. Ahora bien, Antíoco Epífanes había escogido deliberadamente este día para el primer sacrificio a Zeus Olímpico. Se ha pensado que aquel año de 167 el solsticio de invierno caería el 25 de kisleu, pero los cálculos emprendidos para probar esta suposición dan resultados inciertos. La solución está indicada en los textos mismos: según 2Mac 6:7, los judíos estaban obligados a participar en el sacrificio mensual, el día del nacimiento del rey; según 1Mac 1:58-59, todos los meses se castigaba severamente a los judíos recalcitrantes y el 25 del mes se sacrificaba en el altar pagano. En este último versículo, la gramática y el contexto indican que no se trata de una acción única, el sacrificio de 25 de kisleu de 167, sino de un sacrificio repetido el 25 de cada mes, es decir, de un sacrificio mensual para el día del nacimiento del rey, mencionado en 2Mac 6,7. La costumbre está documentada en el Oriente helenístico y se perpetuó en estas regiones incluso hasta los tiempos del imperio romano.
Las fiestas dionisíacas, en las que había que coronarse de yedra, se distinguen de este sacrificio mensual en 2Mac 6,7, lo cual es todavía una razón para negar la relación de los ramos de la hânukkah con el culto de Baco. Es posible, no obstante, que con estos ramos agitados en honor del verdadero Dios se quisiese borrar el recuerdo del rito pagano al que habían sido obligados los judíos fieles y al que se habían entregado los judíos helenizantes, y la costumbre de la fiesta de los tabernáculos aportaba una justificación del rito. En cuanto a las luces encendidas delante de las casas, podían sustituir al incienso que, bajo Antíoco Epífanes, se quemaba a las puertas de las casas y en las plazas, 1Mac 1:55. El número creciente con los días de la fiesta es un detalle que no está atestiguado en los documentos más antiguos y es posible que no tenga nada que ver con el progreso del sol a partir del solsticio. Puede indicar la solemnidad creciente de la fiesta o sencillamente su desarrollo; las costumbres populares y las reglas litúrgicas propenden a estas gradaciones: para tomar un ejemplo del ritual judío, el código sacrificial de Núm 29:13-32 especifica que desde el primer día hasta el séptimo de la fiesta de los tabernáculos, el número de toros sacrificados disminuye una unidad por día para llegar a siete víctimas el séptimo día. Si estos contactos, secundarios, con usos paganos tienen fundamento y si la explicación que damos nosotros es valedera, queda con ello confirmado el carácter fundamental de la hánukkah: era una purificación de todas las manchas contraídas bajo el dominio de los impíos, cf. 1Mac 4:36, por lo cual 2Mac 2:16 y 2Mac 10:5 la llaman sencillamente el día de la «purificación del templo».
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