Capítulo V LA FUNCIÓN SACERDOTAL
Capítulo V
LA FUNCIÓN SACERDOTAL
La época patriarcal no conoció sacerdocio. Los actos del culto, especialmente el acto central, que es el sacrificio, eran realizados por el cabeza de la familia, Gén22; Gn31:54; Gn46:1. Los patriarcas en persona sacrificaban en los santuarios que frecuentaban, y el Génesis no habla de sacerdotes sino a propósito de extranjeros, que son sedentarios, los sacerdotes egipcios, Gén41:45; Gn47:22, y Melquisedec, el rey sacerdote de Salem, Gén14:18. Sólo dos textos implican un santuario al que debía de haber adscritos servidores: cuando Gén25:22 dice que Rebeca fue «a consultar a Yahveh» sobre el próximo nacimiento de Esaú y de Jacob, esto significa, según el empleo corriente de la expresión, que fue a un lugar santo a pedir un oráculo transmitido por un hombre de Dios, lo que parece ser un anacronismo; cuando Jacob promete pagar el diezmo al santuario que fundó en Betel, Gén28:22, esto supone un santuario administrado por un clero, cf. Gén14:20, pero es un acto atribuido al fundador para legitimar una costumbre posterior, cf. Am4:4. El sacerdocio no aparece sino en un estadio más avanzado de organización social, cuando la comunidad especializa a algunos de sus miembros para la custodia de los santuarios y el cumplimiento de ritos que poco a poco se van complicando.
1. El nombre
El nombre que se da a los sacerdotes de Yahveh en el Antiguo Testamento es kohen este nombre designa también a sacerdotes de los dioses extranjeros, egipcios, Gén41:45; Gn47:22, fenicios, 2Re10:19; 2Re11:18, filisteos, 1Sa 5:5; 1Sa6:2, moabitas, Jer48:7, ammonitas, Jer49:3. El vocablo es conocido en hebreo y en fenicio y es frecuente en nabateo. Pero otro sustantivo, derivado de la raíz kmr, es empleado desde principios del n milenio a.C. en las colonias asirías de Capadocia, luego en antiguo arameo y más tarde en palmireno y en siríaco. El equivalente hebreo, siempre en plural, kemárím, se encuentra sólo tres veces en la Biblia y designa siempre a sacerdotes de los falsos dioses, 2Re 23:5; Os10:5; Sof1:4.
La etimología de kohen es desconocida. Se ha relacionado con el verbo acádico kánu (raíz k'n), que en la forma safel significa «inclinarse, prestar homenaje». Más comúnmente se le hace derivar de la raíz kwn, «estar de pie»: el sacerdote sería, por consiguiente, el que está de pie delante de Dios, cf. Dt10:8, como un servidor. Pero todo esto es incierto.
2. La entrada en funciones
El sacerdocio en Israel no es una vocación, es una función. Los textos no hablan jamás de un llamamiento o de una elección divina a propósito del sacerdote, como lo hacen a propósito del rey y del profeta. Si, en 2Cr 24:20, el Espíritu de Dios reviste a Zacarías, hijo de un sacerdote, es para hacer de él un profeta, pero no para elevarlo al sacerdocio. Es cierto que la tradición afirma que Yahveh había escogido a la tribu de Leví para el servicio de su santuario, pero esto no implica ningún carisma particular para los individuos. En los documentos antiguos, el nombramiento de los sacerdotes se hace sin intervención divina: Miká escoge a uno de sus hijos, Jue17:5, luego a un levita, Jue17:10, para su culto doméstico; las gentes de Quiryat-Yearim escogen a Eleazar para guardar el arca, 1Sam7:1: los reyes escogen o destituyen a los ministros de sus santuarios oficiales, 1Re 2:27; 1Re12:31. Más tarde, el hecho de pertenecer a una estirpe sacerdotal será un título suficiente, salvo impedimento derivado de su deficiencia físíca, Lev 21:16-24.
«Instalar» a un sacerdote se dice «llenar su mano», y esto ya desde el texto más antiguo y también el más explícito sobre la entrada en funciones de los sacerdotes, Jue17:5-12. Es una expresión que se encuentra también en Éx 32:29; 1Re 13:33, y luego en los textos de tradición sacerdotal, Éx 28:41; 29 passim; Lev8:33;Núm3:3; luego llega a perder todo su sentido concreto para significar, en Ez43:26, la inauguración de un altar. Consiguientemente, el sustantivo millu'îm. «relleno» (de la mano), significa «investidura» de los sacerdotes en Éx 29:22-34; Lev 8:22-33. El sentido primero de esta expresión es discutido. Una explicación se ofrece en Lev 8:27-28 y Éx 29:24-25: Moisés pone en las manos de Aarón y de sus hijos las porciones de la víctima destinadas a ser colocadas sobre el altar, hace con ellos el gesto de presentación, luego vuelve a tomar de sus manos las ofrenda y las hace quemar sobre el altar, «era el sacrificio de millu'îm». El sacerdote sería investido cumpliendo por la primera vez el gesto ritual de ministro del altar, Pero éstos son textos recientes que quieren explicar una expresión cuyo sentido primitivo se había olvidado. Se ha supuesto que la expresión se refería en un principio al salario que recibía el sacerdote, que quedaba así «contratado», y la hipótesis puede apoyarse en Jue17:10; Jue18:4, donde el levita a quien Miká «llena la mano» es «ajustado» por diez siclos de plata al año más el vestido y el mantenimiento. Se ha relacionado también con la expresión acádica «llenar la mano», que tiene el sentido de «poner en las manos», de dar una responsabilidad, de investir de un empleo. Más próxima es quizá la expresión «relleno de la mano», que aparece en los archivos de Mari en la época de Hamurabi a propósito de la parte del botín que corresponde por derecho a determinada categoría de oficiales: para el sacerdote hubiese significado esto su derecho a una parte de las colectas del santuario y de las ofrendas que se hacían en él, el «derecho del sacerdote» de 1Sm2:13, que precisarán las leyes sacerdotales. La expresión es de todos modos muy antigua y llegó a los israelitas ya vacía de su sentido concreto; no describe un rito de ordenación sacerdotal.
Tampoco hay que dar mayor importancia en este sentido a Núm8:10, donde los israelitas imponen las manos a los levitas: no se trata de un rito de investidura, es un gesto de ofrenda¹ en que se ofrecen a Yahveli los levitas como sustitutos de los primogénitos.² La semikah, imposición de las manos, no aparece en el ritual postexílico de la instalación de los sacerdotes, Éx29; Lev8; ni fue practicada por el judaismo postbíblico sino para la instalación de los doctores: se hacía refiriéndose a la imposición de las manos a Josué por Moisés, Núm 27:15-23, y se suponía que el mismo gesto se había hecho sobre los setenta ancianos, Núm 11:16-17.
Según el ritual posterior a la cautividad, el sumo sacerdote era ungido, Éx 29:7; Lev 8:12, y otros, y la redacción final del Pentateuco extendió la unción a todos los sacerdotes, Éx 40:12-15 y otros pasajes.³ Pero parece probable que este rito no existía antes del destierro y que es una transferencia de la prerrogativa real al sumo sacerdote, cabeza de la nueva comunidad⁴
No había, pues, en el antiguo Israel «ordenación» sacerdotal; los sacerdotes entraban en funciones sin que un rito religioso les confiriese una gracia o poderes especiales. Pero el sacerdote quedaba santificado, sacralizado por su función misma. En lugar de la expresión técnica «llenar las manos», 1Sa 7:1 dice que a Eleazar se le «santificó», quiddeš, para el servicio del arca. Los sacerdotes son «santificados», Lev 21:6; el sumo sacerdote debe llevar en la frente una flor de oro en la que está grabado «santificado para Yahveh», Éx 28:36. Esto significa que el sacerdote no pertenece ya al orden profano y que, como el territorio del santuario y como las ofrendas presentadas en él, está «puesto aparte»: según Núm 8:14; Dt 10:8, los levitas han sido «puestos aparte» para el servicio de Dios; según 1Cr23:13, Aarón fue «puesto aparte» para santificar las cosas muy santas. El sacerdote, así trasladado al terreno sagrado, puede moverse en él sin sacrilegio, entrar en el santuario, manipular los objetos sagrados, comer de los sacrificios, etc. Pero debe permanecer separado de lo profano y así está sujeto a algunos entredichos y a reglas especiales de pureza: en la vida corriente, los sacerdotes no pueden asociarse a un duelo, excepto el de sus más próximos consanguíneos y, aun en este caso, se abstendrán de ciertas prácticas, Lev 21:1-6. No pueden tomar por esposa a una mujer prostituida o que haya sido repudiada por su marido, Lev 21:7. En el ejercicio de sus funciones se procura evitar todo lo que, pueda confundir lo sagrado y lo profano: llevarán vestiduras especiales para entrar en el santuario, Éx 28:43, o lavarán sus vestidos, Núm 8:7, se purificarán por medio de abluciones, Éx 30:17-21; Ex40:31-32; Lev8:6, se abstendrán de vino y de bebidas que embriagan, Lev 10:8-11.
Esta sacralización confería dignidad al sacerdote. Miká dice al levita que ha contratado: «Sé para mí un padre y un sacerdote», Jue 17:10, si bien era todavía un joven, v. Jue17:7 y Jue17:11. El sacerdote heredó las prerrogativas religiosas del cabeza de familia de la época patriarcal.
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