3. El sacerdote y el santuario
3. El sacerdote y el santuario
El sacerdote es elegido e instalado para el servicio del santuario. Esta asociación es universal. Era particularmente notoria entre los árabes antes del islam: el sacerdote es esencialmente un sádin, guardián de un templo; cuida el santuario, acoge a los visitantes y recibe sus dones. El vínculo es tan fuerte que cuando emigra la tribu, el sádin se queda y continúa ejerciendo su oficio en medio de extraños. Sus hijos le relevan y así los diferentes santuarios son administrados por familias sacerdotales. Así también, en los relatos sobre la permanencia en el desierto, los levitas acampan "alrededor de la tienda, Núm 1:53, teniendo cada clan su puesto determinado, Nm3:23.Nm3:29.Nm3:35, y los aaronitas estaban apostados delante de la tienda para impedir el acceso de los profanos, Núm3:38. Su servicio se llama «guardia», Núm1:53; Nm3:28.Nm3:32, etc. Pero en Israel la tienda es un santuario móvil y los sacerdotes se desplazan con ella y están encargados de su transporte, Núm4:58; Dt10:8. Ezequiel, inspirándose en este ideal del desierto, diseña la repartición de la tierra santa y da a los sacerdotes el territorio sagrado que rodea al templo, Ez 45:4.
Por estas razones no se concibe un santuario que no tenga su ministro. Bajo los jueces, Miká, al constituirse un santuario doméstico, instala inmediatamente en él a un sacerdote: primero da la investidura a su hijo y después lo sustituye por un levita que acierta a pasar por allí, Jue17. A este mismo levita se llevan consigo los danitas cuando emigran hacia el norte y él mismo sigue prestando servicio en el nuevo santuario de Lais-Dan, Jue 18, 30. En Siló, el templo del arca está confiado a la familia de Elí, ISam 1-2. Cuando el arca, al regreso de la cautividad filistea, es depositada en Quiryat-Yearim, es consagrado inmediatamente un sacerdote para guardarla, 1Sam 7:1.
La suerte del sacerdocio israelita siguió, pues, a las de los santuarios. Bajo David, Sadoq y Ebyatar son adscritos al arca, 2Sa15:24-29; bajo Salomón, Ebyatar es suplantado, 1Re 2:26-27, y Sadoq, y después su hijo, asumen el servicio del templo, 1Re 2:35; 1Re4:1. Cuando Jeroboam funda el santuario de Betel, lo prosee inmediatamente de un sacerdote, 1Re12:31. Pero, así como el templo de Jerusalén estaba por encima de todos los otros lugares de culto, así también el sacerdocio de Jerusalén tenía la preeminencia sobre los sacerdotes de provincias y así los esfuerzos hechos para centralizar el culto fueron acompañados de una reagrupación del clero, 2Re 23:8. Sólo sobre el sacerdocio del templo tenemos informaciones relativamente detalladas, y más adelante volveremos a ocuparnos de su historia.⁵
4. El sacerdote y el oráculo divino
En el antiguo Israel se iba al santuario para «consultar a Yahveh»: el sacerdote era un dador de oráculos. Es significativo que en Dt 33:8-10 se mencione la función oracular de los hijos de Leví juntamente con la enseñanza de la tórah y antes que el servicio del altar. En el desierto, los israelitas se dirigían a Moisés para «consultar a Dios», Éx 18:15; si en el ejercicio de la justicia aceptó Moisés, por consejo de Jetró, que le ayudasen, se reservó para sí solo el cuidado de llevar delante de Dios los litigios de su pueblo, Éx18:19. Todo el que quería «consultar a Yahveh» acudía a la tienda en la que Moisés penetraba solo y conversaba cara a cara con Yahveh, Éx 33:7-11. Pero en esto se trataba de un privilegio personal de Moisés, Núm12:6-8, del que no disfrutaban los sacerdotes, cf. Núm 27:21. Éstos consultan a Dios por medio del efod y de los urîm y tummîm. La interpretación de estos procedimientos oraculares es muy difícil.
a) El efod. Las menciones del efod, 'epód, en la Biblia pueden clasificarse en tres capítulos:
- 1.° Existe el efod de lino, 'epôd bad, que en los más antiguos textos históricos es un vestido sacerdotal: el joven Samuel lo lleva en el templo de Siló, 1Sam2:18; lo llevan los sacerdotes de Nob, 1Sam 22:18; David danzando delante del arca, 2Sam 6:14. Es un vestido que se ciñe, 1Sam 2:18; 2Sam 6:14, y que cubre poco el cuerpo, cf. 2Sam 6:20, es decir, una especie de taparrabos, como lo llevaban los sacerdotes egipcios y que en un principio pudo ser el único vestido de los sacerdotes en funciones.
- 2.° Hay el efod, que es una prenda especial de vestir del sumo sacerdote, la más exterior, que se lleva sobre la túnica y sobre el manto, Éx 29:5; Lev 8:7. Su descripción en Éx 28:6-14; Ex39:2-7 está sobrecargada con adiciones que reflejan la evolución del hábito del sumo sacerdote en la época postexílica. La primera redacción del texto, durante el destierro, podría conservar un recuerdo del final de la monarquía. Aquí aparece el efod como una ancha banda de tela tejida de oro, de lana de diferentes colores y de lino; esta banda está reforzada con un cinturón que sirve para sujetarla. Los tirantes que completan el efod parecen haber sido añadidos posteriormente.
Distinto del efod, pero unido a él, es el hosen o «pectoral», Éx 28:15-30; Ex39:8-21. Está hecho del mismo tejido que el efod y tiene la forma de un saquito [?] cuadrado que contenía los urím y tummim; se llamaba hošen hammišpat, «el pectoral de la decisión [oracular]», Éx 28:15-30.
- 3.° Hay también el efod que es objeto de culto: Miká hace un efod para su santuario, Jue17:5; Jue18:14.Jue18:17.Jue18:20, Gedeón hace uno con el oro arrebatado a los madianitas y lo deposita en su ciudad, Jue 8:27. Es un objeto que se lleva, 1Sam 2:28; 1Sa14:3; que se tiene en la mano, 1Sam 23:6; que se «trae» o «dispone», 1Sam 23:9; 1Sa30:7; en el santuario de Nob, la espada de Goliat estaba guardada detrás del efod, 1Sam 21:10. Está confiado a los sacerdotes y sirve para consultar a Yahveh, 1Sam 23:10; 1Sa30:8.
Actualmente se ha logrado ya averiguar el significado original de la palabra, que se había discutido durante mucho tiempo: 'epd significa el vestido de la diosa Anat en un poema de Ras Samra; epattu, en plural epadâtu, significa «vestido rico», en el asirio antiguo de las tabletas capadocias. Los vestidos sacerdotales perpetúan fácilmente costumbres arcaicas: el 'epôd bad es un antiguo vestido conservado por los sacerdotes, del que el efod del gran sacerdote es una forma desarrollada y enriquecida, desviada de su uso primitivo: lo que en otro tiempo era el único vestido, se lleva ahora por encima de todo un vestuario.
Pero este sentido no parece a primera vista poderse aplicar al efod, objeto cultual que servía para consultar a Yahveh: los textos no sugieren la idea de un vestido, sino más bien la de un objeto sólido que se lleva o se trae, que se dispone o deposita. Así, muchos eruditos han disociado este efod del de los sacerdotes y del sumo sacerdote. Hay quienes quieren corregir los textos sustituyendo 'epód unas veces por 'árón, «arca», otras por 'abbîr, «toro». Otros, menos radicales, suponen, sin corregir el texto, que el efod designa a veces una imagen divina, y otros, en fin, lo toman por un modelo reducido de la tienda oracular del desierto, o del arca, por un cofrecillo que contenía las suertes sagradas.
Parece, sin embargo, difícil que la misma palabra se aplicase hablando del equipo cultual de una misma época, a un vestido y a una caja. Ahora bien, una vez que el sentido de «vestido» corresponde ciertamente al efod de los sacerdotes y del sumo sacerdote según los textos bíblicos y por la analogía de las lenguas extranjeras, se puede tratar de aplicarlo también al efod adivinatorio. En este sentido se han evocado ciertas estatuas divinas, que se hallan guarnecidas por una funda ricamente adornada: el efod, ornamento en un principio de la imagen de un dios, habría llegado a ser el atributo del sacerdote que pronunciaba oráculos en nombre de Dios, antes de convertirse en un vestido de aparato, del sumo sacerdote. Este mandil o taparrabo, al que estaba unido el hošen, la bolsa que contenía las suertes, se mantenía rígido, debido a su trama de hilos de oro: guardaba la forma cuando era depositado, la espada de Goliat podía estar oculta detrás de él, se llevaba en la mano, se traía cuando había que servirse de él. Finalmente, se ha expresado la opinión de que el efod adivinatorio, distinto del efod simple de los sacerdotes y del efod del sumo sacerdote, era un vestido o un revestimiento destinado a alguna estatua divina (cf. la palabra emparentada 'âpuddah, Is30:22) que el culto sin imágenes, de Israel, habría conservado cierto tiempo como instrumento adivinatorio; así se podría explicar que los sacerdotes lo lleven o lo traigan, pero no se vistan con él, que el efod de Gedeón pesase 1700 siclos y que fuese condenado por el redactor de Jue 8:26-27, así como Os3:4 asocia el efod a los terafim, ídolos domésticos a los que se pedían oráculos, Ez 21:26; Zac10:2.
Ninguna de estas hipótesis es plenamente satisfactoria. Aceptaremos la última como la menos improbable, aunque completándola: los israelitas, que desechaban la imagen divina, no pudieron usar el efod, que la revestía, sino para su uso adivinatorio: el efod era, de una manera o de otra, el receptáculo de las suertes sagradas. Se puede citar un viejo proverbio, que no se refiere quizá directamente al efod, pero que indica por lo menos cómo un vestido podía servir para echar las suertes: «Del bolsillo (el pliegue del vestido: hęq) se sacan las suertes, pero Yahveh es quien da toda decisión, mišpat», Prov 16:33. Y así conviene recordar que al efod del sumo sacerdote iba unido el hošen hamnîspat, el bolsillo de la respuesta oracular, con el urîm y el tummîm, Éx 28:30.
b) «Urim» y «tummim». Eran las suertes sagradas. La etimología y el significado de estas palabras son inciertos, y las conjeturas de los modernos no valen mucho más que las arbitrarias traducciones de las versiones antiguas. Las palabras, como la cosa, debieron tomarse de la civilización preisraelita de Canaán y la forma plural no es sino el singular que ha conservado la «mimación».
Tampoco se sabe qué aspecto tenían realmente. Se ha pensado en pequeños guijarros o en dados, y aún más frecuentemente en varillas o bastoncitos, cf. Os 4:12 [?], que se sacaban del bolsillo del efod. Se ha aludido a la práctica del istiqsám de los antiguos árabes, es decir, la adivinación por medio de bastoncitos o de flechas, como la que practica el rey de Babilonia en Ez 21:26-27, pero, conforme al término empleado por el profeta, este procedimiento es de los adivinos, los qesâmîm, y quizá no tenga nada que ver con el urîm y el tummîm de los sacerdotes.
En efecto, estas suertes se confían al sacerdote Eleazar según Núm 27:21, a la tribu de Leví según Dt 33:8. El modo de funcionar el oráculo aparece en 1Sa14:41-42, corregido según el griego: «Entonces dijo Saúl: "Si yo o mi hijo Jonatán somos culpables, Yahveh, Dios de Israel, haz que salga urim; si es culpable tu pueblo Israel, que salga tummîm." Saúl y Jonatán fueron designados y el pueblo quedó libre. Saúl dijo: "Echad las suertes entre mí y mi hijo Jonatán", y Jonatán fue designado.» La intervención del sacerdote se supone en el v.1Sm 14:36. El texto no prueba que tummîm sea la suerte favorable y urîm la suerte adversa, sino que indica, por el contrario, que las suertes tienen valor convencional que se fija cada vez (lo cual invita a no buscar un significado especial para las palabras que las designan). El oráculo responde poniendo en evidencia una de las suertes. Es, por tanto, una respuesta con un «sí» o con un «no», que progresa por eliminaciones o restricciones sucesivas, cf. también 1Sam 23:9-12; esto podía durar mucho tiempo: en 1Sam14:18-19, corregido según el griego, Saúl quiere saber si debe atacar el campo de los filisteos, la consultación mediante el efod se prolonga y Saúl, viendo que la agitación crece en el campo enemigo, dice al sacerdote: «Retira tu mano.» Interrumpe la consultación y pasa a la acción. Se daba también el caso de que el oráculo se negase a responder, 1Sa14:37; 1Sa28:6, seguramente cuando no salía nada del bolsillo o cuando las dos suertes salían juntas.
c) Disminución de la función oracular de los sacerdotes. Después del reinado de David no tenemos ya documentación histórica del uso del efod y del urîm y del tummîm. Si Prov 16:33, que hemos citado, se refiere al efod, habría que retrasar la fecha, y Os3:4 indicaría que el efod se había empleado en el reino del norte hasta su ruina; pero aquí el efod está asociado a los terafim y a las massebôt, que eran prácticas reprobadas. En todo caso, Acab y Joram de Israel y los reyes de Judá, sus contemporáneos, 1Re20:13-14; 1Re22:6; 2Re3:11, consultan a Yahveh por medio de los profetas en las circunstancias en que Saúl y David lo consultaban por el efod. Bajo Josías, el jefe del sacerdocio de Jerusalén se va en persona a consultar a Huida, 2Re 22:14; cf. también Jer 21:1-2, bajo Sedecías. Si la descripción del efod y del pectoral del sumo sacerdote en Éx 28:6-30 se remonta en cuanto al fondo al fin de la monarquía, ya no era un instrumento adivinatorio, y es significativo que en el texto se mencione el urîm y el tummîm sin describirlos, como se describen minuciosamente los otros ornamentos del sumo sacerdote: la mención es únicamente un rasgo de arcaísmo y ya no se sabía lo que eran tales objetos. En la última redacción de este pasaje es sensible la evolución: en el efod y en el pectoral están fijadas piedras grabadas con los nombres de las tribus de Israel y su función se reduce a hacer presente a Yahveh el recuerdo de su pueblo, Éx 28:12.Ex28:29.
Según Esd2:63 = Neh7:65, al regreso del destierro no había ya sacerdotes para manejar el urím y el tummím; esto se confirma por la tradición judía que afirma repetidas veces que el urîm y el tummîm no estaban presentes en el segundo templo; un texto, Talmud, Sota 48a, llega incluso a decir que no había ya urîm y tummîn desde la muerte de los «primeros profetas», que son Samuel, David y Salomón. Todavía es posible que hasta la ruina del templo, los sacerdotes transmitiesen, sin empleo de medios adivinatorios, las respuestas divinas a los fieles que acudían para sacrificar y orar con el fin de obtener algún favor; en este sentido se pueden explicar ciertos salmos y pasajes del Déutero-lsaías. Pero es algo muy distinto del efod con urîm y tummîm.
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