Capítulo IV LA CONCEPCIÓN DEL ESTADO 1. Israel y las diversas naciones orientales del Estado
Capítulo IV
LA CONCEPCIÓN DEL ESTADO
1. Israel y las diversas naciones orientales del Estado
Cuando los israelitas conquistaron Canaán, el país estaba dividido en una multitud de principados. Jos 12:9-24 cuenta treinta y un reyes derrotados por Josué y esta lista no agota el mapa político de Palestina. Dos siglos antes, las cartas de Amarna reflejan la misma situación y muestran que se extendía hasta Siria. Es la forma que el dominio de los hicsos tomó en estas regiones, pero que se remonta más atrás en el tiempo: los textos egipcios de proscripción lo atestiguan a principios del segundo milenio. Estas unidades políticas se reducen a una ciudad fortificada y a un pequeño territorio que la rodea. Están gobernadas por un rey, que en tiempos de los hicsos y de Amarna es con frecuencia de origen extranjero y se apoya en una tropa reclutada entre los suyos y reforzada por mercenarios; la sucesión al trono se rige normalmente por el principio dinástico. La misma concepción del Estado se descubre en los cinco principados filisteos de la costa. Es cierto que éstos forman una confederación, Jos 13:3; Jue 3:3; 1Sam 5:8, pero este rasgo aparece también en la unión de cuatro ciudades gabaonitas, Jos9:17, sin contar las alianzas, que parecen transitorias, entre reyes cananeos, Jos 10:3s; Jos11:1-2.
En contraste con estos Estados enanos, hay grandes imperios, como el de Egipto, del que durante largo tiempo fueron vasallos los reyezuelos de Palestina y de Siria, luego los imperios asirio, neobabilónico y persa. Son Estados fuertemente organizados, que unen a poblaciones diversas en grandes territorios extendidos por conquista. En ellos está poco desarrollado el sentimiento nacional,y el ejército que defiende el territorio y lleva a cabo las conquistas, es un ejército de soldados de profesión que encuadra cuerpos mercenarios. La autoridad es monárquica y la sucesión es, teóricamente, hereditaria.
A fines del segundo milenio a.C. aparecen Estados nacionales. Llevan nombres de pueblos: Edom, Moab, Ammón, Aram. Se ciñen al territorio habitado por el pueblo y, en sus principios, no tratan de extenderse por conquista. La defensa del país no está encomendada a un ejército de profesión, sino a la nación en armas, convocada en caso de peligro. El gobierno es monárquico, pero no necesariamente hereditario. De la primera lista de los reyes de Edom, Gén 36:31-39, resulta que estos reyes debían el poder a elección o a aceptación por la nación. Si más tarde se estableció el principio dinástico, fue sin duda por evolución natural o por influjo de los grandes Estados vecinos.
Según una tradición bíblica, los israelitas pidieron un rey para ser «como las otras naciones», 1Sam8:5. Pero no imitaron a los principados cananeos que habían sido desposeídos por su conquista. Nunca prevaleció en Israel esta concepción del Estado. Se hicieron, tentativas, que terminaron con el fracaso: una realeza de este género, con sucesión hereditaria, fue rechazada por Gedeón, Jue 8:22s, y el reinado efímero de Abimélek en Siquem se apoyaba en elementos no israelitas, Jue 8:31; Jue9:1s. Recientemente se ha sostenido que Jerusalén, ciudad jebusea conquistada por David, y Samaría, ciudad nueva fundada por Omrí en un terreno comprado por él, habían tenido, en el interior de los reinos de Judá y de Israel, el estatuto de ciudades Estados de tipo cananeo. Esta conclusión parece desbordar los textos en que se pretende fundarla.
Los israelitas, por lo menos originariamente, no modelaron tampoco sus concepciones del Estado conforme a las de los grandes imperios, por ejemplo. Egipto, con el que estaban en contacto. Sólo al final del reinado de David y en el de Salomón intentó realizarse la idea de imperio. Pero el éxito fue de muy breve duración y sólo se conservaron en la organización administrativa algunos rasgos imitados de Egipto.
Por el contrario, la noción del Estado en Israel se acerca más a la de los reinos arameos de Siria y de Transjordania. Como éstos, Israel y luego Israel y Judá son reinos nacionales, llevan como ellos nombres de pueblos y, como ellos, no admitieron de golpe el principio dinástico. Se podría, sin duda, llevar más adelante el paralelo si conociésemos mejor la historia primitiva y la organización de estos reinos. En todo caso merece notarse que estos Estados nacionales se fundaron aproximadamente por la misma época que Israel, por agrupaciones que tenían con él afinidad racial y que, como él, se hacían sedentarias después de haber llevado una existencia seminómada. Estos Estados aparecen como la continuación de la solidaridad tribal, fijada en el marco de un territorio.
2. Las doce tribus de Israel
En el primer estadio de su establecimiento en Canaán, Israel es una confederación de doce tribus. Este sistema tiene analogías, precisamente en pueblos parientes que pasaron por el mismo estado social. Según Gén22:20-24, Nahor tiene doce hijos, epónimos de las tribus arameas. Asimismo, los hijos de Ismael son «doce jefes de otras tantas tribus», Gén 25:12-16. Había igualmente doce tribus en la descendencia de Esaú establecida en Transjordania, Gén36:10-14 (a lo que el v. 12a añade Amaleq).
En Siquem, las doce tribus israelitas concertaron un pacto que selló su unidad religiosa y estableció entre ellos cierta unidad nacional, Jos24. Se ha comparado esta organización con la de las anfictionías que reunían a ciudades griegas alrededor de un santuario, donde participaban de un culto común y donde sus representantes se reunían en consejo. Esta comparación es instructiva con tal que no se la lleve hasta el extremo y que no se quieran descubrir en la confederación israelita todos los rasgos de las anfictionías griegas. Las doce tribus tienen conciencia de los lazos que las unen, comparten el mismo nombre, son «todo Israel». Reconocen a un mismo Dios, Yahveh, Jos 24:18.Jos24; 21.Jos24:24, y celebran sus fiestas en el mismo santuario, el del arca, que simboliza la presencia de Yahveh en medio de ellas. Tienen un estatuto y un derecho común, Jos24:25, y se reúnen para condenar las transgresiones contra este derecho consuetudinario o escrito, Jos24:26, las «infamias», las cosas «que no se hacen en Israel», Jue19:30; Jue20:6-10; cf. 2Sam 13:12.
La represión del crimen de Guibeá, Jue19-Jue20, presenta a las tribus actuando en común para castigar una falta particularmente odiosa.
Fuera de este caso extremo, es posible que para resolver sus diferencias y fijar puntos de derecho, se recurriese a un juez cuya autoridad era reconocida por todos: la lista de los jueces «menores», Jue10:1-5; Jue12:8-15, daría testimonio de esta institución.¹
Ésta es una hipótesis probable. La de un consejo de los representantes de las tribus es menos segura. En todo caso, los relatos del libro de los Jueces muestran a la confederación de las tribus sin órgano de gobierno y sin verdadera eficacia política. Los miembros forman un mismo pueblo, participan en un mismo culto, pero no tienen un jefe común y la tradición antigua no conoce en esta época ninguna personalidad comparable con Moisés o con Josué. Desde luego, el redactor del libro de los Jueces distribuye el período entre jefes, que habrían regido sucesivamente a todo Israel después de haberlo liberado de una opresión extranjera. Hace ya tiempo que se reconoce que esta presentación es artificial. Estos a quienes llamamos los «jueces mayores», son los «salvadores», cf. Jue 3:9.Jue3:15, de un clan o de una tribu en una situación crítica. Sólo excepcionalmente se extiende su acción a un grupo de tribus, como en el caso de Gedeón y, sobre todo, de Débora y de Baraq. Nada se dice de una actividad de gobierno que hubieran ejercido, fuera de sus proezas militares, y el mismo Gedeón rehúsa explícitamente una autoridad permanente, Jue 8:22-23. La realeza de Abimélek, Jue9, fue un episodio sin consecuencias, que sólo afectó a la ciudad cananea de Siquem y a algunos clanes israelitas.
Con todo lo diferentes que son entre sí estos «jueces», tienen todos un rasgo común: fueron elegidos por Dios para una misión salvadora, Jue3:9.Jue3:15; Jue4:7; Jue6:14; Jue13:5, el espíritu de Yahveh está sobre ellos, Jue3:10, Jue10:6;Jue10:34;Jue11:29;Jue13:25;Jue14:6;Jos14:9.La única autoridad que se manifiesta entonces en Israel, tiene, pues, carácter carismàtico. Es un aspecto que conviene señalar y que volveremos a descubrir en lo sucesivo
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