3. La institución de la monarquía
3. La institución de la monarquía
Hacía ya tiempo que los reinos parientes de Ammón, Moab y Edom estaban constituidos en monarquía, cuando la federación israelita seguía todavía amorfa. De repente se constituye en Estado y Saúl viene a ser el primer rey de Israel. Los libros de Samuel han conservado sobre la institución de la monarquía dos relatos paralelos, uno de los cuales le es favorable, 1Sam9:1-10:16; 1Sa11:1-11.1Sa11:15, que continúa en 1Sm13-1Sm 14 (salvo las adiciones), y el otro qüe le es contrario, 1Sam 8:1-22; 1Sa10:18-25, que continua en 1Sm12 y 1Sm15. Según la primera tradición, la iniciativa viene de Dios, que escoge a Saúl como liberador de su pueblo, 1Sam 9:16; según la segunda, el mismo pueblo pide un rey para ser «como las otras naciones», 1Sam8:5.1Sm 8:20; cf. Dt 17:14.
La evolución fue precipitada por el peligro filisteo que amenazaba a todo Israel y exigía una acción común. Así se justifica la primera tradición. En ella aparece Saúl como continuador de la obra de los jueces; como ellos, es un salvador designado por Dios, 1Sam 9:16; 1Sa10:1; recibe el espíritu de Yahveh, 1Sam10:6-10; 1Sa11:6, y como ellos, libera efectivamente a su pueblo, 1Sam 11:1-11; 1Sam 13-14. Pero por primera vez, a esta elección de Dios responde el reconocimiento por todo el pueblo: inmediatamente después de la victoria contra los ammonitas, Saúl fue aclamado rey, 1Sam11:15. El «jefe carismàtico», el nagid-, 1Sam9:16;1Sa10:1, se convierte en melek, «rey», 1Sam 11:15.
Esto fue una gran novedad: la confederación israelita se convierte en un Estado nacional, en la misma línea con los reinos parientes de Transjordania. Aquí es donde desempeñó su papel la imitación de las otras naciones, de que habla la segunda tradición. En efecto, este Estado necesitaba instituciones. El «derecho del rey» que proclama Samuel, 1Sam 8:11-17, y que se redacta por escrito, 1Sam10:25, trata de poner en guardia contra esta imitación extranjera. Como tampoco en Edom, Gén 36:31-39, el principio dinástico no se admitió inmediatamente en Israel: nada se había determinado para la sucesión de Saúl y sólo la autoridad de Abner hizo de lsbaal un rey fantoche, 2Sam 2:8-9, mientras que los de Judá consagraban a David, 2Sam 2:4. Como en los Estados nacionales, Saúl convoca al pueblo de Israel para la guerra, 1Sam 11:7; 1Sa15:4; 1Sa17:2; 1Sa28:4, pero a los comandos filisteos opone tropas del mismo género, menos numerosas y más aguerridas que el ejército popular, 1Sam13:2.1Sm 13:15;1Sa14:2, que recluta especialmente, 1Sam14:52, con un cuerpo de oficiales, 1Sam18:5.1Sa18:13, a los que dota con feudos, 1Sam 22:7. Es el comienzo de un ejército profesional, en el que pueden alistarse mercenarios extranjeros, como el edomita Doeg, 1Sam 21:8; 1Sa22:18. Isbaal heredan la guardia de su padre, 2Sam 2:12, y sus dos jefes de bandas, Baana y Rekab, que eran gabaonitas, 2Sam 4:2.
Con Saúl se mantiene embrionaria la institución monárquica, nacida de la confederación de las tribus. Fuera de su función militar, no se sabe qué otra autoridad ejerciera Saúl. Si se exceptúa al jefe de su ejército, Abner, 1Sam 14:50, no nos consta que tuviese otros ministros. No había gobierno central y las tribus, o más bien los clanes, conservaban su autonomía administrativa. El reinado de David marcará una nueva y decisiva etapa.
4. La monarquía dualista
Una tradición presenta la monarquía de David como continuación de la de Saúl, con el mismo aspecto carismàtico. Dios, que había desechado a Saúl, escogió a David como rey de su pueblo, 1Sam 16:1; David fue ungido por Samuel, 1Sam 16:12-13, como lo había sido Saúl, y el espíritu de Yahveh se posesionó de David, 1Sam 16:13, como se posesionó de Saúl. Pero esta tradición, que afirma el sentido religioso profundo que conservó siempre el poder en Israel, no tiene contacto con la historia inmediata. La realeza de David es muy distinta de la de Saúl, tanto por sus orígenes como por su desarrollo. David es un jefe de mercenarios, primero al servicio de Saúl, 1Sam18:5, y luego por su propia cuenta, 1Sam 22:2, finalmente al servicio de los filisteos, que lo constituyen príncipe de Siqlag, 1Sam 27:6. Después de la muerte de Saúl, es consagrado rey no por un profeta, sino por los hombres de Judá, 2Sam 2:4.
Desde sus orígenes, Judá había tenido una historia aparte. Con Simeón, los calebitas y los quenitas, había conquistado su territorio independientemente de la casa de José, Jue 1:3-19. En la época de los jueces, los enclaves cananeos de Jerusalén, de las ciudades gabaonitas, de Guézer y de Ayyalón, Jue1:21.Jue1:29.Jue1:35, formaban una barrera entre Judá y las tribus del norte. Todo esto no fue obstáculo para las relaciones religiosas y personales, Jue 17:7-8; Jue17:19, 1s, pero mantuvo a Judá al margen de la vida común de las tribus: ni siquiera se le nombra en el cántico de Débora, Jue5, que elogia a las tribus que han tomado parte en el combate y censura a las que habían estado ausentes. El papel que Jue20:18 atribuye a Judá a la cabeza de la coalición contra Benjamín, es una añadidura que imita a Jue1:1-2. Una aproximación se llevó a cabo bajo el reinado de Saúl, que residía muy cerca, de Benjamín, y ejercía cierta autoridad en Judá, cf. en particular 1Sam23:12.1Sa23:19s; Jue1. Sin embargo, Judá conservaba su individualidad y la división volvió a surgir inmediatamente después de la muerte de Saúl, 2Sam 2:7-9. Si a esto se añade que, según todas las apariencias, David siguió siendo vasallo de los filisteos a los comienzos de su reinado en Hebrón y que se apoyó en su guardia mercenaria, incluso para la toma de Jerusalén, 2Sam5:6s, y no en las tropas reclutadas en masa, como lo había hecho Saúl en un principio, 1Sam11:7, podemos hacernos cargo de todo lo que separa esta primera realeza de David de la de Saúl.
Ni tampoco se le asemejó más en lo sucesivo. Cuando después del asesinato de Isbaal y ante la persistencia del peligro filisteo, los hombres de Israel reconocen a David por rey, no se adhieren al reino ya constituido de Judá, como tampoco Judá es absorbido por Israel, que era más numeroso. Así como los hombres de Judá habían ungido a David rey de la casa de Judá, 2Sam2:4, los ancianos de Israel le confieren la unción como rey de Israel, 2Sam 5:3. Se puntualiza que David reinó siete años y seis meses en Judá y treinta y tres años «sobre todo Israel y sobre Judá», 2Sam 5:4-5. Cuando David designe a Salomón como su sucesor, lo instituirá jefe «sobre Israel y sobre Judá», 1Re1:35. Si bien el reino de David y de Salomón tiene cierta unidad, en cuanto que en todas partes se reconoce la autoridad de un mismo soberano, sin embargo, comprende dos elementos distintos. La lista de las prefecturas de Salomón, 1Re 4:7-19a, deja de lado el territorio de Judá que tenía administración aparte, es «el país» 1Re 4:19b.³ La misma distinción existe desde el punto de vista militar. Cuando David ordena hacer el censo de la población para el reclutamiento en masa, se establecen dos padrones, uno para Israel y el otro para Judá, 2Sam 24:1-9; en el sitio de Rabbá acampan Israel y Judá, 2Sam 11:11. Era, pues, un régimen de unión personal, un reino unido como lo es Gran Bretaña, una monarquía dualista como lo fue Austria-Hungría o, para buscar un comparación más próxima en el espacio y en el tiempo, un Estado doble como el reino de Hamat y de La'as, en Siria, que conocemos por una inscripción del siglo VIII antes de nuestra era.
Por otra parte, el Estado de David y de Salomón no tiene aun carácter puramente nacional. Sin duda algunos autores han exagerado el influjo que ejercían sobre la política los enclaves reducidos a la obediencia, en el interior de las fronteras, por David y Salomon. Sin embargo, las guerras exteriores de David sometieron y anexionaron al reino a poblaciones no israelitas, filisteos, edomitas, ammonitas, moabitas, arameos, 2Sam 8:1-14; en las que se dejaba reyes vasallos, 2Sam8:2; 2Sa10:19; 1Re2:39, o se les imponía gobernadores, 2Sam8:6, 2Sa8:14. A la noción de un Estado nacional sucede un imperio que quiere ocupar el puesto dejado vacante en estas regiones por la decadencia del imperio egipcio. El éxito fu efímero y las conquistas fueron en parte perdidas por el sucesorde David, 1Re 9:10s; 1Re 11:14-25, pero la idea de imperio subsistió,por lo menos como ideal, bajo Salomón, 1Re 5:1; 1Re9:19, y se expresó efectivamente con las grandes empresas comerciales y la irradiación exterior de la cultura, 1Re 9:26-10, 1Re9:29. Esta evolución llevó consigo un desarrollo administrativo que fue iniciado por David, 2Sam 20:23-26, y completado por Salomón, 1Re 4:1-6.1Re4:10-19, siguiendo, a lo que parece, modelos egipcios
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.