2. Los sadoquitas
2. Los sadoquitas
En 1Cr 6:8-15 se da una lista de los sucesores de Sadoq a la cabeza del clero de Jerusalén. Comprende once nombres, entre Ahimaás, hijo de Sadoq, y Yeyosadaq. Éste es el padre de Josué, primer sumo sacerdote de la restauración, Ag1:1. Resultan, pues, doce generaciones de sacerdotes entre la construcción del templo bajo Salomón y su reconstrucción al regreso de la cautividad, así como la lista de los antepasados de Sadoq presentada antes, 1Cr 6:3-7, contaba también doce generaciones entre la erección de la tienda del desierto y la construcción del templo, es decir, 12 generaciones de 40 años, lo que equivale a los 480 años de 1Re 6:1. De esta manera la fundación del templo de Salomón se halla en la mitad de la historia del santuario de Israel. Se trata de una simetría compuesta y no faltan otros indicios que confirman el carácter artificial de la lista: Ahimaás es hijo de Sadoq, 2Sam 15:36, pero el sacerdote del templo de Salomón es Azaryahu, que es otro hijo de Sadoq y no hijo de Ahimaás, como dice 1Cr 6:8. La lista es incompleta y aunque contiene nombres que son conocidos por otros conductos, Azaryahu, 1Re4:2; Hilquiyyahu, 2Re22:4; Seraya, 2Re 25:18:Yehosadaq, Ag1:1; sin embargo, omite a Yehoyada, sacerdote bajo Joás, 2Re12:8, a Urías, sacerdote bajo Acaz, 2Re16:10, y por lo menos a dos sacerdotes mencionados en las partes narrativas de los mismos Paralipómenos, un Azaryahu bajo Ozías, 2Cr 26:20, un Azarias bajo Ezequías, 2Cr 31:10. Algo inquietante es también que la serie Amarías-Ahitub-Sadoq se repita idéntica entre los ascendientes inmediatos de Sadoq, v.1Cr 6:6-7 , y entre sus descendientes, v. 1Cr 6:11-12. Esta lista expresa un hecho real, la continuidad del linaje sadoquita, pero no puede servir para hacer su historia detallada.
Acerca de esta historia poco nos dicen los libros de los Reyes, fuera de las relaciones entre los sacerdotes y el rey, que serán examinadas más adelante. Parece ser que los sadoquitas fueron un clero rutinario, poco propenso a innovaciones que cambiasen sus procederes habituales. En todo caso, las reformas religiosas fueron debidas a iniciativas de reyes, no de sacerdotes: las de Asá, 1Re 15:12-13, cf. 2Cr 14:2-4; 2Cr 15:1-15, de Ezequías, 2Re18:3-4, de Josías, 2Re 23. Hay una excepción: la revolución contra Atalía, dirigida por el sacerdote Yehoyada, se completa con la destrucción del templo de Baal, 2Re11:18, pero en un principio fue una reacción contra la reina extranjera y su séquito. Este mismo Yehoyada es censurado por haber atendido poco al cuidado del templo, mientras se pone en contraste la honradez de los artesanos seglares y la indelicadeza de los sacerdotes, 2Re 12:8.2Re12:16. No obstante los conflictos que esta y otras circunstancias opusieron a los sacerdotes y a los reyes, la posición de los sadoquitas no dejó de reforzarse y triunfó cuando la reforma de Josías, circunstancia en que el clero del templo impidió la aplicación de la ley del Deuteronomio a los sacerdotes de provincias que llegaban a Jerusalén, 2Re 23:9.
Pero sobre todo contra los descendientes de Ebyatar, establecidos en los alrededores de Jerusalén, tuvieron los sadoquitas que defender su monopolio. Tenemos un eco de esta lucha, procedente del campo sadoquita, en la añadidura a la historia de Elí, 1Sam 2:27-36, en que se hace decir a Yahveh: «Mantendré a alguno de los tuyos cerca de mi altar, para que sus ojos se consuman y su alma se marchite... Yo me procuraré un sacerdote fiel [Sadoq]..y le garantizaré una casa que dure... Todo el que subsista de tu familia vendrá a postrarse delante de él para obtener una monedita de plata y un pedazo de pan.» A esta alegría maligna de los sadoquitas por la humillación de sus concurrentes responde una voz del partido de Ebyatar, la del profeta Jeremías, miembro de una familia sacerdotal de Anatot donde en otro tiempo había sido relegado Ebyatar: excita la indignación de los sacerdotes presentes cuando predica, en el templo mismo, contra el templo y su culto, Jer7 y Jer26. Cuando anuncia que este templo correrá la misma suerte que Siló, Jer 7:14; Jer26:6, es difícil no ver en sus palabras una respuesta a las insolencias de los sadoquitas que echaban en cara a sus desgraciados adversarios la venganza de la maldición pronunciada en otros tiempos en Siló contra la casa de Elí.
Desde luego, a resistencia al movimiento de reforma no se limitó a estas polémicas y es verosímil que los sadoquitas quisiesen oponer al Deuteronomio un código rival. El fondo antiguo de la ley de santidad, Lev17- Lev27, parece provenir del sacerdocio de Jerusalén de fines de la monarquía. En el capítulo siguiente veremos cómo después de la cautividad se produjo un compromiso entre estos partidos y sus tendencias.
3. Los sacerdotes y los reyes
El templo de Jerusalén era un santuario de Estado y los sacerdotes del templo eran funcionarios del rey. Sus jefes figuran en la lista de los altos funcionarios, 1Re4:2; son nombrados y destituidos por el rey, 1Re 2:27.1Re2:35. Reciben de él órdenes relativas al cuidado del santuario y a sus instalaciones cultuales: el mismo Yehoyada que hizo escalar el trono a Joás debe someterse a las dos disposiciones dictadas por este rey, la segunda de las cuales retira un privilegio a los sacerdotes y los pone bajo la intervención de un funcionario seglar, 2Re12:5-17, y los sucesores de Yehoyada no pudieron librarse de esta sujeción, 2Re 22:3-7. Acaz ordena a Urías construir un nuevo altar y el sacerdote obedece sin replicar, 2Re 16:10-16.
Este último texto nos muestra que el poder del rey no se extendía sólo a la administración del templo: Acaz sube al altar que ha hecho construir y ofrece en él su sacrificio. A propósito de las instituciones reales ⁵ se ha discutido esta actividad cultual y se ha sacado como conclusión que dimanaba del carácter sacral del rey. No era sacerdote en sentido propio, no era tampoco, por más que se haya dicho, jefe del sacerdocio, pero era su patrono.
Hubo, sin embargo, conflictos. La revolución que derribó a Atalía fue dirigida por el sacerdote Yehoyada, 2Re11. Según 2Cr 24:17-26, el rey Joás cayó en la impiedad después de la muerte de Yehoyada, y el hijo de éste, Zacarías, fue lapidado por orden del mismo; el asesinato del rey, que 2Re21- 2Re22 señala sin comentarios, es presentado por el cronista como venganza del partido sacerdotal. Esta historia no es una invención del cronista, sino que éste la debió de tomar del rrúdrás del libro de los Reyes al que se refiere, 2Cr24:27. Se ha supuesto también que el complot contra Amasias, que fue tramado en Jerusalén, 2Re14:19=2Cr 25:27, tuvo por instigadores a los sacerdotes. Esto no se dice explícitamente pero se puede notar que las sublevaciones contra Joás y Amasias siguieron a un saqueo del tesoro del templo, consecuencia de la mala política del rey, 2Re 12:19; 2Re14:14. Se comprende que esto irritase a los sacerdotes, pero esta irritación se añadía sencillamente al descontento general del pueblo. De todos modos es verosímil que los sacerdotes tratasen de limitar las ingerencias del rey en el templo y en los asuntos del culto, oposición que se expresa en el relato tardío de 2Cr 26:16-20, donde los sacerdotes obligan a Ozías a retirarse del altar de los perfumes en el que se preparaba a efectuar la incensación. A pesar de estos choques, de que nos hablan sobre todo los escritos posteriores a la cautividad y aunque no siempre reinase la «paz perfecta» que anuncian para los tiempos mesiánicos Zac6:13, cf. Zac4:14 y el pasaje reciente de Jer 33:17-26, por lo menos se mantuvo la alianza entre los descendientes de David y los de Sadoq; como lo dice un texto de inspiración sadoquita, un «sacerdote fiel» marchó siempre en presencia del ungido de Yahveh, 1Sam 2:35.
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