2. La sepultura
2. La sepultura
No sabemos cuánto tiempo pasaba desde ía muerte hasta la inhumación. El duelo de setenta días anterior a la traslación del cuerpo de Jacob es excepcional: los egipcios hicieron al patriarca funerales regios. La prescripción de Dt 21:22-23 concierne únicamente a los cuerpos de los supliciados, que debían ser retirados antes de la noche. Es probable que el intervalo fuese muy corto, como todavía actualmente en Oriente, y que se diese sepultura al difunto el mismo día.
La incineración de los cuerpos no está documentada en Palestina sino en época muy anterior a la llegada de los israelitas o en agrupaciones extranjeras; los israelitas no la practicaban nunca. AI contrario, quemar los cuerpos era un ultraje que se infligía a los grandes culpables, Gén 38:24; Lev20:14;Lv21:9, o a los enemigos a quienes se quería aniquilar definitivamente, Am 2:1. Queda todavía un caso difícil: los habitantes de Yabes de Galaad queman los cuerpos de Saúl y de sus hijos antes de enterrar sus osamentas, 1Sam31:12: esto se presenta como una infracción del uso corriente y el hecho fue omitido en el lugar paralelo de 1Cr 10:12. Y parece ser distinto de Jer 34:5;2Cr 16:14;2Cr 21:19, que hablan de un fuego que se encendía con ocasión de la muerte de los reyes que abandonaban el mundo en paz con Dios; no se trata ciertamente de incineración: se quemaba incienso y perfume cerca del cuerpo.
El tipo normal de la tumba israelita es la cámara funeraria excavada en roca blanda o utilizando una cueva natural. La entrada se efectúa por paso estrecho abierto a uno de los lados; a lo largo de los otros tres lados hay banquetas sobre las que se depositaban los cadáveres. A veces hay una cavidad donde se retiraban los huesos descarnados para dejar lugar para nuevas inhumaciones. Se trata, efectivamente, de tumbas colectivas, utilizadas por una familia o por un clan durante un tiempo relativamente largo. La posición del cuerpo en la tumba no parece haber estado determinado por reglas fijas. Al lado del difunto se depositaban algunos objetos personales juntamente con vajilla. Estas ofrendas funerarias, destinadas a las necesidades del difunto, son menos numerosas y menos ricas que en las tumbas del período cananeo, y al final del período israelita se reducen a algunos vasos o algunas lámparas. Las ideas sobre la condición de los difuntos habían evolucionado y las ofrendas sólo tenían ya valor simbólico.
En la época helenística aparece un nuevo tipo, en el que las banquetas están sustituidas por nichos estrechos cavados perpendicularmente a la pared y en los que los cadáveres estaban como enhornados. Durante un período que cubre por lo menos el primer siglo antes y el primer siglo después de nuestra era, las osamentas se colocaban al fin en cofrecillos de caliza blanda; estos osarios se han encontrado en gran cantidad en los alrededores de Jerusalén. En Palestina, las otras formas de sepultura, cubos cavados en la roca, sarcófagos de piedra, féretros de madera o de plomo, son posteriores a la época del Antiguo Testamento:
No todas las familias podían permitirse el lujo de poseer y cuidar semejantes tumbas. Los pobres eran sencillamente enterrados, y en Jerusalén, en el valle del Cedrón, había una «tumba de los hijos del pueblo», una fosa común, donde se arrojaba a los apátridas y a los condenados, Jer 26:23; cf. 2Re 23:6. Por el contrario, los ricos se preparaban con tiempo una sepultura digna de su rango, Is22:16; cf. Job3:14; así, en Siloé, se pueden distinguir los vestigios de tumbas cuidadosamente dispuestas, que pertenecieron a grandes personalidades de Jerusalén. La necrópolis de los reyes de Judá, donde fueron enterrados David y sus sucesores hasta Acaz, se hallaba en el interior de las murallas, en la antigua ciudad de David, 1Re 2:10;1Re11:43;1Re14:31, hasta 2Re16:20, pero cf.2Cr28:27. Las excavaciones han sacado a la luz dos galerías en la roca, que son quizá los restos de estas tumbas, diversas veces violadas y luego mutiladas por trabajos de cantera.
El emplazamiento de la tumba podía estar marcado por una estela; así Jacob erige una estela en la tumba de Raquel, Gén35:20. Absalón, que no tenía un hijo que pudiera «conmemorar su nombre», se había preparado una estela cerca de Jerusalén, 2Sam 18:18.
El carácter funerario de ciertas estelas nos lleva a examinar si los «lugares altos», las bamôt, donde se erigían estelas, no eran, entre otras cosas, lugar de culto a los muertos. La hipótesis se puede apoyar en algunos textos bíblicos que se nos han transmitido defectuosamente y que han sido mal comprendidos, Is 53:9 se debe leer, según el manuscrito de Isaías de Qumrán: «Se le ha asignado su sepultura en medio de los impíos y su bâmah (aquí: su emplazamiento funerario) con los ricos (o los malvados).» Job 27:15, con un simple cambio de vocalización, puede significar: «Sus sobrevivientes serán sepultados en bámót y sus viudas no los llorarán.» Ez43:7 no necesita corrección, dice: «No mancillarán ya mi santo nombre con sus prostituciones y con las estelas funerarias (peger) de sus reyes en sus bámót.» Pero la construcción de un monumento sobre la tumba en conexión con ella es una práctica tardía. La primera mención literaria es la del sepulcro de los Macabeos en Modín, 1Mac13:27.30.* En Jerusalén, las tumbas monumentales del valle del Cedrón, designadas arbitrariamente como tumbas de Absalón, de Josafat, de Santiago y de Zacarías, son de fines de la época helenística o de principios de la romana, según los pareceres divididos de los especialistas.
Si se exceptúan los reyes de Judá, no existen pruebas de que se enterrase a los muertos en el interior de las ciudades. Las tumbas estaban desparramadas por las pendientes vecinas o se reunían en lugares más favorables por la naturaleza del suelo. La tumba era propiedad de la familia, sea que se excavase en el terreno familiar. Jos 24:30.Jos24:32;1Sam25:1;1Re 2:34, o que se comprase para la sepultura una parcela de terreno, Gén 23. Así se constituían tumbas de familia: la cueva de Makpelá, comprada por Abraham para enterrar a Sara, Gén23, sirve luego también para sepultura de Abraham, Gén25:9-10, de Isaac y de Rebeca, de Jacob y de Lía, Gén 49:29-32; Gn50:13. Era normal que fuese uno sepultado «en la tumba de su padre», Jue8:32;Jue16:31;2Sam 2:32; 2Sa17:23. Es un deseo que se abriga, 2Sam19:38, y David tributa este último homenaje a los restos de Saúl y de sus descendientes, 2Sam21:12-14. Quedar uno excluido de la tumba de la familia era castigo de Dios, 1Re13:21-22. Las expresiones «acostarse con sus padres» y «reunirse con los suyos» empleadas al hablar de la muerte de algunos grandes antepasados y de los reyes de Judá y de Israel, se explican quizá primitivamente por la práctica de la tumba de familia, pero luego adoptaron un sentido mucho más amplio; son una fórmula solemne para significar la muerte y subrayan la permanencia de los vínculos de sangre aun más allá de la tumba.
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