37º Hizo pedazos el ídolo porque no curó a su hija.
Recibí una vez, escribe C. Vallés, una carta desgarradora de un amigo. La carta era un gemido por la muerte de su única hija. Pequeña y encantadora hija a quien él adoraba y que había cambiado su vida con su llegada. La carta contaba su dolor inconsolable y pasaba después a la reacción que en él había provocado. Se fue, decía, al pequeño altar que tenía en su casa y ante al que ofrecía incienso y oraciones cada mañana al comenzar el día. Tomó la imagen del dios que presidía a las demás divinidades en el altar doméstico y que había sido testigo y objeto, aquellos últimos días, de sus peticiones fervientes por la salud de su hija. La levantó violentamente en el aire, la estrelló contra el suelo y la hizo añicos. Había acabado con dios, decía, como dios había acabado con su hija.
Respeté su dolor y sus lágrimas. Le contesté de amigo a amigo de corazón a corazón. Y, como parte de la sinceridad, quise exponer mi convicción sin discutir la suya y añadí suavemente una frase que abría el futuro sin eludir el presente: "Pienso que la imagen que has roto no era la imagen de dios, sino la imagen que tú te había formado de dios. Quizás que se ha roto porque había de romperse para hacer sitio algún día a otra imagen más digna de él" Yo pensaba en el verdadero Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo Aquí el consejo había llegado tarde y el daño ya estaba hecho: una imagen y un corazón rotos.
El patriarca Máximo IV en el concilio Vaticano II dijo, en la asamblea de todos los obispos cuando se discutía sobre el ateísmo: "Yo tampoco creo en el dios en que los ateos no creen". El mejor servicio que podemos prestar al hombre de hoy es ampliar su concepto de Dios. Toda crisis de fe es crisis del concepto de Dios. ¡Cuántos cristianos caen en la tentación de aquel hindú que rompió la imagen de su dios! Se imaginan a un dios hecho a su manera y se quejan después cuando su dios no responde a lo que ellos quieren. ¿Por qué no se imaginan a Dios mirando a Jesús? "Quién me ve a mí ve al Padre" dijo Jesús. El hijo de Dios se hizo hombre para que podamos, mirando a él, pensar en el verdadero Dios que no es fruto de nuestra imaginación sino el Dios real que se manifestó en su Hijo Jesucristo.
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