Norma técnica
León Olivé (México), Universidad Nacional Autónoma de México
Ciencia y tecnología
Distinción del concepto de norma técnica. En muchas ocasiones se utilizan indistintamente los términos de norma, principio, regla, instrucciones, en especial cuando se habla en contextos técnicos. Sin embargo, esto puede dar lugar a confusiones y conviene distinguirlos. Para el fin de comprender las normas técnicas, estos conceptos pueden entenderse de la siguiente manera. Principio es un supuesto básico en relación con una teoría o bajo los cuales se realizan ciertas acciones, que por lo general está fuertemente atrincherado y, por tanto, es de lo más difícil de remover o modificar, y ejemplos son los principios de la lógica clásica (e. g. no contradicción) y el principio de causalidad supuesto por la mecánica newtoniana (todo suceso en el universo tiene una causa). Norma es un precepto que establece qué es correcto y qué no lo es en determinado contexto, como en contextos científicos donde se supone que prevalecen normas del tipo “no plagiarás”, “no forjarás artificialmente los datos”. Las normas técnicas tienen sentido y vigencia en el contexto de sistemas técnicos específicos, y convendrá distinguirlas de las reglas y de las instrucciones. A menudo la violación de una norma se sanciona con un castigo por parte de personas a quienes se les reconoce la autoridad para hacerlo, pero la violación de algunas normas puede conducir al fracaso en la realización de los fines que se buscan. Esto es particularmente el caso de las normas técnicas. Regla de procedimiento es un enunciado condicional que indica los procedimientos adecuados para obtener un fin determinado (si quieres A haz B). Regla constitutiva es un precepto que establece las acciones permisibles y no permisibles en una determinada práctica (como las reglas de los juegos o de la gramática), y que es necesario para la identidad de la práctica en cuestión. Su violación puede dar lugar a un extrañamiento dentro de una práctica (“¿qué haces?, no lo entiendo”), o de plano a un desconocimiento por parte de los demás miembros de la práctica del agente que viola la norma, lo cual podría culminar con la expulsión del violador. Las reglas constitutivas permiten identificar los problemas legítimos dentro de un campo. Por ejemplo, para cierto tipo de epistemología, los problemas de la génesis del conocimiento no están dentro de su ámbito (o juego), sino sólo los problemas de justificación. Instrucciones
son enunciados que indican los procedimientos y las acciones que se requieren en determinado contexto para lograr un fin específico (e. g. para operar un aparato, para llegar a cierto lugar, para mostrar obediencia o sometimiento, etc.).
Sistemas técnicos y sistema tecnológico. Las normas por lo general están asociadas a valores, aunque debe distinguirse entre unas y otros. Adelante regresaremos sobre el concepto de valor. Por ahora veamos la noción de sistema técnico, pues las normas y los valores técnicos adquieren pleno sentido en relación con los sistemas técnicos. Un sistema técnico consta de agentes intencionales (al menos una persona que tiene alguna intención), de al menos un fin que los agentes pretenden lograr (cortar una fruta o intimidar a otra persona), de objetos que los agentes usan con propósitos determinados (la piedra que se utiliza instrumentalmente para lograr el fin de pulir otra piedra y fabricar un cuchillo), y de al menos un objeto concreto que es transformado (la piedra que es pulida). El resultado de la operación del sistema técnico, el objeto que ha sido transformado intencionalmente por alguna persona, es un artefacto (el cuchillo). Al plantearse sus fines los agentes intencionales lo hacen contra un trasfondo de representaciones (creencias, teorías) y de valores. Alguien puede querer pulir una piedra porque cree que le servirá para cortar ciertos frutos. La piedra pulida es algo que el agente intencional considera valiosa. Los sistemas técnicos, entonces, también involucran creencias y valores. Por sistema tecnológico puede entenderse a los sistemas técnicos que involucran conocimientos de base científica y que se usan para describir, explicar, diseñar y aplicar soluciones técnicas a problemas prácticos de forma sistemática y racional. Los sistemas tecnológicos son entonces una subclase de los sistemas técnicos. Los sistemas técnicos son indispensables en toda sociedad humana. Los sistemas tecnológicos son propios de las sociedades industriales.
Sistemas tecnocientíficos. En el siglo XX también surgió otro tipo de sistema técnico, más complejo que el tecnológico, que parece ahora ser característico de la llamada sociedad del conocimiento: los sistemas científico-tecnológicos o tecnocientíficos. En los sistemas tecnocientíficos no solo están indisolublemente imbricadas la ciencia y la tecnología, sino que tienen formas de organización, de colaboración entre especialistas, estructuras de recompensas y mecanismos de financiamiento y de evaluación, controles de calidad, normas y valores diferentes de los de la ciencia y la tecnología tradicionales. Estos sistemas requieren el concurso de diferentes grupos de científicos y de tecnólogos, así como de agentes capaces de realizar grandes inversiones económicas –como los Estados poderosos o las
grandes empresas–, por lo general están ligados a intereses económicos y políticos e incluso muchas veces a militares, y además son tan complejos que requieren gestores especializados. Algunos ejemplos paradigmáticos de esos sistemas son: la investigación nuclear, la espacial, la informática y el desarrollo de las redes telemáticas. Suele mencionarse al Proyecto Manhattan, la construcción de la bomba atómica, como uno de los primeros grandes proyectos tecnocientíficos del siglo XX. Entre los ejemplos de tecnociencia que hoy día más acaparan la atención pública y atraen a los mayores intereses económicos y militares se encuentran la investigación genómica y la proteómica, la ingeniería genética, la biotecnología en general y la nanotecnología. Javier Echeverría, apoyándose en la concepción de sistema técnico de Quintanilla, ha propuesto la siguiente caracterización de los sistemas tecnocientíficos: se trata de sistemas de acciones intencionales que se guían por creencias, normas, valores y reglas, que están vinculados a sistemas de información, que cuentan con una base científica y tecnológica, y están ligados a sistemas e instituciones de investigación, pero también a otras organizaciones políticas, económicas, empresariales y muchas veces militares. Dichas acciones son llevadas a cabo por agentes, con ayuda de instrumentos y están intencionalmente orientadas a la transformación de otros sistemas con el fin de conseguir resultados que los agentes consideran valiosos, y que al aplicarse producen resultados que afectan positiva o negativamente a la sociedad y al ambiente (Echeverría, 2003).
Valor y norma técnica. Sobre la noción de valor hay una larga discusión en la historia de la filosofía. Básicamente la diferencia se da entre quienes consideran que los valores son atributos objetivos de lo que es valioso, y quienes consideran que los valores no constituyen propiedades objetivas de las cosas, sino que son subjetivos por completo y dependen siempre de quien hace la evaluación. Entre estas dos posiciones hay una tercera, que considera que los valores consisten más bien en una relación entre aquello que es considerado valioso y el agente que hace esa evaluación. Para esta tercera posición los valores no existen por sí mismos, independientemente de las acciones de evaluación por parte de los agentes. Los valores existen solo cuando los agentes de una práctica social (religiosa, científica, tecnológica, médica) valoran algo en circunstancias específicas. Los valores tienen significado solo cuando los agentes (individuales o colectivos) realizan la acción de evaluar. De otro modo solo hay términos valorativos vacíos (belleza, elegancia, justicia, simplicidad, precisión, etc.). Pero en cambio, en situaciones específicas decimos que tal acción de una persona fue injusta
con otra, o que determinada demostración matemática es simple y elegante, que tal medición es sumamente imprecisa, o que cierto sistema tecnológico es muy eficiente, etc. Una norma técnica establece lo que es correcto hacer en el contexto de la operación de un sistema técnico o de uno tecnológico. Las normas técnicas pueden operar internamente a un sistema técnico, o pueden operar externamente al sistema en relación con las consecuencias de la operación del mismo y con lo que sería correcto hacer con respecto a ellas. Seguir o violar una norma técnica implica responsabilidades que pueden atribuirse a los agentes en relación con el funcionamiento del sistema técnico, pero también con respecto a sus consecuencias, por ejemplo, para la salud de las personas, para la sociedad o para el ambiente. Internamente a un sistema, una norma técnica establece lo que sería correcto para que este funcione de acuerdo con ciertos valores. Los valores técnicos internos suelen incluir la eficiencia, la factibilidad, la eficacia y la fiabilidad. La eficiencia técnica se refiere a la adecuación de los medios a los fines propuestos. La eficiencia de un sistema técnico es la medida en la que coinciden los objetivos del sistema con sus resultados efectivos. Un sistema es más eficiente que otro si obtiene más de las metas propuestas con menos consecuencias no previstas. La factibilidad de un sistema significa que sea lógica y materialmente posible diseñar y operar el sistema. La eficacia quiere decir que se logren realmente los fines que se proponen alcanzar mediante la operación del sistema. Y la fiabilidad significa que la eficiencia sea estable.
Eficiencia y evaluación de un sistema técnico. El incumplimiento de normas técnicas internas en general es sancionado con el fracaso en la eficiencia, la eficacia o la fiabilidad del sistema técnico en cuestión, y puede imputarse la responsabilidad a quien violó la norma. La justificación de la imputación, y la sanción, normalmente la llevan a cabo los pares dentro de las comunidades médicas, científicas, tecnológicas o tecnocientíficas. Pero la evaluación de un sistema técnico, incluso con respecto a un valor interno como la eficiencia, no puede quedar en manos solo de los expertos. Recordemos que la eficiencia de un sistema técnico se entiende en términos del grado de ajuste entre los fines deseados y los resultados de hecho obtenidos cuando ha operado el sistema. Pero entonces la evaluación de la eficiencia enfrenta una seria dificultad. Pues mientras que el conjunto de metas puede identificarse con razonable confianza una vez que ha quedado establecido el conjunto de agentes intencionales que diseñan y que operan el sistema, puesto que se trata de sus objetivos, el conjunto de resultados de hecho, en cambio, no puede identificarse de la misma manera.
El conjunto de resultados que de hecho se producen y que sean pertinentes para la evaluación de la eficiencia no depende únicamente de los expertos, es decir, de los agentes que diseñan o que operan el sistema técnico y de la interpretación que ellos hagan de la situación. La identificación del conjunto de resultados que sean relevantes variará de acuerdo con los intereses de los diferentes grupos afectados y sus diversos puntos de vista. El problema es que no existe una única manera legítima de establecer esos criterios. La eficiencia, entonces, es relativa a los criterios que se usen para determinar el conjunto de resultados. Por ejemplo, la eficiencia de una semilla modificada genéticamente podrá medirse de acuerdo con los propósitos que se plantean los tecnólogos que los diseñan, digamos en términos de su resistencia a una determinada plaga. Pero si al liberarse al ambiente hay introgresión genética en variedades criollas de la especie, ¿considerarían los biotecnólogos que diseñaron y produjeron la semilla esas consecuencias no previstas para medir la eficiencia de su tecnología? Lo menos que puede decirse es que se trata de un asunto controvertible. La conclusión es que la eficiencia no puede considerarse como una propiedad intrínseca de los sistemas técnicos. La aplicación de una tecnología casi siempre entraña una situación de riesgo o de incertidumbre, es decir, no es posible prever todos los resultados de su aplicación y siempre será necesario elegir cuáles consecuencias se consideran pertinentes para evaluar la eficiencia del sistema técnico. Pero la determinación de cuáles consecuencias son relevantes será un asunto controvertible, dependerá de los diferentes intereses y puntos de vista. No obstante, esto no quiere decir que la eficiencia sea algo subjetivo. La eficiencia es objetiva en el sentido de que una vez que los fines propuestos quedan establecidos por los agentes intencionales que componen el sistema, y una vez que el conjunto de resultados queda determinado intersubjetivamente entre quienes evaluarán la eficiencia del sistema, entonces se desprende un valor determinado de la eficiencia, el cual no depende de las evaluaciones subjetivas que los agentes o los observadores hagan individualmente de las consecuencias (por ejemplo, que les gusten o no). Pero esta situación implica la norma ética de que en la determinación de las consecuencias pertinentes para evaluar incluso la eficiencia de un sistema técnico deben participar todos los que serán afectados por sus consecuencias.
Referencias M. A. Quintanilla, Tecnología: un enfoque filosófico y otros ensayos de filosofía de la tecnología, México, FCE, 2005. - J. Echeverría, La revolución tecnocientífica, Madrid, FCE, 2003.
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