Infancia
José Portillo (Uruguay), Sociedad Uruguaya de Pediatría
Vida y vivir › Ciclos vitales
Conceptualización. Infancia es el periodo de la existencia humana que transcurre entre el nacimiento y la adolescencia. Se caracteriza porque durante el mismo se va produciendo el crecimiento y la maduración de todas las funciones físicas y psicoafectivas del organismo. Este periodo necesita obligatoriamente un proceso de protección y de enseñanza a cargo de los padres y del conjunto de la sociedad ya que el niño es extremadamente vulnerable a las agresiones físicas y psicológicas, y las mismas pueden dejar secuelas irreversibles, tanto en el desarrollo físico como en el psicoafectivo, por el resto de la vida. Las diferentes colectividades humanas han asignado diversos valores y prioridades a la promoción de las condiciones que aseguren el bienestar integral del niño, lo que imperativamente se liga al nivel de vida que puedan alcanzar las familias, que es el entorno inmediato en el que transcurre la vida infantil. La infancia ha tenido significaciones culturales muy diferentes a lo largo de la historia. La visión actual de la infancia es característica de la Modernidad y del fundamento racional y científico. Durante gran parte de la historia el niño es considerado un adulto pequeño que debe ser capacitado como mano de obra. Es recién en el siglo XIX que el niño es percibido como una persona específicamente diferente del adulto. Es la revolución de las mentalidades, que se produce al comienzo de dicho siglo, la que lleva a tener una conceptualización diferente de la infancia y de sus valores específicos. Infancia y lenguaje se relacionan mutuamente en un círculo: la infancia es el origen del lenguaje y el lenguaje es el origen de la infancia (Agamben). En cada periodo histórico y su correspondiente organización económica, la importancia del espacio público y privado ha variado y esto ha influido en el mayor o menor protagonismo de la familia y de las instituciones sociales, en la educación y el cuidado infantil. El niño está inserto, producto de su origen social, en cada momento de cada sociedad, en un conjunto de posiciones sociales unidas por su homología en un conjunto de actividades o de bienes, caracterizados relacionalmente y que van definiendo su cosmovisión (Bourdieu). En sociedades organizadas jerárquicamente, los valores y los saberes de las clases superiores se reproducen en las clases populares y las instituciones sociales, como la escuela y la puericultura, contribuyen a dicha reproducción (Boltanski). En épocas anteriores el niño significaba un aporte a la fuerza de trabajo familiar y también un puente entre la mortalidad y la inmortalidad a través del linaje. En el presente los niños son ante todo un objeto de consumo
emocional (Bauman). Y como advierte el Estado Mundial de la Infancia de 2005, para cerca de la mitad de los 2.000 millones de niños y niñas que viven en el mundo real, la infancia es cruda y brutalmente diferente del ideal al que todos aspiramos. La pobreza deniega a los niños y las niñas su dignidad, pone en peligro sus vidas y limita su potencial. Los conflictos y la violencia les impiden disfrutar de una vida familiar segura y traicionan su confianza y su esperanza. El VIH/sida mata a sus progenitores, a sus maestros, a sus doctores y a sus enfermeros. Y también los mata a ellos.
El reconocimiento del niño como sujeto de derechos. El reconocimiento jurídico internacional de los derechos de la niñez le debe mucho a una mujer inglesa, Eglantyne Jebb. Ella es quien pone en marcha Save the Children Fund en 1919 como respuesta a la miseria en que la guerra hunde a miles de niños en Europa. Aspira a algo más que a ofrecer un socorro inmediato y, en 1920, se traslada a Ginebra para crear Save the Children International Union (que más tarde se convertiría en la Unión Internacional de Protección de la Infancia). En 1924, la Sociedad de Naciones aprueba la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, redactada por la Unión Internacional de Protección de la Infancia. La declaración establece que el niño tiene derecho al desarrollo material, moral y espiritual; a recibir ayuda especial cuando esté hambriento, enfermo, discapacitado o huérfano; a que se le socorra en primer lugar en situaciones graves; a estar protegido contra cualquier explotación económica y a recibir una educación que le inculque un cierto sentido de responsabilidad social. En 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo artículo 25 se refiere al niño como poseedor de “derecho a cuidados y asistencia especiales”. En 1959, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Declaración sobre los Derechos del Niño, que reconoce derechos como el de no ser discriminado y el de tener un nombre y una nacionalidad. También consagra en la práctica los derechos de la infancia a la educación, a la atención de la salud y a la protección especial. En 1979, las Naciones Unidas declaran ese año como Año Internacional del Niño. El mayor logro del mismo es poner en marcha un proceso de mayor significación a largo plazo: la Asamblea General acuerda que se establezca un grupo de trabajo compuesto por miembros de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, por expertos independientes y por delegaciones observadoras de Estados que no son miembros de las Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales y organismos de las Naciones Unidas, con el fin de redactar una Convención que sea jurídicamente vinculante. En
1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas adopta la Convención sobre los Derechos del Niño que entra en vigor al año siguiente. En 1990 se celebra en Nueva York la Cumbre Mundial en favor de la Infancia a la que asisten 71 jefes de Estado y de gobierno. Los dirigentes mundiales firman la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño, así como un plan de acción para aplicar la declaración. En 1994, el Año Internacional de la Familia reafirma que los programas deberán apoyar a las familias, que son las que alimentan y protegen a los niños, en vez de ofrecer sustitutivos a dichas funciones. En 1998 se aprueba el Convenio sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación (Convenio Nº 182 de la OIT). En el año 2000, los Objetivos de Desarrollo del Milenio incorporan metas específicas relacionadas con la infancia, entre ellas la reducción de la mortalidad mundial de niños menores de cinco años en dos terceras partes y el logro de la educación básica universal a lo largo del periodo comprendido entre 1990 y 2015. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba dos Protocolos Facultativos de la Convención sobre los Derechos del Niño: uno sobre la participación de los niños en conflictos armados y otro sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. En 2002, la Asamblea General de las Naciones Unidas celebra una Sesión Especial en favor de la Infancia: se reúne por primera vez para debatir específicamente cuestiones relacionadas con la infancia. Cientos de niños participan formando parte de las delegaciones oficiales. Los dirigentes mundiales se comprometen a crear “Un mundo apropiado para los niños” y reafirman que la familia tiene la responsabilidad básica de la protección, la crianza y el desarrollo del niño, y que tiene derecho a recibir una protección y un apoyo integrales.
Avances y amenazas sobre el futuro de la infancia. El tratado de derechos humanos que más apoyo ha recibido en la historia, la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989 y ratificada por todos los países del mundo excepto dos, representa en efecto un consenso mundial sobre los atributos de la infancia. Aunque no existe un acuerdo absoluto en la interpretación de todas y cada una de las disposiciones de la convención, sí existe una amplia base común sobre cuáles deben ser los parámetros de la infancia. Desde que se aprobó la convención, se han producido avances notables en el cumplimiento de los derechos de los niños y las niñas a la supervivencia, la salud y la educación mediante la prestación de bienes y servicios esenciales, y un reconocimiento cada vez
mayor de la necesidad de crear un entorno protector que los defienda contra la explotación, el abuso y la violencia. Sin embargo, resulta preocupante constatar que en algunas regiones y países algunos de estos avances se encuentran en peligro de retroceder a causa de tres amenazas fundamentales: la pobreza, los conflictos armados y el VIH/sida. Mil millones de niños y niñas no pueden disfrutar de sus derechos debido a que carecen de por lo menos uno o más de los bienes y servicios básicos necesarios para sobrevivir, crecer y desarrollarse. El problema es más grave en África, donde hay millones de niños y niñas que crecen en familias y comunidades desgarradas por los conflictos armados. En el África subsahariana, el VIH/sida ha provocado un aumento de la mortalidad y una grave reducción de la esperanza de vida en la infancia. No son estos los únicos factores que ponen en peligro la infancia, pero se encuentran sin duda entre los más importantes, con efectos profundamente dañinos sobre las posibilidades de supervivencia y el desarrollo del niño después de los primeros años de vida. Los daños que causan trascienden más allá de la infancia y aumentan las probabilidades de que la próxima generación se vea afectada por las mismas amenazas. Además, por muy dañinas que estas amenazas sean por sí solas, cuando coinciden dos o incluso tres, las consecuencias sobre las vidas de los niños y las niñas son devastadoras. En este marco hay quienes consideran una convicción utópica el que se pueda cumplir universalmente con los Derechos del Niño.
Referencias Giorgio Agamben. Infancia e historia [1978], Buenos Aires, Ed. Adriana Hidalgo, 2001. - Philippe Ariès y George Duby. Historia de la vida privada. La vida privada en el siglo XX [1987], Buenos Aires, Taurus, 1990. - Zigmunt Bauman. Amor líquido [2003], Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2005. - Luc Boltanski. Prime éducation et morale de classe [1969], París, Éd. de l’École des Hautes Études en Sciences Sociales, 1984. - Pierre Bourdieu. Capital cultural, escuela y espacio social, México, Siglo XXI, 1997. - Manuel Cruz. Tratado de Pediatría, Barcelona, Ed. Espax, 1994. - Unicef. Estado Mundial de la Infancia 2005, Nueva York, Unicef, 2004. - Julio Meneghello. Pediatría [1972], Santiago de Chile, Ed. Publicaciones Técnicas Mediterráneo, 1991. - Charles Taylor. Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna [1989], Barcelona, Paidós, 1996.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.