Indecidibilidad
Silvia Rivera (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Conocimiento y verdad
Antecedentes del concepto. El concepto de indecidibilidad surge en el campo de las ciencias formales, con más precisión, como corolario del teorema enunciado por Kurt Godel en la década de 1930. Este teorema muestra que en las teorías formales hay proposiciones de las que no pueden demostrarse su afirmación ni su negación. Es decir que en ningún caso es posible construir un sistema de cálculo completo y consistente al mismo tiempo, porque habrá siempre una proposición cuya verdad y falsedad quede indeterminada y esto con independencia de la sofisticación o complejización del formalismo utilizado.
Ludwig Wittgenstein y la indecidibilidad de las reglas. El filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951) plantea en sus últimos escritos interesantes observaciones en relación con las paradojas que se presentan a la hora de seguir una regla. Entre todas las reglas posibles son las de la matemática las que concentran su atención de modo especial, por el carácter verdadero y necesario que les otorgamos y por el lugar de privilegio que ocupan en la articulación de nuestro mundo, tanto físico como social. La posición de Wittgenstein se basa en destacar el carácter práctico de las reglas que funcionan como orientadoras de conductas. La cuestión es que las reglas carecen de un contenido cognitivo que determine de antemano la secuencia correcta que implica seguirlas efectivamente. De este modo se radicaliza la contingencia. Las reglas son por definición incompletas y ambiguas y esto en ningún modo se debe a un conocimiento limitado del hombre. Aun cuando existiera un ser omnisciente no podría aprehender el contenido a priori de las reglas simplemente porque no lo poseen. Según un ejemplo inspirado en el análisis que Saul Kripke realiza del planteo wittgensteiniano, podemos comenzar una serie numérica 1, 2, 3, 4... y pedir a alguna otra persona que continúe, la respuesta espontánea será sin duda 5, 6, 7, 8... Sin embargo, es posible aducir que esto es erróneo, porque la serie original era 1, 2, 3, 4; 9, 10, 11, 12; 17, 18, 19, 20....
Aun así la serie puede ser siempre modificada, argumentando que la secuencia en cuestión era solo del 1 al 20, modificándose del 20 al 40, y así sucesivamente. Es decir que hay múltiples maneras de construir una serie y que son múltiples sus criterios de corrección. Las reglas se presentan entonces como indecidibles en términos de su propia estructura formal. Desde esta perspectiva, la regla no será ya la realización de una racionalidad estructural, sino un acto de construcción radical, pero no individual sino colectivo, es decir, social. Es el intercambio social el que fija los criterios de corrección de las reglas, y a partir de ellos inventa un contenido para esas reglas.
El concepto de indecidibilidad en el campo de la teoría social. Ernesto Laclau, filósofo argentino radicado en Essex, es quien –inspirándose en las reglas matemáticas de Wittgenstein– ubica el concepto de indecidibilidad en el centro de su análisis de las relaciones sociales, del sujeto y la libertad. Laclau presenta a la sociedad como una estructura fallada, que no logra completarse como objeto total y, por tanto, tampoco alcanza a determinar por completo al sujeto que se constituye en relación con ella. El sujeto, cuya identidad se establece a través de decisiones tomadas en el marco de la estructura dislocada, se presenta entonces como el estrecho margen existente entre la estructura indecidible y la decisión. Está claro que la decisión tomada a partir de una estructura indecidible es contingente, esto quiere decir que no está determinada de antemano y que, por tanto, puede considerarse libre siempre dentro del espectro de posibilidades dadas por la estructura en cuestión.
Consecuencias éticas que se siguen del análisis del concepto de indecidibilidad. Es propio de la bioética tomar decisiones capaces de orientar la conducta en campos profesionales específicos. Esas decisiones son tomadas por personas que han sido parcialmente determinadas por el conjunto de relaciones sociales en las que se insertaron a lo largo de su vida. Sin embargo, por tratarse de un plexo social entendido como dislocado o fallado, no alcanza para determinar de un modo absoluto las reacciones de hombres y mujeres, sino que deja un margen de libertad que se manifiesta en la actualización por parte del sujeto de algunas de las posibilidades previstas por la situación estructural. La fundamentación de la decisión tomada nunca puede ser absoluta, es decir, estructurada de acuerdo con el modelo de la demostración lógica. Y esto no solo por las notas distintivas del campo ético, sino por la propia racionalidad formal que incluye en su centro mismo al concepto de indecidibilidad. De todos modos, que una decisión sea en última instancia arbitraria, es decir, que no pueda ligarse a razones de un modo necesario, no
quiere decir que no sea razonable, es decir que un conjunto de argumentos sin valor apodíctico no la hagan preferible a otras decisiones (Laclau, 1993).
Referencias Saul Kripke, Wittgenstein, reglas y lenguaje privado, México, UNAM, 1989. - Ernesto Laclau, Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires, Nueva Visión, 1993. - Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, Barcelona, Crítica, 1988.
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