Ética y literatura
Silvana Rabinovich (México), Instituto de Investigaciones Filosóficas (UNAM)
América Latina › Diversidad cultural y lingüística
Los binomios constituidos por disciplinas diversas denotan relaciones que suelen caracterizarse por la subordinación de un término a otro. Así, el Medioevo concebía a la filosofía como sierva de la teología. Siguiendo este modelo, hay quienes, por una parte, desde una ética normativa encuentran en la literatura un reservorio de valores; o quienes, por otra, ven en la filosofía un género literario. En el caso contemporáneo, específicamente en América Latina (si bien no exclusivamente), ética y literatura podrían plantear una relación distinta. Más allá de buscar valores morales en las letras, la reflexión ética pone en cuestión a la moral autónoma a partir de un abordaje serio de la ficción. La ficción se entiende como otro camino en la búsqueda de la verdad.
Lenguaje, alteridad y pluralismo. En Latinoamérica, el encuentro con el otro se halla centenariamente en el horizonte de toda posibilidad de pensamiento y de escritura. La coexistencia de una multiplicidad de lenguas y dialectos (tan solo en México se registran oficialmente 61 lenguas indígenas), aun bajo la hegemonía de lenguas de origen colonial, hace patente una variedad de costumbres y culturas que se reflejan en narrativas y literaturas orales y escritas heterogéneas. Esta diferencia constitutiva pone en cuestión cualquier intención de uniformidad en la lectura. Por su parte, la lengua española se manifiesta de maneras muy distintas dentro de cada país. Un abordaje ético indiferente a la alteridad, que ignore la diferencia irreductible inherente a lo humano, no traspasaría el umbral de entrada al pluralismo característico de la región, pluralidad que adquiere carácter universal. La aspiración a la universalidad –que siempre parte de la singularidad– es propia de la filosofía. En este caso, a partir del singular encuentro de ética y literatura, se trataría de plantear la diferencia filosófica.
Ética heterónoma y textos literarios. En el marco planteado, la ética heterónoma proporciona elementos importantes para el abordaje del otro en la literatura. El filósofo lituano-francés Emmanuel Lévinas planteó una ética heterónoma (diferente de la moral autónoma clásica), cuyo origen es la responsabilidad para con el otro, una responsabilidad anterior a aquella que se limita a responder por los propios actos. Parte de esta filosofía inspiró a la filosofía de la liberación latinoamericana de Enrique Dussel, entre otros. Según la heteronomía, el prójimo es origen del sujeto cuya moral es dictada desde el exterior, desde un pasado inmemorial y no desde su propia conciencia y voluntad, que son
posteriores. Se comprende al sujeto en tanto sujetado a la exigencia de justicia proveniente del otro. La interpelación del otro en su irreductible alteridad determina al sujeto. Esto se agrava en el caso de la muerte del prójimo: podríamos decir que la orfandad es el horizonte del sujeto: al recibir del otro la vida, no puede retribuírsela, sino darse hacia el futuro. La muerte propia carece de sentido al entenderse el yo como “más allá de su propia muerte”. Trascendencia en el porvenir, el presente se entiende con relación a un pasado inmemorial que lo constituye: tiempo actual (Benjamin) lleno de pasado y de porvenir. El tiempo y el lenguaje dan origen a un sujeto heterónomo, cuya ley proviene de la palabra y del tiempo del otro, y por ese otro reclama justicia. Estas nociones de la ética heterónoma habitan algunos textos literarios con la veracidad propia de la ficción o de la poesía, trascendiendo la capacidad de formulación de la ética. La figura benjaminiana del narrador insiste en la literatura, evocando la definición levinasiana del hombre como “animal profético”. El lenguaje se entiende como “palabra profética”: palabra que proviene del otro (pasado perimido) y va hacia el otro (por venir), quien “da la palabra” es una especie de médium. En el entrecruzamiento entre la ética heterónoma y ciertos textos literarios de autores latinoamericanos escogidos se sitúa nuestra perspectiva, dejando claro que hay muchos otros entrecruzamientos posibles. Sin embargo, prestar atención al complejo ethos de la región desde ese punto de encuentro posibilita echar otra luz sobre la cultura y la vida en el lugar.
El otro, el cuerpo, la vida y la muerte. La responsabilidad inmemorial con la muerte del otro se manifiesta en algunos cuentos del mexicano Carlos Fuentes (1928) como “Tlactocatzine, del jardín de Flandes” o “Chac Mool”, y en particular en su breve novela Aura. Se trata por una parte de elementos constitutivos de las culturas regionales (como la relación de los vivos con los muertos), que se manifiestan como insistencias de la alteridad en el yo. Personajes del pasado que exigen en los vivos un deber de memoria, de justicia para con lo acontecido, o la exigencia de vida de un dios que revive de una estatua, asoman en la literatura. De maneras diversas los elementos culturales evocados por el autor dan largo aliento, nuevas posibilidades a la heteronomía. El argentino Juan José Saer (1937-2005), en su novela El entenado ofrece un testimonio de ficción del sangriento encuentro con el otro en tiempos de la conquista: el narrador renace en tanto testigo de esa alteridad. Su “ensayo imaginario” El río sin orillas aborda los elementos fantásticos de la historia argentina desde el arribo de los conquistadores españoles al Río de la Plata. La violencia elemental del encuentro con el otro deja traslucir en la pluma de Saer un horizonte ético abigarrado y
problemático, que pone en cuestión el concepto de identidad. Los Escritos antropófagos del brasileño Oswald de Andrade (1890-1954) anuncian a un otro matriarcal contrapuesto al patriarcado típico del pensamiento occidental que se resume en la expresión: “tupí or not tupí” del célebre Manifiesto antropófago. La corporalidad como lo propio de lo humano es uno de los elementos de la ética heterónoma que son abordados por la “cultura antropofágica” de un modo completamente distinto al propuesto por la ética heterónoma de Lévinas. Notablemente, el escritor brasileño ofrece su pluma a la palabra del indio, traduciéndola al modo del rehén, este último “personaje filosófico” levinasiano que en la substitución expía por el otro. En un tono muy distinto al del brasileño, pero en un gesto que le es familiar, el chileno Pablo Neruda (1904-1973) en su Canto general anuncia: “yo vengo a hablar por vuestra boca muerta”. Palabra proferida que proviene de una palabra recibida, testimonio por los muertos y desaparecidos de distintas latitudes. El uruguayo Felisberto Hernández (1902-1964) en “Tierras de la memoria” a partir de los sentidos del cuerpo, evoca a la memoria en tanto sentido de los sentidos. Un cuerpo lleno de memoria enfatiza cierta porosidad, insoslayable permeabilidad característica de lo intersubjetivo, apertura al otro imposible de sellar.
De este modo, la relación entre ética heterónoma y literatura puede plantearse bajo la figura de la traducción. En tanto la literatura puede decir más de lo que la filosofía quiere decir, proponiéndole a la ética un horizonte pleno de otras posibilidades conceptuales. En otras palabras, la literatura encuentra las palabras justas para dar voz al deseo de la filosofía. Puede decirse que así como la República de Platón aborda a la justicia como un problema capital, este no ha dejado de plantearse de muchos otros modos a lo largo de la historia de la ética hasta rayar en la obsesión. La literatura enfatiza dicha obsesión por la justicia al modo en que la traducción, según Benjamin, en lugar de subordinar la lengua de origen a la lengua de arribo, redime al lenguaje mismo al poner en escena la extranjería, al volver extraña la lengua anfitriona. Esa extrañeza del lenguaje que opera la traducción es el gesto mismo por el que la ética heterónoma y la literatura se cruzan, haciendo resonar las innumerables e irreductibles voces de la alteridad.
Referencias
Walter Benjamin, “La tarea del traductor”, en Angelus Novus, Barcelona, Edhasa. - Oswald de Andrade, Escritos antropófagos, Buenos Aires, Corregidor, 2001. - Carlos Fuentes, Aura, México, Era, 2004. - Felisberto Hernández, “Tierras de la memoria”, en Obras completas, T. 3, México, Siglo XXI, 1999. - Emmanuel Lévinas, De otro modo que ser
o más allá de la esencia, Salamanca, Sígueme, 1987. - Juan José Saer, El entenado, Buenos Aires, Seix Barral, 2000.
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