Cuidados ante el dolor y el sufrimiento
Lucilda Selli (Brasil), Universidade do Vale do Rio dos Sinos
Bienestar › Dolor y sufrimiento
Aproximación conceptual. Dolor y sufrimiento constituyen conceptos que, de cierta forma, se implican y se intersecan. Conforme al uso corriente de los términos, se originan del latín dolore y sufferere. La tecnociencia dispone de las condiciones para combatir el dolor orgánico-fisiológico pero el sufrimiento es una realidad más compleja que puede, pero no necesariamente, involucrar la presencia del dolor. La Asociación Internacional de Estudio del Dolor definió dolor como “una experiencia emocional y sensorial desagradable asociada con daño potencial o total de tejidos, descriptos en términos de tales cambios”. La fundadora del moderno hospice, Cicely Saunders, creó la expresión dolor total, que incluye además del dolor físico, el dolor mental, social y espiritual. Estos aspectos están interrelacionados y abarcan la totalidad del ser humano. No siempre quien está con dolor, sufre. El sufrimiento es una cuestión personal. Está ligado a los valores de la persona y a situaciones circunstanciales que la afectan en su ser total. Daniel Callahan entiende el sufrimiento como la posibilidad de traducir la experiencia de impotencia vivida en situación de dolor no aliviada o de enfermedad que lleva a sentir la vida estremecida en su sentido. Por tanto, el sufrimiento es más global que el dolor.
Subjetivización y contexto de existencia. La apropiación de la realidad personal y la reacción de la persona son fundamentales para captar el mensaje contenido en las situaciones de sufrimiento, interpretarlo y asimilarlo como oportunidad o desventura. Esta capacidad de percepción de sí es determinante para hacer frente a la situación, sea ella cual sea. Tomar en las manos la situación implica un proceso de subjetivización en el cual la persona se apropia de su problema y reconoce e incorpora la necesidad de un reordenamiento en la vida. La introducción de la nueva concepción en el modo de vivir, como respuesta reactiva a la situación, supone que la persona se sitúe en el nuevo contexto de existencia. El universo existencial del individuo constituye el espacio en el que es visitado y re-visitado por el sufrimiento. Por tanto, el autoenfrentamiento implica hacer frente a la situación y avanzar del problema orgánico fisiológico al plano humano existencial. La persona conseguirá enfrentarse con el sufrimiento y comprometerse en un enfrentamiento si consigue entenderse a sí misma como alguien mayor que el problema que posee, o sea, si puede visualizar, en su vida, otras posibilidades y potencialidades que tiene que desarrollar, a pesar de la situación de sufrimiento.
El sufrimiento como realización de identidad y experiencia de la existencia. Un estudio sobre idea de sufrimiento y representación cultural de la enfermedad en la construcción de la persona, realizado por Rodrigues y Caroso, con sujetos frecuentadores de terreros afrobrasileños, evidenció que los interlocutores investigados indicaron un tipo de discurso de realización de identidad, respaldados en las ideas de enfermedad, sufrimiento y cura. En sus narrativas, utilizan estas categorías para describir su existencia como marcada por el sufrimiento. La noción de sufrimiento hace alusión a una trayectoria. Por un lado, la representación de la enfermedad remite a las razones del sufrimiento, por otro, la representación o discurso sobre la cura remite a una experiencia sincrónica, una vez que se presenta como antítesis del sufrimiento y la enfermedad. La categoría sufrimiento es usada por los interlocutores en diferentes sentidos, caracterizándose como significante oscilante, en el sentido de comportar contradicciones de significados que se mueven entre los planes concretos y abstractos, según apunta Lévi-Strauss. En el plano concreto, sufrimiento significa enfermedad física. En el plano abstracto, el sufrimiento se entiende por los significados que ultrapasan los límites de la experiencia de la enfermedad física y ofrece elementos determinantes para que la persona sufridora construya su identidad. El sufrimiento, por tanto, evoca significados desde fuerza y flaqueza, miedo y coraje, despertando emociones positivas o negativas. Estos atributos apuntan el sufrimiento como epifanía de la extrema vulnerabilidad y heteronomía humana, pues todo tipo de sufrimiento que ataca al ser humano constituye una manifestación concreta de su entera dependencia y vulnerabilidad. En el sufrimiento se produce en la persona la ausencia de todo el refugio de sí en sí mismo. En él, el ser humano se encuentra totalmente despojado de sus seguridades y expuesto a una radical indigencia y total dependencia. El sufrimiento constituye una realidad que acompaña la vida del ser humano en todo su itinerario y se presenta de diferentes formas y modalidades. Irrumpe en la existencia humana y altera por completo la vida de la persona. La experiencia de la propia existencia humana se da vía sufrimiento. Por eso, delante de una persona que sufre la actitud más adecuada es la de silencio y solidaridad. El silencio evoca comunión y compromiso de un ser humano con otro ser humano que sufre. La solidaridad constituye una actitud de estar con quien sufre y actuar a favor de alguien que está necesitado. Este compromiso humano caracteriza reciprocidad y remite la igualdad de todos los humanos como sufridores vulnerables y necesitados.
Dolor y sufrimiento como búsqueda de sentido. El sufrimiento constituye un espacio singular de
búsqueda de sentido. Es en el sufrimiento donde el ser humano prueba para sí mismo su capacidad de resistir, de hacer frente a las situaciones más duras y adversas de la vida, de atribuir un sentido a la realidad que vive y que lo cerca, de evaluar el valor del propio sufrimiento en el hormigón de la vida. El sentido se vuelve posibilidad de significar la situación de sufrimiento y transformarlo en espacio privilegiado de aprendizaje en la construcción de sí mismo y de los propios ideales de vida. Para que haya sentido, según Frankl, el sufrimiento no puede ser un fin en sí mismo. El sufrimiento tiene sentido cuando se tiene un motivo para tal, o cuando se le atribuye un motivo. Cuando incorporado de sentido remite a una “causa” que hace trascender el sufrimiento como algo que se impregnó sin permiso a la vida de alguien. Frankl critica la visión de ser humano que descarta su capacidad de tomar una posición ante condicionantes, cualesquiera que sean. Una de las principales características humanas está en la capacidad de elevarse por encima de las condiciones biológicas, psicológicas o sociológicas y crecer más allá de ellas. La búsqueda de sentido en la vida es la principal fuerza motivadora del ser humano. Frankl percibió en el campo de concentración que solo conseguían mantenerse vivas las personas que tenían un sentido en la vida. Por tanto, el sufrimiento es una escuela imprescindible de hallazgo de significados y sentido. El sujeto que sufre es al mismo tiempo aprendiz y maestro de sí mismo.
El sufrimiento como enseñanza ética. En el sentido ético, Roselló entiende que el sufrimiento enseña a las personas. Cuando el ser humano está acometido por el sufrimiento, la tendencia normal es la de reflexionar sobre el sufrimiento que lo asuela y también sobre la propia vida y la forma de conducirla. La persona recapacita valores, actitudes y admite la propia finitud y fragilidad humana. Crea espacio para el redimensionamiento de la propia vida y abraza con grandeza de alma la humildad, que consiste en la aceptación de la propia fragilidad. Sufrir para Frankl significa crecer, y para Roselló, madurar, por tanto sufrir constituye posibilidad de llegar a ser. Ese proceso posibilita la conquista de libertad interior a pesar de la dependencia exterior. En la relación interpersonal el sufrimiento construye espacios de revelación y posibilidad de apertura de sí para el otro y de construcción de verdaderas confidencialidades. Despierta, por un lado, confianza y capacidad de entrega absoluta, y, por otro, sensibilidad y capacidad de compasión y donación incondicional. El sufrimiento puede ser la piedra angular en la evolución de una relación interpersonal sellada por el verdadero bienquerer. Por
tanto, el sufrimiento además de llevar a la persona a apropiarse más de sí misma y acrisolar sus razones y motivos, la abre para el otro. Las tecnologías predominan en el itinerario que rehace el camino de la cura y/o estabilización del cuadro de sufrimiento de la persona. Ellas, por un lado, traen beneficios y expectativas cada vez más promisorias, por otro, constituyen una irrealidad tanto en el sentido de perspectivas y eficacia cuanto de posibilidades de acceso. Aunque apunten perspectivas positivas para las personas, no penetran el centro de las cuestiones humanas existenciales movilizadas, sobre todo, en situaciones de vulnerabilidad. La integración de la cultura científica, con su conocimiento objetivo, y de la cultura humanista, direccionada al sentido de la existencia, como complementarios e inseparables, constituyen una herramienta en el enfrentamiento de la visión mecanicista y biologicista de la vida y favorece la introducción de una visión holística de ser humano, necesaria para orientar la vida marcada por la fragilidad y por la posibilidad de irrumpir plenamente. El profesional de la salud tiene un papel fundamental junto a la persona en la construcción del proceso de apropiación de su realidad de sufrimiento. Debe considerar la dimensión subjetiva y existencial indisociablemente presente y operante en la vida de la persona en situación de sufrimiento y su influencia en la construcción de sentido. Así, la actuación del profesional no se agota con la realización de técnicas y procedimientos profesionales terapéuticos objetivos. Al contrario, posee un elemento subjetivo que remite para la dimensión humana y de sentido de la existencia. El ejercicio profesional implica la incorporación y la inclusión de una visión compleja de ser humano. Ese modo de actuar propicia el enfrentamiento de la disyunción operada entre naturaleza y hombre que se vuelven extraños uno al otro, esto es, la reducción del ser humano a lo biológico y de lo biológico a la físico, lo cual configura la superación de la degradación de la existencia total.
Referencias
Dicionario Interdisciplinar da Pastoral da Saúde. São Paulo, Paulus, 1999. - V. Frankl, Em busca de sentido: um psicólogo no campo de concentração. Petrópolis: Vozes, 1991. - E. Morin, O Método. 5: A humanidade da humanidade. A identidade humana; 6: Ética. Porto Alegre, Sulina, 2002, 2005. - N. Rodrigues & A. C. Caroso. Idéia de Sofrimento e Representação Cultural da Doença na Construção da Pessoa, en: L. F. D. Duarte & F. O. Leal (Org.), Doença, sofrimento, perturbação: perspectivas etnográficas. Rio de Janeiro, Editora da Fiocruz, 1998. - F. Torralba i Roselló. Antropología del cuidar. Madrid, Instituto Borja de Bioética y Fundación Mapfre, 1998.
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