T'ang, Dinastia HIST.
Categoria:
Historia
El esfuerzo de la dinastía Suei (v.) por lograr la unidad territorial de las diversas provincias naturales que constituyen la China fue continuado y acabado por la dinastía T. (618-907), que restauró la unidad del país y la hegemonía china en Asia central.El final de la dinastía Suei está marcado por el levantamiento del duque de T., Li Yuan, ayudado por Li Che-min, su hijo, haciéndose dueño del poder imperial (618) con el nombre dinástico de Kao-tsu; reinó del 618 al 626. También, y gracias a su hijo, pudo salvar al imperio de una invasión turca. El jefe de los turcos orientales amenazó la capital imperial Ch’ang-ngan en septiembre del 624; en un contraataque magistral, Li Che-min les rechazó y los turcos huyeron a Mongolia.Los dos hermanos de Li Che-min se sintieron celosos de su gloria militar; incluso su padre, el emperador, tuvo celos de su popularidad. Comenzó entonces uno de esos dramas salvajes que nos cuenta a menudo la historia china. Los dos hermanos intentaron matar a Li Che-min en un banquete, pero éste, avisado, tomó sus precauciones, mató a sus dos hermanos y se presentó, armado, en el palacio imperial para anunciar a su padre los acontecimientos. Kao-tsu no tuvo otro remedio que abdicar, y después Li Che-min subió al poder el 4 nov. 626. El viejo emperador se retiró y m. en el 635. Li Che-min, que tenía 27 años, tomó el nombre de T’ai-tsung; hizo matar a sus cuñadas y a sus sobrinos para extinguir cualquier intriga o venganza posterior contra él.Los khanes turcos volvieron a amenazar la capital, pero el emperador se presentó con su impresionante caballería y, con su sola presencia, impuso la paz. Con una política de desmembración entre los turcos, el khanato de los turcos orientales quedó sometido a China del 630 al 682; su territorio, que corresponde a la actual Mongolia, fue unido al imperio chino. T’ai-tsung practicó la misma política con los turcos del Turquestán y con los de los oasis del Gobi; China reinaba entonces sobre casi la mitad de Asia. Amenazado durante tres siglos por las hordas bárbaras, el imperio aprovechó esta situación para reforzar su poder militar y proteger sus fronteras. Además, esta pacificación de Asia central, la paz de los T., como se la llama, abrió de nuevo las grandes rutas comerciales transcontinentales con el Irán, la India y las naciones occidentales, alcanzando así el imperio chino una importante expansión comercial.La estabilidad y la fuerza del imperio de T’ai-tsung se debieron a dos factores: uno fue el sistema agrario que aseguraba la independencia de los campesinos gracias a un reparto de tierras que, al menos teóricamente, garantizaba a cada familia una tierra suficiente. Existía una milicia aldeana, renovada constantemente, que servía de reserva para el ejército imperial. El otro factor fue el sistema de examen de los funcionarios con el único criterio del valer del candidato, opuesto al principio de recomendación, puesto en marcha ya bajo los Suei. Los T. se aseguraron así un cuerpo honrado y competente de funcionarios, y estos exámenes acabaron además con la influencia, todavía potente, de la nobleza feudal en la época T’ang. No debe olvidarse el esplendor cultural de esta época, célebre en los Anales del imperio, que describen la intensa vida intelectual en los monasterios budistas, en los medios literarios y artísticos, en la corte llena de fiestas y de espectáculos, a la que acudieron pueblos de toda Asia.T’ai-tsung m. el 10 jul. 649, y su hijo subió al trono con el nombre de Kao-tsung (650-683). Si, personalmente, fue débil a pesar de su buena voluntad, sus generales siguieron la política de expansión militar china. En el 668, el imperio había avasallado Corea. En el aspecto interior, su piedad se manifestó hacia el taoísmo, el confucianismo y el budismo; protegió también al cristianismo nestoriano. A partir del 665, las fronteras del O empezaron a moverse: los turcos occidentales se sublevaron, en el 670 los tibetanos se aproximaron a las guarniciones chinas y los turcos orientales de Mongolia se alzaron de nuevo contra el imperio chino. Mientras tanto, una mujer del harén, hermosa, intrigante y muy hábil, Wu Tso-t’ien, antigua favorita de T’ai-tsung, estranguló a su hijo, acusando a la emperatriz de este crimen para reemplazarla en el harén imperial (655); Kao-tsung, débil y drogado lentamente por Wu Tso-t’ien, fue un juguete en sus manos. Fue ella quien a partir del 660 dirigió todos los asuntos del imperio. Kao-tsung m. en el 683 y, en nombre de otro hijo suyo, Wu Tso-t’ien fue durante 22 años la dueña absoluta de China (683-705).Bajo su mando siguió en marcha la política de los T., y las fronteras fueron defendidas; despojó a su propio hijo del trono y se hizo nombrar emperatriz (690). Las revueltas interiores fueron aplastadas, pero la invasión turca se hacía cada vez más amenazadora. En el 705 invadieron el palacio imperial unos conjurados que obligaron a la emperatriz a abdicar en favor de Chung-tsung, legítimo heredero al trono; Wu Tso-t’ien, que tenía 81 años, m. algunos meses más tarde.El nuevo emperador T., Chung-tsung, budista piadoso, débil de carácter, cayó también bajo el poder de su mujer, Wei, que lo envenenó para reinar sola (710). Pero ésta carecía de la enorme autoridad de Wu Tso-t’ien, y el joven príncipe Li Long-k¡ renovó aquel mismo año el drama del 705: mató a la emperatriz e hizo nombrar emperador a su padre, Juei-tsung. Éste no poseía el vigor necesario para restablecer la situación y prefirió abdicar en favor de su hijo Li Long-k¡ (712), que subió al trono con el nombre de Hiuan-tsung, estableciendo uno de los grandes reinos del imperio chino (712-756); tenía entonces 28 años.Muy culto, poeta y músico, el nuevo emperador protegió las letras y las artes; los dos grandes poetas Li T’ai-po (v.; 701-762) y Tu Fu (v.; 712-770) vivieron en su tiempo. Fue un gran militar que continuó en Asia la misma política que sus abuelos. Derribó el khanato de los turcos en el 743-744 y a otros varios khanes en el Turquestán en el 744; luchó contra las primeras oleadas árabes en Asia central (715). Sin embargo, el coloso amarillo no tenía las fuerzas militares suficientes para hacer frente a los amenazas en todas las fronteras. En el 751, el Asia central escapó al poder chino por la presión de las fuerzas turco-árabes coaligadas; ese mismo año, los lolo, en el Yunan, derrotaron a un ejército chino, y los mongoles, en el Jehol, también acabaron con otro ejército. China estaba agotada por su esfuerzo militar yel pueblo no comprendía las razones de estos sacrificios lejanos. La corte vivía una vida de sueño y de fiestas con la hermosa Yang Kuei-fei, cantada y alabada por los poetas de la corte y tantas veces representada en las obras artísticas. En el 755 un drama acabó bruscamente con esta vida y el reino de Hiuan-tsung: un general de la corte, Ngan Lu-chan, de madre turca y padre sogdiano, levantó el estandarte de la revolución en la zona del NE de China. En poco tiempo atravesó el Ho-pei, se apoderó de Lo-yang y marchó contra la capital imperial, Ch’ang-ngan. Hiuan-tsung huyó con su favorita Yang Kuei-fei hacia el Sechu’an; en el camino, la escolta se sublevó y asesinó a los ministros y a la favorita, que acompañaban al emperador, que siguió huyendo. Este fin dramático ha sido cantado a menudo en la literatura china.El hijo de Hiuan-tsung, Su-tsung, subió al trono en el 756, y, ayudado por un gran militar, Kuo Tse-yi, consagró su reinado (756-762) a la reconquista del imperio en poder de los rebeldes, y restauró la dinastía T’ang. Pero el imperio no pudo rehacerse jamás de estas revueltas y rebeliones. La guerra civil, que duró hasta el 763, provocó una disminución de la población; en el 754, el censo indicaba unos 52 millones de habitantes, y en el 839 apenas si alcanzaba los 30 millones. Además, la crisis económica y social era total. La pequeña propiedad campesina, basada en concesiones de lotes de tierra, desapareció en el s. VIII por la ruina de la hacienda imperial, el reclutamiento para las milicias, los impuestos y las ventas de tierras a los grandes propietarios. Las revueltas fueron suprimidas gracias a la ayuda y a la protección de los ejércitos turcos uigures, pero desaparecieron todas las posesiones imperiales exteriores de los T., y en el 763 los tibetanos pudieron saquear impunemente la capital sin consecuencias políticas.Los últimos emperadores T. siguieron entonces una política de prudencia y de conservadurismo. El imperio turco uigur, al N de China, ya tan grande como el imperio de los T., llegó a ser potente y estable. Mientras tanto, la dinastía T. acabó con una serie de emperadores sin voluntad, entregados a la alquimia taoísta, y en manos de eunucos que eran quienes poseían el poder político. Los gobernadores de provincias eran casi independientes. En el 874 estalló una revuelta en el S de China, en Hopei y Shantung, bajo el mando de un letrado, Huang Ch’ao, que saqueó Cantón (879) y se apoderó de las capitales imperiales (880 y 881). La corte imperial pidió ayuda a una horda turca, los sha-t’o, cuyo jefe Li K’o-yung acabó con los rebeldes en el 883 y recibió la provincia del Shansi como recompensa. Otro jefe de rebeldes, Chu Wen, que se unió nuevamente a los T., ocupó Kai-fung; la lucha por el poder se estableció entre Li K’o-yung y Chu Wen. Este último hizo asesinar al emperador Chaotsung en el 904 y a toda su familia en el 905. Colocó en el trono al último príncipe T., de 13 años de edad, pero en el 907 le destronó y le hizo asesinar proclamándose emperador. Por espacio de medio siglo China cayó de nuevo en la anarquía; fue la época llamada de los cinco reinos provinciales. Chu Wen fundó la dinastía LeuLiang (907-923), tomando el mismo nombre que la dinastía Liang (v.) que había reinado del 502 al 556.V. t.: CHINA (Historia); SONG, DINASTíA.J. ROGER RIVIA CRE.
BIBL.: R. GROUSSET, Historia de China, Barcelona 1944, 111162; E. G. PULLEYBLANK, The Background of the Rebellion of An Lu-shan, Londres 1955; 1. SAUVAGET, Relation de la Chine et de 1’Inde rédigée en 851, París 1948; E. BALAzs, Beitráge zur Wirtschaftsgeschichte der T’ang-Zeit, Berlín 1931-33; E. CHATANGANICAVANNES, Mémoire composée d 1’époque de la grande dynastie T’ang, París 1894; H. CORDIER, Histoire générale de la Chine, 1, París 1920, 407-572; G. SOULIÉ DE MORANT, Histoire de la Chine, París 1929, 256-304.
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