Sais HIST.
Categoria:
Historia
Tras un brillante papel desempeñado por S. durante el Eneolítico, en pro de la unificación de Egipto, su historia se oscurece hasta la dinastía XXII, cuyo último rey fue destronado por Tefnakht, príncipe de S., ca. 730 a. C., quien decidió reunificar Egipto (v. EGIPTO IV, 5). Es entonces cuando Piankhi, rey de Napata, se dispuso a oponerse al avance y ambiciones de Tefnakht y concentró sus esfuerzos en el Delta, una vez reconquistado el Egipto Medio. Tefnakht, abandonado de sus súbditos y fracasado su intento de unificar Egipto en beneficio propio, se vio obligado a replegarse a los marjales delDelta y, por último, a rendirse. De vuelta Piankhi- a Napata, resurgió la anarquía en el Delta. Tefnakht rehízo su autoridad, que extendió hasta la región menfita, e inauguró la dinastía XXIV (730-715), cuya proyección asiática es el acontecimiento más sobresaliente. Ayudó al rey Oseas contra Salmanasar, y su sucesor Bokhoris excitó a los príncipes palestinos contra Sargón II, prometiéndoles ayuda militar, con el fin de asegurar sus fronteras orientales, amenazadas por el peligro asirio. Ante el desastre militar de esta coalición, renunció a toda actividad exterior y se dedicó a una política legisladora (Diodoro, 1,65,79,94).
Con él finaliza la dinastía XXIV, mientras la potencia del momento es Asiria (v.). En el 671 a. C., Asaradón marchó contra Egipto y sometió el Delta, aceptando sus dinastas, entre los que se encontraba el príncipe de S., señorío feudal del rey asirio. La inhibición de S. es el episodio más relevante de esta invasión. Tres años más tarde, Nekao fue reinstaurado como príncipe de S., y su hijo Psamético en Athribis. Este último, en el 663 a. C., y ya príncipe de S., unificó el Delta, expulsó a los asirios con ayuda de mercenarios del rey de Lidia e inauguró la dinastía XXVI (663-525), dominando políticamente el Norte y neutralizando a los sacerdotes de Amón en el Sur. Si activa resultó su política interior, no lo fue menos la exterior; mantuvo relaciones con el rey etíópe de Napata, estrechó sus lazos con las polis griegas; griegos fueron los mejores de su ejército y los que incrementaron el comercio entre Egipto y Grecia. Nekao II activó la política exterior de su padre, intensificó las injerencias en el corredor sirio-palestino y llegó hasta el Éufrates. Una grave derrota que le infligió el rey de Babilonia en el 605 a. C. le hizo perder gran parte de Siria. Durante su reinado, determinó establecer una vía navegable entre el Nilo y el mar Rojo, proyecto que no se terminó sino durante la dominación persa, acaecida en el 525 a. C., e inevitable consecuencia de los acontecimientos que se sucedían en Asia desde más de 30 años atrás.El único relato egipcio de la conquista de Cambises habla de la gran conmoción en el nomo (provincia) saíta y en Egipto entero, como nunca había existido otra parecida. Su autor, Udjahorresne, un saíta colaboracionista de los persas, se jacta de haber infundido buenos sentimientos a Cambises hacia Egipto (cfr. la versión de Heródoto 3,4-29). La dominación persa finalizó en el 404 a. C., coincidiendo con el declive de su Imperio. El libertador Amirteo, príncipe de S., reinó sobre todo Egipto tras reprimir una sublevación de los judíos, establecidos en Elefantina desde los días de Apries. Es el único representante de la dinastía XXVIII (404-398).A partir de la dinastía XXVI, Egipto se caracteriza por sus inquietudes arcaizantes, la vuelta a las divinidades nacionales en el terreno religioso, la repetición de los modelos menfitas y el retorno al pasado en la estatuaria, la preocupación por copiar fielmente el modelo en la literatura. Los saítas fueron en todo momento incapaces de crear, y esa búsqueda del detalle es la mejor muestra del carácter ficticio y artificial del arcaísmo saíta. Durante las últimas dinastías, lo único importante de S. es el auge del culto a la diosa local Neith. Su clero todopoderoso consigue de Nectanebo I (378-360) que el diezmo sobre los impuestos percibidos en Naucratis, colonia milesia fundada en los días de Psamético I, vaya a parar a dicha diosa. En otro orden de cosas, Egipto y S. agotan su poder de reacción ante lo extranjero y sufren progresivamente la influencia griega, hasta el punto que la historia de Egipto se desvanece en el reino helenístico fundado por los Lágidas a la muerte de Alejandro Magno (v.) en el 323 a. C.F. J. LOMAS SALMONTE.
BIBL.: HERÓDOTO, 2,151-182; 3,1-29; E. DRIOTON y 1. VANDIER, Historia de Egipto, Buenos Aires 1952, 460-532.
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