Tiberíades
Herodes Antipas fundó esta ciudad entre los años 17-26 d.C. en el centro de la ribera occidental del lago de Genesaret, como nueva capital de su territorio soberano. Le dio el nombre del emperador romano entonces reinante: Tiberio.
El motivo de fundar la ciudad precisamente en ese punto fueron las fuentes termales de Jammat. La ciudad quedaba un poco más al sur que la ciudad actual, aproximadamente entre ésta y las fuentes termales. Herodes Antipas quiso también hacer de su capital un balneario.
Como la ciudad fue edificada sobre un antiguo cementerio, a Herodes Antipas no le fue fácil encontrar pobladores, ya que la ciudad era impura por los sepulcros. Así que el tetrarca hizo un llamamiento prometiendo tierras y casas puestas a quienes se comprometieran a tomar residencia permanente en Tiberíades. Con ello consiguió reunir en su ciudad no precisamente a los mejores elementos de la población. Por lo cual Herodes dio un paso más imponiendo un asentamiento forzoso a judíos galileos y también a gentes de la población griega en Galilea.
Entre las fuentes de ingresos de Tiberíades se mencionan las salazones de pescado, el gran comercio pesquero y la industria del vidrio (“copas de Tiberíades”).
Probablemente Jesús no entró nunca en Tiberíades. Pero hasta qué punto la capital, con su cultura greco-romana, estaba en boca de todos lo reflejan algunas expresiones de los Evangelios, por ejemplo, Jua 6:1, que al lago de Genesaret lo designa “lago de Tiberíades” por el nombre de la nueva capital.
La población de Tiberíades, no judía en su mayor parte, no participó en las guerras judeo-romanas. Cuando el año 70 d.C. Jerusalén fue destruida, una parte de los dirigentes nacionalistas y de los intelectuales del judaísmo se retiró a la ciudad intacta de Tiberíades, que para entonces ya había sido declarada pura. Lo mismo ocurrió, aunque en mayor medida, tras la gran sublevación del año 135 d.C. A partir de entonces aumentó el elemento judío en Tiberíades, arrinconando cada vez más al elemento griego. El año 225 d.C. también se trasladó a Tiberíades el sanedrín, con lo que la ciudad se convirtió en la avanzadilla del judaísmo en Palestina. Sus escuelas se hicieron famosas y sus sabios cuidaron de fijar la tradición de la sagrada Escritura hebrea; pero en su ciudad fueron como una secta, porque la población o era absolutamente liberal o en parte se había convertido al cristianismo. Hacia el año 400, el emperador cristiano Teodosio atacó con tanta dureza los derechos de los judíos en Palestina que la dirección espiritual del judaísmo pasó a los judíos de Babilonia.
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