Tigris
Junto con el Eufrates es el segundo gran río de Mesopotamia. En hebreo se dice Hiddekel y en árabe DidslalDidsle. Nace en las tierras altas de Armenia, en el Tauro; sus fuentes, que a menudo los mapas no señalan, se reúnen para formar el Tigris. De la violencia de esta corriente fluvial, de casi dos mil km de longitud en los tiempos prehistóricos, no es fácil hacerse una idea adecuada. Pero el relato mítico de Nimrod que ató al dragón (es decir, al Tigris), es todavía un eco. En la ribera oriental del Tigris se asienta Nínive, una de las ciudades que Nimrod fundó o dominó.
El río, abundante en meandros, tiene una anchura de 300 a 350 m. A más de 100 km de su desembocadura se junta con el Eufrates, formando el Sat el-Arab. En la antigüedad, sin embargo, ambos ríos desembocaban por separado en el golfo Pérsico.
En el AT se menciona el Tigris como uno de los ríos del paraíso (Gen 2:14); la mención alude por tanto a un tiempo en que este río ya estaba domeñado. En el libro de Daniel las riberas del Tigris son el lugar de las grandes visiones del protagonista (Dan 10:4). El joven Tobías pesca en el Tigris el pez con cuya hiel curará los ojos de su padre Tobit (Tob 6:1ss). De todos esos pasajes destaca la vigorosa creencia en la conexión del Tigris con las potencias supranaturales, incluso en el período bíblico.
Por lo demás, todos esos pasajes probablemente tienen una relación interna: por su fertilidad se convirtió el Tigris en un río del paraíso y, como tal, fue el lugar de las visiones de Daniel.
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