Tabor
Este monte, antiguo lugar de culto, fue venerado como monte santo, como “lugar alto,” también por las contiguas tribus israelitas de Isacar, Zabulón y Neftalí. Por ello dice el profeta Oseas que sobre el Tabor “había tendida una red” (Ose 5:1).
El Tabor se eleva a 588 m de altitud, y es un monte de estructura uniforme, como una cúpula, al nordeste de la llanura de Yizreel. Durante todo el período bíblico estuvo cubierto de bosques, quedando despejada únicamente la altiplanicie (1200 x 400 m); sobre ella se asentaba una ciudad, que hay que considerar como marcadamente cultual (“lugar de peregrinación”). En el período helenístico-romano su nombre fue Atabyrion o Itabyrion, en el que se contiene el topónimo “Tabor” (¿nombre de un dios acádico llamado Tabira?). En el apócrifo Evangelio de los hebreos (hacia el 150 d.C.) habla Jesús: “En seguida me tomó mi madre, el Espíritu Santo, por un cabello y me trasladó de inmediato al gran monte Tabor.” Aunque esta extraña fórmula se refiere a la tentación de Jesús, influyó en la tradición del Tabor como monte de la transfiguración, sobre cuya posición y nombre nada dicen los Evangelios canónicos. Desde el siglo VI también se identifica a menudo el monte galilaico de la aparición del Resucitado (Mat 28:26) con el monte Tabor.
Pese a lo tardío de esa tradición, y aunque el Tabor estaba habitado, no se excluye como posible monte de la transfiguración. Las escenas subsiguientes al episodio y al descenso, ya al pie del monte, suponen un lugar dentro del territorio judío: Jesús halló a sus discípulos enzarzados en una disputa con los doctores de la Ley. Ello excluye casi con seguridad un monte en la región de Cesárea de Filipo o el Hermón, al que también se menciona a menudo como monte de la transfiguración. De todos modos, no puede demostrarse de modo seguro que el Tabor sea el monte de la transfiguración. No obstante, también el Tabor, pese a estar habitado, ofrecía calveros solitarios suficientes para tales conversaciones. Y solitaria era incluso la altiplanicie en el terreno que quedaba fuera de la muralla del asentamiento.
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