Santísimo Sacramento
Santísimo Sacramento o su expresión más reducida de «Santísimo» es una de las denominaciones que recibe el Sacramento de la Eucaristía y, con frecuencia, se aplica al pan y el vino que, en virtud del misterio de la Transubstanciación, cuando el sacerdote pronuncia las mismas palabras que Cristo dijo en su Última Cena, por la acción del Espíritu se hace presente Jesucristo de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad.
Cristo está presente de múltiples maneras en su Iglesia, en su Palabra, en la oración de su Iglesia, en los pobres, en los enfermos, los presos, en los sacramentos de los que es autor, pero sobre todo está presente bajo las especies eucarísticas. Esta presencia se denomina real, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fueran reales, sino por excelencia, porque es substancial, y, por ella, Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente.
La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. En ellas, la Iglesia rinde culto de adoración al Señor, tanto en el momento de la celebración del Santo Sacrificio, como en esos fragmentos de pan consagrado que, inicialmente, se guardaban para que pudieran comulgar los enfermos.
El sagrario o tabernáculo en el que se conservaban llegó a adquirir un protagonismo especial dentro de los templos y, en la actualidad, debe estar situado en un lugar particularmente digno que subraye y manifieste la verdad de esa presencia real de Cristo.
El Santísimo Sacramento, el Santísimo por excelencia, ha sido objeto de un culto señaladísimo. No se trata de una imagen, sino del propio Cristo hecho presente de manera misteriosa, pero real. A lo largo de la historia fueron surgiendo numerosas expresiones de esta devoción que, alcanzan uno de los puntos culminantes del año litúrgico en la fiesta del Corpus Christi.
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