Bautizo
Además del acto en sí de la celebración del Sacramento del Bautismo, se da este nombre a la fiesta que lo rodea. Fiesta familiar que, tradicionalmente, ha ido unida a una serie de costumbres en las que tenían especial protagonismo los padrinos. Solían ser ellos los que, acompañados por los familiares y amigos, conducían al niño a la parroquia. En esta ocasión, el neófito vestía el llamado «faldón de cristianar» y, en muchos lugares, a la salida de la celebración se entregaban peladillas, caramelos y otros dulces a los niños congregados.
Por analogía, se da el nombre de bautizo a otras ceremonias que nada tienen que ver con el sacramento. Así se hablaba del «bautizo de las campanas» para el que existe un rito establecido y también se aplicaba, en la botadura de los barcos, al momento en el que la madrina lanza sobre la proa la botella de vino espumoso con la que simbólicamente le confiere el nombre con el que será conocido.
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