Inocencio VIII (29 agosto 1484 - 25 julio 1492)
Personalidad y carrera eclesiástica. Juan Bautista Cibo nació en Genova el año 1432. Hijo de Araño Cibo y de Teodorina de Mari, patricia genovesa, pasó su juventud en la corte de Nápoles, en cuya ciudad trabajaba su padre en la administración de la justicia. Antes de entrar en el estado eclesiástico tuvo dos hijos ilegítimos: Teodorina y Francescheto. Estudió en Padua y Roma, y ordenado sacerdote Paulo II le confirió el obispado de Savona en 1467 que, en 1472, cambió por el de Molfetta, cerca de Bari. Gracias a la amistad con el nepote del papa Juliano della Rovere, el futuro Julio II, hizo una rápida carrera en la curia. En 1473 Sixto IV le creó cardenal del título de Santa Sabina, que poco después cambió por el de Santa Cecilia. A la muerte de Sixto IV, mientras se reanudaban en Roma las luchas entre los Orsini, que apoyaban al cardenal Borja, y los Colonna que sostenían a Della Rovere, se reunió el cónclave, y el 29 de abril de 1484 eligió papa al cardenal Cibo, gracias a los manejos de Della Rovere. El nuevo papa tomó el nombre de Inocencio VIII.
Era hombre de elevada estatura, dadivoso y de distinguido porte, indeciso y débil de carácter, pero tan afable que, al decir de Conti (Le storie de suoi tempi del 1474 al 1510, Roma, 1880), «nadie se iba descontento de él; acogía a todos con bondad y dulzura, y se mostraba amigo de nobles y plebeyos, de ricos y pobres». Fue dominado por el cardenal Della Rovere, que inspiró gran parte de sus actuaciones políticas.
La política pontificia. Al igual que sus antecesores, quiso organizar una cruzada contra los turcos, pero las discordias entre los príncipes cristianos lo impidieron. Aprovechó los enfrentamientos entre los hijos de Mohamed II y llegó a un acuerdo con el sultán Bayaceto (1481-1512) para retener en prisión al príncipe Hixem, que se había entregado a los cristianos al no poder derrocar a su hermano, recibiendo como recompensa la lanza que se creía había traspasado el costado de Cristo y un tributo anual de 40.000 escudos.
Con los reyes de Castilla y Aragón sólo tuvo un duro enfrentamiento por la provisión del obispado de Sevilla, que finalmente se sustanció a gusto de los monarcas. Después, los reyes consiguieron el privilegio de patronato y de presentación para todos los obispados y beneficios del reino de Granada (13 diciembre 1486), cuya conquista avanzaba con lentitud, pero con seguridad; de tal manera que cuando llegó a Roma la noticia de la caída de Granada, Inocencio VIII se dirigió procesionalmente a la iglesia de Santiago de la nación española, en plaza Navona, para decir una misa en acción de gracias y dar la bendición papal.
Confirmó al rey de Portugal los derechos que le habían sido concedidos por sus antecesores sobre Guinea y la costa occidental africana. Reconoció a Enrique VII Tudor como rey de Inglaterra (1485-1509), después de la guerra de las Dos Rosas, y aprobó su matrimonio con Isabel de York, hija de Eduardo IV (1461-1483), de cuyo matrimonio nacería Enrique VIII (1509-1547).
Más difíciles fueron sus relaciones con los príncipes italianos y, sobre todo, con Ferrante de Nápoles. El apoyo del papa a los barones napolitanos rebeldes contra el monarca desató la guerra, a la que se unió el rey de Hungría, por su parentesco con el monarca aragonés. El papa solicitó la ayuda francesa y se firmó la paz en septiembre de 1486, pero las relaciones no mejoraron y el papa excomulgó a Ferrante en 1489, ofreciendo el reino de Nápoles a Francia. En enero de 1492, ante la amenaza francesa, el rey se mostró más conciliador y se firmó la paz. Con el fin de romper su aislamiento y sanear las maltrechas finanzas pontificias, Inocencio VIII buscó la alianza de los Médicis. Casó a su hijo Francescheto con Magdalena, hija de Lorenzo de Médicis, con gran pompa en el Vaticano, y nombró cardenal al hijo del mismo, Juan, joven de trece años, ya abundantemente prebendado, y que más tarde sería papa León X.
En el Estado de la Iglesia el papa trató de gobernar apoyándose en las oligarquías locales. La familia Della Rovere continuó manteniendo el control del gobierno de la Iglesia, como había hecho con Sixto IV. Después de duros enfrentamientos, también los Orsini y los Colonna llegaron a un acuerdo que restableció su dominio en las regiones cercanas a Roma a costa del poder papal. Entre tanto la relajación de la curia pontificia continuó. Para hacer frente a los dispendiosos gastos, se recurrió a la venta de los oficios curiales, a incrementar el número de cargos y a aumentar el precio de los existentes.
En el campo religioso hay que recordar la bula Summis desiderantes affectibus (5 diciembre 1484), que concedía plenos poderes a la Inquisición para luchar contra la brujería y demás prácticas supersticiosas. El papa también condenó las novecientas tesis De omni re secibiiú que Pico de la Mirándola (1463-1494) extrajo de autores latinos, griegos, judíos y caldeos sobre lógica, moral, física y otras ciencias como contrarias al dogma.
Aunque no fue un gran mecenas de las artes, restauró en Roma muchas iglesias y en el Vaticano construyó un grandioso palacio para los oficiales de la curia. Murió el 25 de julio de 1492 en Roma y su cuerpo fue sepultado en la basílica de San Pedro, en un sepulcro de bronce construido por su nepote cardenal Lorenzo Cibo.
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