Inocencio X (15 septiembre 1644 - 7 enero 1655)
Personalidad y carrera eclesiástica. Juan Bautista Pamphili nació en Roma , el 6 de mayo de 1574. Hijo de Camilo y María Flaminia del Búfalo, pertenecía a una poderosa familia de la nobleza romana, aunque los Pamphili eran oriundos de Gubbio en la Umbría. Después de estudiar en el colegio romano con los jesuítas, cursó la carrera de derecho en la Universidad romana de la Sapienza, . consiguiendo el grado de doctor en ambos derechos (1597). Terminados los estudios, se ordenó sacerdote e inició una rápida carrera en la curia. En 1601 fue nombrado abogado consistorial y, en 1604, sucedió a su tío Jerónimo Pamphili como auditor del tribunal de la Rota, donde hizo amistad con el auditor de Bolonia Alejandro Ludovisi. Cuando éste fue elegido papa con el nombre de Gregorio XV (1621), le envió de nuncio a la corte de Nápoles y allí permaneció cuatro años. Bajo el pontificado de Urbano VIII acompañó, en calidad de consejero y datario, al joven cardenal nepote Francisco Barberini en su legación a Francia y España (1625). El 19 de enero de 1626 fue nombrado patriarca de Antioquía y el 30 de marzo nuncio en España. Creado cardenal in pectore el 30 de agosto de 1627, no se hizo público hasta el 19 de noviembre de 1629. En 1630 volvió a Roma y desempeñó la prefectura de la Congregación del Concilio.
En el cónclave que se reunió a la muerte de Urbano VIII (1644) la mayoría de los purpurados estaban agrupados en dos partidos: el hispano-austríaco, que era contrario a la política que Urbano VIII había seguido en la guerra de los Treinta Años; y el francés, dirigido por Antonio Barberini y apoyado por París. Después que España puso la exclusiva al cardenal Sacchetti, propuesto por Francisco Barberini y grato a Francia por ser amigo de Mazarino (1602-1661), se llegó a un acuerdo entre los dos cardenales Barberini y el partido español, proponiendo al cardenal Pamphili como candidato, sin esperar a que el embajador de Francia consultara con su gobierno. El 14 de septiembre de 1644 el cónclave eligió papa al cardenal Pamphili, un anciano de 72 años, que tomó el nombre de Inocencio X en recuerdo de Inocencio VIII que había favorecido a su familia cuando se estableció en Roma. Fue coronado el 4 de octubre y el 23 de noviembre tomó posesión de San Juan de Letrán. Diego de Velázquez (1599-1660) pintó en 1650 un maravilloso retrato de este pontífice, fuertemente realista y veraz. La mirada es inquisitiva y la expresión de los labios entre desconfiada y socarrona.
El gobierno de la Iglesia. Inocencio X quiso continuar la política de nepotismo que habían practicado sus antecesores, nombrando a un miembro de su familia cardenal nepote. Pero, como escribe Pastor Historia de los papas, XXX, pp. 33-35), «la desgracia del papa Pamphili fue que el único miembro de su familia que poseía las cualidades necesarias para ocupar aquel cargo era una mujer», su cuñada Olimpia Maidalchini, casada con el hermano mayor del papa, ya difunto. A los pocos días de su elección, el 14 de noviembre, Inocencio X nombró cardenal al hijo mayor de Olimpia, Camilo Pamphili, y dejó prácticamente en sus manos el gobierno de la Iglesia, aunque le asoció como secretario de Estado al cardenal Panciroli, que hasta 1651 asumió la dirección de los asuntos más importantes de la Iglesia y del Estado. Pero Camilo renunció al cardenalato el 21 de enero de 1647 para poder casarse con Olimpia Aldobrandini, sobrina de Clemente VIII y viuda de Paulo Borghese, y cayó en desgracia. Desde 1647 hasta 1651, Inocencio X otorgó todas las prerrogativas de cardenal nepote a dos familiares de su cuñada Olimpia (Francisco Maidalchini y Camilo Astalli), que fueron incapaces de desarrollar sus funciones. A la muerte del cardenal Panciroli (1651), la incapacidad del cardenal nepote Camilo Astalli hizo necesario el nombramiento de un nuevo secretario de Estado y, por consejo del cardenal Spada, Inocencio X confió este cargo a Fabio Chigi, futuro Alejandro VII, al que nombró cardenal el 10 de febrero de 1652. La degradación que el nepotismo, como sistema familiar de gobierno, alcanzó en el pontificado de Inocencio X, fue decisiva para que desapareciera y, desde mediados del siglo xvii, cobró fuerza la figura del cardenal secretario de Estado como responsable del gobierno.
La política religiosa. Al inicio de su pontificado, Inocencio X tuvo un conflicto con Francia porque Mazarino (1602-1661), que no había aprobado su candidatura, retiró al embajador francés de Roma. El pontífice replicó haciendo una promoción cardenalicia de signo antifrancés (6 marzo 1645) y exigió cuentas a los sobrinos de Urbano VIII por los excesivos gastos durante la guerra contra los Farnese para apoderarse del ducado de Castro. El cardenal Antonio Barberini y sus hermanos huyeron a Francia y fueron recibidos con todos los honores en la corte. La cercanía de las tropas francesas a las posesiones del príncipe Ludovisi, sobrino de Inocencio X, forzaron al papa a ceder a las peticiones francesas. El embajador francés volvió a Roma el 24 de mayo de 1647, nombró cardenal a un hermano de Mazarino y se autorizó volver a los Barberini, devolviéndoles sus bienes y dignidades.
Sin embargo, el acontecimiento más importante del pontificado de Inocencio X fue la conclusión de la paz de Westfalia en 1648, que puso fin a la guerra de los Treinta Años y sancionó el fin del predominio de los Austrias, además de presentar importantes cláusulas religiosas que sellaron definitivamente la división religiosa del Imperio y privaron a la Iglesia católica de un buen número de obispados y abadías y de muchos bienes eclesiásticos. La paz de Westfalia supuso un pequeño paso hacia la tolerancia, pues reconoció el derecho aún limitado de practicar una religión distinta de la oficial. Esta paz constituyó ciertamente la superación de la tradicional postura de los católicos, al emparejarlos jurídica y socialmente con los luteranos y los calvinistas. Y ésta es la razón por la que Inocencio X protestó con el breve Zelus domus Dei (20 noviembre 1648), «para que los derechos de la misma [la Iglesia católica] no sufran daño alguno de parte de los que buscan antes su propio provecho que la gloria de Dios». El tono de la bula era duro, no admitía réplicas; declaraba nulos los tratados en todas las cláusulas contrarias a la Iglesia y subrayaba el valor perpetuo de la condenación. Pero nadie, ni siquiera las potencias católicas, hizo demasiado caso de esta protesta y el papado se vio precisado a aceptar gradualmente, de hecho, la situación que tan clamorosamente había condenado.
La política religiosa del pontífice se centró en el apoyo a las misiones, en la reducción de conventos en Italia y en su intervención en la disputa sobre el jansenismo. La congregación De Propaganda Fide impulsó el esfuerzo misionero que se desarrollaba en los países asiáticos, pero en contra del parecer de los jesuítas, condenó la licitud de los ritos chinos, dando origen al problema de los ritos chinos y malabares. Inocencio X llevó a cabo en Italia un proyecto de reforma monástica, decretando la supresión de los monasterios y conventos que, por el escaso número de religiosos, no pudiesen observar la disciplina regular conforme a las constituciones de cada orden, facultando a los obispos para que aplicasen las rentas de los conventos suprimidos a otros fines religiosos.
La controversia jansenista, lejos de apagarse con la condena que Urbano VIII hizo del Agustinus en la bula Eminenti (1642), fue encendiéndose cada vez más. Ochenta y ocho obispos, instigados por san Vicente de Paúl, en contraposición con el parlamento de París, solicitaron de la Santa Sede un examen a fondo de cinco tesis que, según el síndico de la Facultad de Teología de la Sorbona, estaban contenidas en el Agustinus y resumían su doctrina. Tras un largo examen que duró dos años, el 31 de mayo de 1653 Inocencio X condenó como heréticas las cinco tesis. Las tesis censuradas se referían sólo al aspecto dogmático del jansenismo que, por otra parte, era la raíz y fundamento del moral. Los jansenistas, lejos de someterse y no queriendo aparecer como rebeldes, recurrieron a diversas estratagemas (L. Cognat, Le Jansénisme, París, 1961).
Como soberano de los Estados Pontificios, Inocencio X afianzó el poder absoluto y ensanchó sus dominios, con la incorporación del ducado de Castro, que ya pretendió su antecesor. En Roma supo conservar la paz con sabias disposiciones y la organización de una poderosa policía.
Aunque no fue un gran mecenas, enriqueció artística y urbanísticamente la ciudad de Roma. Confirmó en su oficio de arquitecto de San Pedro a Bernini, que pavimentó la nave central con mosaico de mármoles multicolores. Otro artista genial, Borromini (1599-1667), dejó huellas inmortales en la basílica de San Juan de Letrán, que renovó, y sobre todo en la nueva iglesia de Santa Inés de plaza Navona. Precisamente Bernini enriqueció esta plaza con la fuente de los cuatro ríos: sobre una escollera colocada en medio de un estanque se alza atrevidamente un obelisco; en su entorno, cuatro colosales estatuas personifican los cuatro ríos del mundo: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el río de la Plata; y bestias feroces salen de sus grutas rocosas para beber. A un lado de la plaza Reinaldi reconstruyó el palacio Pamphili, que, aun con las bellas pinturas de Pietro de Cortona, no pudo competir con otros palacios romanos. En cambio, la Villa Pamphili que el cardenal nepote mandó construir en la cima del Gianicolo, con su soberbio parque, su jardín secreto, sus caprichosos parterres y su espléndida decoración, no cedía a ninguna otra en magnitud y magnificencia.
Inocencio X murió en Roma el 4 de enero de 1654, a los 81 años. Su cadáver estuvo expuesto algunas horas en la basílica de San Pedro, según costumbre, pero como nadie se hizo cargo de él lo retiraron a una estancia oscura, donde los albañiles guardaban sus herramientas. Más tarde se le preparó un modesto sepulcro en la iglesia de Santa Inés de plaza Navona. Con su muerte, el papado de la Contrarreforma llegó a su fin.
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