Profesión
El perfil ético dominante de la profesión autoriza y exige también una lectura religiosa o teológica de la misma. De ese modo podremos aclarar su sentido más profundo y comprender la razón del interés que la Iglesia tiene por ella. Por estar esencialmente orientada hacia el servicio, la profesión es, de hecho, una forma eminente de realizar la caridad cristiana, es decir, el fundamental mandamiento de Dios. Para el término «profesión», la etimología parece sugerir que su ejercicio es un modo privilegiado y público de realizar nuestra vocación, la respuesta personal a la Palabra o a la llamada de Dios, y de ese modo la razón última y verdadera de nuestra existencia en el tiempo. La Iglesia conoce también el término «profesión de fe», como testimonio público de los valores a los que se adhiere profundamente. La profesión resulta ser así el lugar propicio para cultivar no solamente una auténtica comunicación personal y social, sino una auténtica comunicación religiosa. Se intuye, además, que las dos clases de comunicación —social y religiosa— no se acercan simplemente de manera extrínseca, sino que se compenetran condicionándose mutuamente.
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