Prevenir
Tenemos que esforzarnos, sobre todo, en prevenir que los jóvenes acaben en la cárcel. Para ello hay que hacer un esfuerzo en todos los ambientes para prevenir la delincuencia, eliminando sus causas; promoviendo leyes y actividades a favor del bien común; educando con nuestra presencia a niños, adolescentes y jóvenes. Y cuando conocemos a un joven que se ha desviado, antes de juzgarle y condenarle, busquemos el porqué de su conducta, intentemos revivir su historia: miseria económica y moral, falta de sentido en la vida, ignorancia, paro, amarga experiencia de la ley del más fuerte, una vida sin guía y desarraigada del entorno, etc. No podemos seguir viviendo en nuestro egoísmo individualista, indiferentes ante las dificultades de los demás, delegando siempre nuestros compromisos personales en los profesionales o en los políticos, etc. Tenemos que salir de la tentación de considerar la caridad como algo ineficaz y contrario a un auténtico crecimiento social. Es una tentación más frecuente de lo que pensamos: en efecto, son muchas las personas que, cuando se les habla de la caridad, dicen que eso no fomenta la paz social, al contrario, favorece la pereza y la falta de compromiso: y así rechazan, a veces con ironía, este único medio de promoción social que va más allá de la mera venganza y autodefensa.
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