Presencia
Dios es ei horizonte necesario de todo io que somos y de todo lo que hacemos. Dios es, a la vez, el centro, el corazón de toda realidad, por tanto todo está en éi y él está en todo. Y Jesús, Hijo de Dios, siendo él mismo Dios, es el horizonte de toda la historia, de toda nuestra vida, de cada jornada. Jesús resucitado está aquí en medio de nosotros como centro vivo de nuestro ser Iglesia. Está en nosotros, no con el poder de los milagros (que ha ido realizando de una manera muy parca y moderada) sino con la constante presencia —invisible y misteriosa, propia de! misterio de Dios— de esa aura suave y casi imperceptible que es el misterio de Dios, y que, sin embargo, aquellos que han nacido de Dios saben captar. Jesús está presente en su palabra proclamada en la Escritura y en la voz de la Iglesia. Por tanto, cuando escuchamos esta palabra, estamos en comunión real con el Resucitado y nuestro corazón salta de alegría porque siente esta íntima consonancia, esta relación inquebrantable que se ha instaurado entre nosotros y Jesús resucitado, y que la Palabra de Dios proclamada continuamente despierta, como una poderosa corriente eléctrica, haciendo vibrar nuestro corazón por dentro. Jesús está en nosotros cada vez que recibimos los sacramentos, cada vez que realizamos esos gestos y esas palabras sencillas en las que él se hace sentir vivo y resucitado. Jesús está en el corazón de cada hombre que cree y que espera, está en el corazón de la humanidad, que le pertenece, en el corazón de su Iglesia. Jesús está donde se le celebra y se le ama; donde hay dos o tres reunidos en su nombre; está en los más pequeños, en los enfermos, en los presos, en los marginados, en ei extranjero solo y sin recursos; en aquellos que se ven abandonados y desamparados, en los pueblos más pobres de la tierra, en las familias donde hay sufrimientos, rechazo, incapacidad de aguantarse, dolor. Jesús entra en cada sufrimiento y puede confortarlo y transformarlo con la fuerza de su Espíritu Santo. Esto es lo que significa: «¡Hemos visto al Señor!».
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