Providencia
Todos los acontecimientos tienen un significado, y puede que no podamos descubrir inmediara7 mente lo que significan, pero podemos aceptarlos sabiendo que ciertamente tienen este sentido: Dios me ama y me guía. Reconocer que Dios me educa quiere decir reconciliarme conmigo mismo y con mi vida, con los dones que tengo y con los que no tengo, con los que querría tener, con aquello que he perdido y con el poco camino que quizá haya hecho. Reconciliarme con mi vida porque en ella Dios me está guiando, Dios continuamente recompone las situaciones erróneas, sean pequeñas o grandes. Por tanto, a pesar de mis negligencias, mi vida es llevada ante Dios y, en su plan de amor —dinámico y siempre renovado— toda mi historia tiene un sentido. De la paz con nosotros mismos surge la paz con la Iglesia tal y como es, con las personas que me rodean, con la sociedad, con la historia: todo conduce al bien para aquellos que aman a Dios. La Escritura da testimonio de esta verdad; para los judíos tenía sentido el triunfo del reino de David y la decadencia de Salomón, tenía sentido la deportación y el hecho de vivir entre los paganos, y tenía sentido el regreso del exilio. Para mí tiene sentido esta vida con sus contradicciones y sus desgarros, con sus luces y sus sombras. Dios me conduce siempre hacia la purificación del corazón, la madurez de la fe, la semejanza con Cristo.
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