Mateo 24
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Salió Jesús del Templo y, cuando se alejaba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las edificaciones del Templo.
2Pero él les dijo: «¿Veis todo esto? Os lo aseguro: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea destruida».
3Estando sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a solas los discípulos y le preguntaron: «Dinos, ¿cuándo ocurrirán estas cosas, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?»
4Jesús les respondió: «Mirad que nadie os engañe.
5Pues muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos.
6Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerras. Mirad, no os turbéis porque es preciso que suceda esto, pero todavía no es el fin.
7Pues se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares.
8Todo eso, sin embargo, es solo el comienzo de los dolores.
9Entonces os entregarán a los tormentos y a la muerte, y seréis aborrecidos de todos los pueblos a causa de mi nombre.
10Y muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y se odiarán unos a otros.
11Surgirán muchos falsos profetas que engañarán a muchos.
12Y, al crecer la maldad, se enfriará la caridad de muchos.
13Pero quien persevere hasta el fin, ese se salvará.
14Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo, en testimonio para todas las naciones. Y entonces vendrá el fin».
15«Por tanto, cuando veáis la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, establecida en el lugar santo —quien lea, entienda—,
16entonces quienes estén en Judea huyan a los montes,
17quien esté en el terrado no baje a tomar nada de su casa,
18y quien esté en el campo no vuelva a tomar su manto.
19¡Ay de las que estén encintas o de las que estén criando en aquellos días!
20Orad, pues, para que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado.
21Porque habrá entonces una tribulación tan grande como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.
22Y si no se acortasen tales días, nadie se salvaría; pero por los elegidos se abreviarán aquellos días.
23Entonces, si alguien os dice: “Mirad, el Cristo está aquí o allá”, no lo creáis.
24Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes signos y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los mismos elegidos.
25Mirad que os lo he avisado.
26Por tanto, si os dicen: “Mira que está en el desierto”, no salgáis; “ahí, en un lugar escondido”, no lo creáis.
27Pues igual que el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
28Dondequiera que esté el cuerpo, allí se reunirán las águilas».
29«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo y las potestades de los cielos se tambalearán.
30Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y en ese momento todas las tribus de la tierra gemirán y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
31Y enviará a sus ángeles, que al son de potente trompeta, reunirán a sus elegidos de los cuatro vientos, de uno al otro extremo de los cielos.
32Aprended de la higuera esta parábola. Cuando sus ramas están ya tiernas y echan hojas, sabéis que el verano se acerca.
33Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas.
34Os lo aseguro: no pasará esta generación hasta que todas estas cosas se cumplan.
35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
36«Sin embargo, acerca de aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre.
37Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
38Pues como en los días que precedieron al diluvio comían y bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día que entró Noé en el Arca,
39y no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio que los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.
40Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado.
41Dos molerán juntas: una será tomada y la otra dejada.
42Velad, pues, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor.
43Sabed bien esto: si supiera el padre de familia a qué hora iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que penetrase en su casa.
44Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre».
45«¿Quién pensáis que es el siervo fiel y prudente a quien su amo puso al frente de la servidumbre para darles el alimento a su tiempo?
46Dichoso aquel siervo a quien, al llegar su amo, encuentre haciéndolo así.
47Os aseguro que lo pondrá al frente de toda su hacienda.
48Pero si el mal siervo dijera en su corazón: “Mi amo tarda”,
49y comenzara a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos,
50vendrá el señor de ese siervo el día que menos lo espere y a una hora desconocida,
51y le separará y le asignará su suerte con los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes».