Mateo 25
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1«Entonces será semejante el reino de los cielos a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.
2Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes.
3Pero las necias al tomar sus lámparas no llevaban aceite consigo,
4mientras que las prudentes tomaron aceite en las alcuzas, junto con sus lámparas.
5Como tardase el esposo en llegar, les entró sueño a todas y se durmieron.
6A medianoche se oyó vocear: “¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!”
7Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y arreglaron sus lámparas.
8Las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”.
9Las prudentes respondieron: “Mejor es que vayáis a los vendedores y lo compréis, no vaya a ser que no baste para nosotras y vosotras”.
10Mientras fueron a comprarlo, vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.
11Al fin llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, Señor, ábrenos!”
12Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”.
13Vigilad, pues, porque no sabéis el día ni la hora».
14«Es como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les confió sus bienes.
15A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno: a cada uno según su capacidad; y se marchó. Inmediatamente
16se fue el que había recibido cinco talentos, se puso a trabajar con ellos y ganó otros cinco.
17De igual modo el que había recibido dos, ganó otros dos.
18Pero el que había recibido uno solo se fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor.
19Después de mucho tiempo, regresó el amo de aquellos siervos y les pidió cuentas.
20Llegado el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me entregaste, he aquí otros cinco que he ganado”.
21Su amo le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor”.
22Se acercó también el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me entregaste, he aquí otros dos que he ganado”.
23Díjole su amo: “Bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor”.
24Se acercó por fin el que había recibido un solo talento y dijo: “Señor, sé que eres hombre exigente, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste.
25Tuve por eso miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo tuyo”.
26Le respondió su señor y le dijo: “¡Siervo malo y holgazán! Sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido.
27Debías por esto haber dejado mi dinero a los banqueros, y al volver yo hubiera recibido lo mío con intereses.
28Quitadle, por tanto, el talento y dádselo al que tiene diez.
29Porque a todo el que tenga se le dará y abundará; pero al que no tenga, aun lo que tiene, se le quitará.
30Y al siervo inútil arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el rechinar de dientes”».
31«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en el trono de su gloria.
32Serán congregadas ante él todas las gentes, y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
33y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.
34Entonces dirá el rey a los que estén a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era peregrino, y me acogisteis;
36estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; preso, y vinisteis a verme.
37Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber?
38¿Cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?
39¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”
40Y el rey les dirá: “En verdad os digo: cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.
41Entonces dirá también a los que estén a la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles.
42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber;
43era peregrino, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”.
44Entonces dirán también estos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos?”
45Entonces les responderá: “En verdad os digo: cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo”.
46E irán estos al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna».