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Mateo 23

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Entonces habló Jesús a la multitud y a sus discípulos,

2diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.

3Haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis según sus obras, porque ellos dicen y no hacen.

4Pues atan cargas pesadas e insoportables y las echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.

5Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres: ensanchan sus filacterias y alargan sus franjas;

6buscan los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas;

7y los saludos en las plazas y ser llamados “Rabbí” (Maestro) por los hombres.

8Pero vosotros no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos.

9Y a nadie llaméis “Padre” en la tierra porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

10Ni os dejéis llamar “Maestro”, porque uno solo es vuestro Maestro, Cristo.

11El mayor entre vosotros sea vuestro servidor.

12Pues quien se exalte, será humillado; y quien se humille, será exaltado.»

13«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el reino de los cielos a los hombres! ¡Porque ni vosotros entráis ni dejáis entrar a los que intentan pasar!

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15¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un solo prosélito y, una vez convertido, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros!

16¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Si uno jura por el Templo no es nada; pero quien jura por el oro del Templo, queda obligado”.

17¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el Templo que santifica al oro?

18Decís también: “Jurar por el altar no es nada; pero si uno jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado”.

19¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda?

20Pues quien jura por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él;

21quien jura por el Templo, jura por él y por aquel que lo habita;

22y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado sobre él.

23¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero abandonáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Es preciso hacer estas cosas, pero sin omitir aquellas.

24¡Guías ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello!

25¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro quedan llenos de rapiña e inmundicia.

26¡Fariseo ciego, limpia primero el interior de la copa, para que también por fuera quede limpia!

27¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que sois semejantes a sepulcros blanqueados, de hermosa apariencia por fuera, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda podredumbre!

28Así también vosotros: por fuera parecéis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

29¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y adornáis las tumbas de los justos;

30y decís: “Si hubiéramos vivido en tiempos de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la sangre de los profetas”!

31Con esto atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas.

32Completad también vosotros la medida de vuestros padres.

33¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podréis escapar a la condenación del infierno? Por esto, he aquí que os envío profetas, sabios y escribas:

34a unos los mataréis y crucificaréis; a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad,

35para que caiga sobre vosotros toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que matasteis entre el templo y el altar.

36Os lo aseguro: todo esto caerá sobre esta generación».

37«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido!

38He aquí que vuestra casa va a quedar desierta.

39Pues os digo que ya no me veréis hasta que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”»

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