Mateo 22
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Tomó Jesús de nuevo la palabra y les habló en parábolas, diciendo:
2«El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo.
3Envió sus criados a llamar a los invitados a las bodas, pero no quisieron venir.
4Envió de nuevo a otros criados, diciéndoles: “Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado mis toros y reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas”.
5Pero ellos no hicieron caso y se fueron, uno a su casa de campo, otro a su negocio;
6los demás se apoderaron de los criados, los maltrataron y los mataron.
7Entonces el rey montó en cólera y, enviando sus tropas, acabó con aquellos homicidas e incendió su ciudad.
8Luego dijo a sus criados: “Las bodas están preparadas, pero los que estaban invitados no han sido dignos.
9Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a cuantos encontréis invitadlos a las bodas”.
10Salieron los criados a los caminos y reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos; y la sala de bodas se llenó de invitados.
11Entró el rey para ver a los invitados, y vio allí a un hombre que no tenía traje de boda,
12y le dijo; “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda?” Pero él calló.
13Entonces el rey dijo a los criados: “Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas exteriores: allí habrá llanto y rechinar de dientes”.
14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
15Retirándose entonces los fariseos deliberaron sobre el modo de sorprenderle en alguna palabra.
16Y le enviaron sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero, enseñas de verdad el camino de Dios, y no te dejas llevar de nadie, porque no haces acepción de personas.
17Dinos, por tanto, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo al Cesar, o no?»
18Pero, conociendo Jesús su malicia, respondió: «¿Por qué me tentáis, hipócritas?
19Enseñadme la moneda del tributo». Y ellos le mostraron un denario.
20Díjoles: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?»
21Le responden: «Del Cesar». Entonces les dijo: «Pues dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios».
22Al oírlo, se quedaron admirados y, dejándole, se fueron.
23Aquel día se acercaron a él unos saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
24«Maestro, Moisés dijo: “Si alguno muere sin tener hijos, que su hermano se case con la viuda para dar descendencia a su hermano ” ».
25Pues bien, había entre nosotros siete hermanos; el primero se casó y murió y, no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.
26Lo mismo el segundo y el tercero, hasta siete.
27Después de todos ellos murió la mujer.
28En la resurrección, ¿de cuál de los siete será la mujer?, porque todos la uvieron»
29Jesús les respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios.
30Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como ángeles en el cielo.
31Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que Dios ha dicho:
32“Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos».
33La gente, al oírlo, se admiraba de su doctrina.
34Al oír los fariseos que había hecho callar a los saduceos, se reunieron a su alrededor,
35y uno de ellos, doctor de la Ley, le preguntó, para tentarle:
36«Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la Ley?»
37Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente”.
38Este es el gran mandamiento y el primero.
39El segundo es semejante a este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
40De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los profetas».
41Encontrándose reunidos los fariseos, les preguntó Jesús:
42«¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David».
43Les dijo: «Pues, ¿cómo David movido por el Espíritu, le llama Señor, al decir:
44“Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies”?
45Pues si David le llama Señor, ¿cómo va a ser hijo suyo?»
46Nadie podía responderle palabra; y desde aquel día nadie se atrevió a preguntarle más.