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Mateo 21

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Después de haberse acercado a Jerusalén y tras llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos,

2diciéndoles: «Id a la aldea que está en frente de vosotros y encontraréis en seguida una burra atada, y con ella su pollino; desatadlos y traédmelos.

3Si alguien os dice algo, decid: “El Señor los necesita”, y al instante los soltará».

4Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el profeta, que dice:

5«Decid a la hija de Sión: he aquí que tu Rey viene a ti, manso y sentado sobre una burra y sobre un pollino, hijo de animal subyugado».

6Fueron los discípulos e hicieron como Jesús les ordenó;

7y trajeron la burra y el pollino, pusieron sobre ellos los mantos, y se sentó sobre ellos.

8Una numerosa muchedumbre extendía sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y con ellas alfombraban el recorrido.

9Y la gente que iba delante y detrás de él, clamaba: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

10Después de entrar en Jerusalén, la ciudad entera se conmovió, y decían: «¿Quién es este?»

11Las gentes respondían: «Este es Jesús, el profeta, el de Nazaret de Galilea».

12Entró Jesús en el Templo e iba arrojando a todos los que estaban vendiendo y comprando en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.

13Y les decía: «Escrito está: “Mi casa será llamada casa de oración”, pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de ladrones».

14En el Templo se le acercaron algunos ciegos y cojos, y los curó.

15Pero los sumos sacerdotes y escribas, al ver los milagros que hacía y a los niños que aclamaban en el Templo diciendo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron

16y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?» Jesús les respondió: «Sí. ¿Nunca leísteis: “De la boca de los niños y de los lactantes te preparaste alabanza”?»

17Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y se quedó allí.

18Al amanecer, cuando regresaba a la ciudad, sintió hambre.

19Viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró en ella más que hojas. Díjole: «Nunca más brote fruto de ti». Y la higuera se secó al instante.

20Al verlo los discípulos, se admiraron y decían: «¿Cómo se ha secado tan de repente la higuera?»

21Jesús les respondió: «Os lo aseguro: si tenéis fe y no dudáis, no solo haréis lo de la higuera, sino que si decís a este monte: “Quítate y échate al mar”, se hará.

22Todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis».

23Cuando llegó al Templo, se le acercaron, mientras enseñaba, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo: «¿Con qué poder haces estas cosas? ¿Y quién te dio esa potestad?»

24Jesús les respondió: «Yo también os haré una pregunta; si me la contestáis, os diré con qué poder hago estas cosas.

25El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» Pero ellos discurrían entre sí diciendo: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “Entonces, ¿por qué no creísteis en él?”

26Y si decimos “de los hombres”, tenemos miedo de la gente, pues todos tienen a Juan por profeta».

27Y contestaron a Jesús: «No lo sabemos». Entonces les respondió: «Tampoco yo os digo con qué poder hago estas cosas».

28«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.

29Él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.

30Se dirigió al segundo y le dijo lo mismo, y este respondió: “Voy, señor”; pero no fue.

31¿Cuál de los dos hizo la voluntad del Padre?» Le contestaron: «El primero». Díjoles Jesús: «En verdad os digo: los publicanos y las meretrices os precederán en el reino de Dios.

32Porque vino Juan a vosotros por el camino de la justicia y no creísteis en él; en cambio, los publicanos y las meretrices le creyeron. Pero vosotros, ni aun viendo esto, os habéis arrepentido para poder creerle».

33«Escuchad otra parábola: Había un hombre, padre de familia, que plantó una viña, la cercó, cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

34Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para recibir los frutos.

35Pero los labradores agarraron a los criados y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon.

36Envió de nuevo otros criados, en mayor número que los primeros, pero hicieron con ellos lo mismo.

37Finalmente, les envió a su hijo, diciéndose: “Respetarán a mi hijo”.

38Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Este es el heredero. Venid, matémosle y quedémonos con su heredad”.

39Lo prendieron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.

40Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

41Le respondieron: «A esos malvados los hará perecer de mala muerte y arrendará la viña a otros labradores que le paguen los frutos a su tiempo».

42Jesús les dice: «¿Acaso no habéis leído en las Escrituras: “La piedra que rechazaron los constructores, esa vino a ser piedra angular, fue el Señor quien lo dispuso y es admirable a nuestros ojos”?

43Por eso os digo que os será quitado el reino de Dios y será dado a un pueblo que rinda sus frutos.

44Y quien caiga sobre esta piedra se destrozará, y aquel sobre quien ella caiga, se hará pedazos».

45Al oír los sumos sacerdotes y los fariseos sus parábolas, comprendieron que iba por ellos.

46Y aunque deseaban echarle mano, temieron a las gentes, pues lo tenían por profeta.

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