Mateo 20
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1«El reino de los cielos es semejante a un propietario que salió muy de mañana a contratar jornaleros para su viña.
2Habiendo ajustado con los jornaleros en un denario al día, los envió a su viña.
3Salió también hacia la hora tercia y vio a otros que estaban en la plaza parados,
4y les dijo: “Id también vosotros a la viña y os daré lo que sea justo”.
5Ellos fueron. Salió de nuevo hacia la hora sexta y a la nona, e hizo lo mismo.
6Salió cerca de la hora undécima y encontró a otros que estaban parados, y les dijo: “¿Por qué estáis ahí ociosos todo el día?”
7Le contestan: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña”.
8Después de atardecer, dice el propietario de la viña a su administrador: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta llegar a los primeros”.
9Fueron los de la hora undécima y recibieron un denario cada uno.
10Llegaron los primeros y pensaron que cobrarían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
11Al recibirlo, murmuraban contra el propietario,
12diciendo: “A estos últimos, que trabajaron una sola hora, los ha equiparado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor”.
13Pero él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago injusticia alguna. ¿No te ajustaste conmigo en un denario?
14Toma lo tuyo y vete pues yo quiero dar a este último lo mismo que a ti.
15¿O es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O tu ojo es malo porque yo soy bueno?”
16Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos».
17Cuando Jesús subía camino de Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos y les dijo:
18«Mirad, subimos a Jerusalén y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas, le condenarán a muerte y
19le entregarán a los gentiles para burlarse de él, azotarlo y crucificarlo, pero al tercer día resucitará».
20Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para pedirle algo.
21Él le preguntó: «¿Qué quieres?» Díjole ella: «Di que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
22Respondió Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?» Le dijeron: «Podemos».
23Les respondió: «Mi cáliz lo beberéis, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».
24Al oírlo, los diez se indignaron contra los dos hermanos.
25Pero Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los que gobiernan las naciones las subyugan y que los grandes las avasallan.
26No ha de ser así entre vosotros, sino que quien quiera ser grande entre vosotros será vuestro servidor,
27y quien quiera ser primero entre vosotros, será vuestro siervo.
28Del mismo modo que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención por muchos».
29Cuando salían de Jericó le seguía una gran muchedumbre.
30En esto, dos ciegos sentados junto al camino oyeron que pasaba Jesús, y gritaron: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!»
31La multitud les reprendía para que callasen; pero ellos gritaban con más fuerza, diciendo: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!»
32Jesús se detuvo, los llamó y les dijo: «¿Qué queréis que os haga?»
33Le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos».
34Compadecido Jesús, tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista y le siguieron.