Mateo 19
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Y sucedió que, después de haber terminado Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
2Le siguió una gran muchedumbre, y allí los curó.
3Se le acercaron unos fariseos que, para tentarlo, le preguntaron: «¿Es lícito que el hombre repudie a su mujer por cualquier motivo?»
4Él respondió: «¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra,
5y que dijo: “Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”?
6De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre».
7Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés ordenó dar libelo de repudio y despedirla?»
8Les respondió: «Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres por la dureza de vuestro corazón, pero al principio no fue así.
9Por esto, os digo que quien repudia a su mujer, a no ser en caso de concubinato, y se casa con otra, adultera».
10Dícenle los discípulos: «Si tal es la condición del hombre con respecto a su mujer, no tiene cuenta casarse».
11Él les respondió: «No todos entienden estas palabras, sino aquellos a quienes les ha sido concedido.
12Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; los hay que fueron hechos eunucos por los hombres, y los hay que se castraron a sí mismos por el reino de los cielos. Quien pueda entender, que entienda».
13Entonces le presentaron unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reprendían.
14Jesús les dijo: «Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí, porque de estos es el reino de los cielos».
15Y después de haberles impuesto las manos se fue de allí.
16En esto, se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué cosa buena he de hacer para alcanzar la vida eterna?»
17Él le respondió: «¿Por qué me preguntas sobre lo bueno? Uno solo es el bueno. Si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientos».
18Le pregunta: «¿Cuáles?» Respondió Jesús: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio,
19honra a tu padre y a tu madre, y ama al prójimo como a ti mismo».
20El joven le dice: «Todo esto lo he guardado. ¿Qué más me falta?»
21Jesús le responde: «Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme».
22Al oír el joven estas palabras se marchó triste, porque tenía muchos bienes.
23Jesús dijo entonces a sus discípulos: «En verdad os digo: qué difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
24De nuevo os digo: más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos».
25Al oír esto, los discípulos se quedaron muy asombrados y decían: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
26Mirándolos Jesús con atención, les dijo: «Para los hombres esto es imposible; sin embargo, todo es posible para Dios».
27Pedro tomó la palabra y le dijo: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué será de nosotros?»
28Y Jesús le respondió: «Os lo aseguro: vosotros, los que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
29Y todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campo por mi nombre, recibirá el ciento por uno y gozará de la vida eterna.
30Porque muchos primeros serán últimos; y los últimos, primeros».