Hebreos 5
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Porque todo sumo sacerdote, elegido de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres para las cosas relativas a Dios, para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados,
2para que pueda compadecerse de los ignorantes y extraviados, porque también él está rodeado de flaqueza;
3y a causa de ella debe ofrecer sacrificios por sus pecados, así como por los del pueblo.
4Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, como Aarón.
5Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo para constituirse Sumo Sacerdote, sino el que le dijo: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy».
6Como dice también en otro lugar: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec».
7El cual, ofreciendo en los días de su vida mortal oraciones y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su piedad.
8Y, aun siendo Hijo, aprendió por lo que padeció la obediencia;
9y al ser consumado, se convirtió para todos los que le obedecen en causa de salud eterna,
10proclamado por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.
11Sobre él tenemos muchas cosas que decir, aunque difíciles de explicar, porque os habéis hecho duros de oídos.
12Pues aunque debíais ser ya maestros en razón del tiempo pasado, todavía necesitáis que os instruyan en los primeros rudimientos de los oráculos de Dios; y os hicisteis tales, que tenéis necesidad de leche en vez de alimento sólido.
13Pero todo el que se alimenta de leche desconoce la doctrina de la justicia, puesto que es niño.
14El alimento sólido, en cambio, es para los perfectos, que por la costumbre tienen ejercitadas las facultades en el discernimiento del bien y del mal.