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Hebreos 4

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Temamos, pues, no sea que permaneciendo la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros sea juzgado falto.

2Pues también nosotros hemos recibido este mensaje, lo mismo que ellos; pero a ellos no les sirvió haber oído la palabra, pues no se adhirieron en la fe a aquellos que la habían oído.

3Porque entramos en el descanso quienes hemos creído, según lo que dijo: «Como juré en mi indignación: ¡No entrarán en mi descanso!», aunque estaban acabadas las obras de Dios desde la creación del mundo.

4Pues dijo en cierto lugar acerca del séptimo día: «Y descansó Dios de todas sus obras en el día séptimo».

5Y de nuevo en este pasaje: «No entrarán en mi descanso».

6Por tanto, como es cierto que algunos deben entrar en él, y que los primeros en recibir la buena nueva no entraron por su desobediencia,

7de nuevo señala un día, «Hoy», diciendo por David, después de tanto tiempo, como ya se ha dicho: «Hoy, si oís su voz, no endurezcáis vuestros corazones».

8Pues si Josué les hubiera proporcionado el descanso no se hablaría de otro día posterior a ese.

9Por tanto, queda reservado un descanso sabático para el pueblo de Dios.

10Pues el que entró en su descanso, también él descansó de sus obras, como Dios de las suyas.

11Seamos diligentes, pues, por entrar en ese descanso, para que nadie caiga en ese mismo ejemplo de desobediencia.

12Porque viva es la palabra de Dios, y eficaz y más aguda que espada alguna de dos filos. Penetra hasta la frontera del alma y del espíritu, hasta las articulaciones y médulas, y puede distinguir los sentimientos y pensamientos del corazón.

13Y no existe criatura alguna que esté oculta a su penetrante mirada, sino que todas están desnudas y descubiertas a sus ojos, delante de quien hemos de rendir cuentas.

14Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote, que penetró en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, permanezcamos firmes en la fe.

15Pues no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que fue probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado.

16Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, a fin de conseguir misericordia y hallar la gracia de un auxilio oportuno.

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