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Hebreos 6

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Por lo cual, dejando aparte la enseñanza elemental acerca de Cristo, tendamos a lo perfecto, sin reiterar los temas fundamentales de la conversión de las obras muertas y de la fe en Dios,

2la doctrina sobre los bautismos y la imposición de las manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno.

3Y esto es lo que haremos si Dios lo permite.

4Porque quienes fueron una vez iluminados, gustaron el don celestial y participaron del Espíritu Santo,

5saboreando lo bueno de la palabra de Dios y las maravillas del mundo venidero,

6y luego recayeron, es imposible que se renueven otra vez por la penitencia, pues crucifican de nuevo por sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a infamia.

7Porque la tierra que a menudo absorbe la lluvia caída sobre ella y produce buena vegetación para los que la cultivan, participa de la bendición de Dios;

8pero la que produce espinas y abrojos es reprobada y próxima a ser maldita, y acabará por ser quemada.

9Pero aun cuando hablemos así, queridos, esperamos de vosotros cosas mejores y más cercanas a la salvación.

10Pues Dios no es injusto para olvidarse de vuestras obras y del amor que habéis mostrado a su nombre en el servicio que prestasteis y prestáis a los santos.

11Deseamos, sin embargo, que cada uno de vosotros muestre hasta el fin el mismo celo para la plena realización de la esperanza,

12de forma que no os hagáis apáticos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

13Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no teniendo otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo,

14diciendo: «Sí, bendiciendo te bendeciré y multiplicando te multiplicaré».

15Y así, aguardando con paciencia, alcanzó la promesa.

16Pues los hombres juran por alguien que es más grande que ellos, y el juramento es la garantía que pone fin a sus discusiones.

17Por lo cual, queriendo Dios mostrar solemnemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su decisión, se comprometió con juramento,

18para que, por dos cosas inmutables, por las que es imposible que Dios mienta, tengamos firme consuelo los que buscamos refugio en la posesión de la esperanza propuesta;

19la cual tenemos como segura y firme ancla de nuestra alma, que penetra hasta el interior del velo,

20donde Jesús entró como precursor por nosotros, constituido Sumo Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

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