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Marcos 7

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Las purificaciones de los fariseos. Y se reunieron con él los fariseos y algunos escribas, que habían bajado de Jerusalén.

2Y observaron que algunos de los discípulos de Jesús se ponían a la mesa con las manos impuras, esto es, sin habérselas lavado antes.

3(Los fariseos, lo mismo que los judíos en general, siguiendo las tradiciones de los antiguos doctores, nunca se ponen a la mesa sin haberse lavado antes cuidadosamente las manos;

4ni comen lo que se trae de la plaza, si no lo han rociado con agua; y observan otras muchas prácticas, que han recibido por tradición, como la purificación de vasos, ollas y utensilios de bronce).

5Preguntáronle, pues, los escribas y fariseos: ¿Por qué tus discípulos no guardan las tradiciones de los antiguos doctores? ¿Por qué comen sin lavarse antes las manos?

6Dioles Jesús esta respuesta: ¡Hipócritas! Muy bien profetizó Isaías vuestra conducta, al dejar escrito: Este pueblo me alaba con los labios, y está lejos de mí su corazón.

7No vale nada el culto que me rinden; la doctrina que enseñan mandamientos son de hombres, nada más.

8Vosotros dejáis a un lado la ley de Dios por aferraros a las tradiciones humanas [como son las purificaciones de las ollas y de los vasos y otras prácticas parecidas que observáis].

9Y añadió: Y por cierto, bien que anuláis el mandamiento de Dios por seguir vuestras tradiciones.

10Porque Moisés mandó lo siguiente: Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, que muera sin remisión.

11Pero vosotros decís: Si uno dice a su padre o a su madre: El provecho que podíais reportar de mi trabajo es corbán (es decir, es un don que ofrezco para el templo),

12ya su trabajo no debe ser ni para su padre ni para su madre.

13Con eso, por seguir la tradición que habéis recibido, quitáis toda la fuerza al mandamiento de Dios; y por el mismo estilo hacéis otras muchas cosas.

14La verdadera pureza. Y, agrupando de nuevo a la gente, les decía: Escuchadme todos y entendedlo bien.

15Ninguna cosa externa que entra dentro del hombre puede dejarlo impuro. Al contrario, lo que sale del interior del hombre es lo que deja mancha en él.

16El que tenga entendimiento, que discurra.

17Después que hubo entrado en casa, libre ya de la gente, le preguntaron los discípulos por el significado de aquellas palabras enigmáticas.

18Y Jesús les dijo: ¿También vosotros tenéis tan poca inteligencia? ¿No comprendéis cómo ninguna cosa externa que entra dentro del hombre puede dejarlo impuro?

19Pues sencillamente, porque no entra en el interior de su corazón, sino que pasa al vientre y termina en la cloaca. De esa manera declaraba que todos los alimentos son puros.

20Y afirmaba que lo que deja impuro al hombre es lo que sale fuera del mismo hombre.

21Porque del interior del hombre, de su corazón, salen los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios,

22los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, el libertinaje, la envidia, la difamación, la soberbia, la falta de sentido moral.

23Todos estos vicios salen del interior y dejan impuro al hombre.

24Viaje de Jesús fuera de Galilea. La fe de la mujer cananea. Y salió de allí para dirigirse a la región de Tiro. Y entró en una casa, no queriendo que nadie lo reconociese; mas le fue imposible permanecer de incógnito.

25Una mujer, cuya hija ya estaba poseída del espíritu impuro, se enteró de su llegada y vino a postrarse a sus pies.

26Era esta mujer pagana y de raza sirofenicia. Y le pedía que arrojase de su hija al demonio.

27Díjole Jesús: Aguarda primero a que se sacien los hijos. No está bien quitar el pan a los hijos para arrojarlo a los perros.

28Pero ella le replicó: Sí, Señor; que también los perros comen las migajas que dejan caer los hijos debajo de la mesa.

29A lo cual respondió Jesús: Como premio a lo que acabas de decir, vete; que ya ha salido de tu hija el demonio.

30Y, llegando a su casa, encontró a su hija acostada en cama; ya había salido de ella el demonio.

31Vuelta de Jesús hacia Galilea. Curación de un sordomudo. Y, partiendo otra vez de la región de Tiro, se fue por Sidón en dirección del mar de Galilea, atravesando el territorio de Decápolis.

32Y le trajeron un sordomudo, rogándole que pusiese su mano sobre él.

33Jesús lo llevó consigo aparte, fuera de la vista de la gente; le metió los dedos en los oídos y con saliva le tocó la lengua.

34Luego, levantando los ojos al cielo, lanzó un suspiro, diciendo: «Efazá», que quiere decir: «ábrete».

35Y al momento sus oídos quedaron abiertos, se le soltó la lengua y empezó a hablar con toda naturalidad.

36Les mandó con toda insistencia que no lo dijesen a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo daban a conocer.

37Y, sobrecogidos de admiración y de estupor, decían: Todo lo ha hecho bien. Ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos.

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