Marcos 14
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1V. Pasión y glorificación de Jesús Mesías (14-16) Preludios de la pasión. El sanedrín decreta la muerte de Jesús. Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los Panes Azimos. Y los jefes de los sacerdotes y los escribas buscaban una ocasión oportuna para con astucia apoderarse de él y así darle muerte.
2Porque algunos decían: En día de fiesta, no; no sea que se alborote el pueblo.
3Unción de Jesús en Betania. Y hallándose Jesús en Betania en casa de Simón, el Leproso, cuando estaba recostado a la mesa, vino una mujer con un frasco de perfume de nardo puro de mucho valor; y, rompiendo el frasco, lo derramó sobre la cabeza de Jesús.
4Algunos de los presentes lo llevaron muy a mal y se decían unos a otros: ¿A qué viene el derrochar así este perfume?
5Porque se podía haber vendido este perfume en más de trescientos denarios y luego darlos a los pobres. Y exteriorizaban su enfado contra ella.
6Pero Jesús les dijo: Dejadla en paz. ¿Por qué la molestáis? Acaba de realizar una hermosa acción en mi persona;
7porque pobres, ya los tendréis siempre con vosotros; y cuando queráis podréis socorrerlos; pero a mí no siempre me tendréis.
8Ha hecho lo que estaba en su mano hacer; se ha adelantado a ungir mi cuerpo para la sepultura.
9Os doy la seguridad de que, en cualquier parte del mundo en que se predique el evangelio, se hará mención para recuerdo suyo de lo que ha hecho.
10Traición de Judas. Y Judas Iscariote, uno de los doce, marchó a entrevistarse con los jefes de los sacerdotes, a fin de poner a Jesús en sus manos.
11Ellos se regocijaron al escuchar sus palabras; y le prometieron darle dinero. Desde entonces andaba buscando ocasión oportuna para entregarlo.
12Preparativos de la última cena. El primer día de los Azimos, o sea, cuando se sacrifica la Pascua, preguntaron a Jesús sus discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar lo necesario para comer la Pascua?
13Y envió a dos de sus discípulos con este encargo: Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua. Seguidle.
14Y al amo de la casa donde entre, decid: El maestro dice: ¿Dónde está mi sala para comer la Pascua con mis discípulos?
15El os enseñará en el piso de arriba una sala grande, preparada y provista de triclinios; disponed allí lo necesario para nosotros.
16Fueron, pues, sus discípulos; y, al entrar en la ciudad, hallaron todo como Jesús les había dicho, y dispusieron lo necesario para la Pascua.
17Jesús denuncia al traidor. Llegada la tarde, fue allá con los doce.
18Y, estando comiendo recostados a la mesa, exclamó Jesús: Os aseguro que uno de los que estáis comiendo conmigo me ha de entregar a la muerte.
19Y, llenos de angustia, comenzaron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso?
20Es uno de los doce, recalcó Jesús, uno de los que están comiendo conmigo.
21Esto sucede porque el Hijo del hombre va camino de la muerte, según la escritura afirma de él; pero ¡ay de aquel que va a entregar al Hijo del hombre! Más le valía no haber nacido.
22Jesús instituye la eucaristía. Mientras estaban cenando, tomó Jesús un poco de pan; y, después de haber recitado la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomad, éste es mi cuerpo.
23Tomó luego un cáliz; y después de dar gracias a Dios, lo hizo pasar entre ellos para que todos bebieran de él.
24Y les dijo: Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por todos.
25Os digo con toda verdad: Ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba de nuevo en el reino de Dios.
26Y, una vez recitado el himno, salieron en dirección del monte de los Olivos.
27Protestas de fidelidad de los discípulos de Jesús. Díjoles entonces Jesús: Todos perderéis vuestra fe en mí, porque ya dice la escritura: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.»
28Pero después de mi resurrección iré delante de vosotros a Galilea.
29Pero Pedro aseguró: Ya pueden todos perder la fe en ti. Yo jamás.
30Te aseguro, le replicó Jesús, que tú precisamente y esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, por tres veces afirmarás que no me conoces.
31Pero él insistía más y más: Aunque tenga que morir contigo, no renegaré jamás de ti. Y todos los demás aseguraban lo mismo.
32Pasión de nuestro Señor Jesucristo Agonía de Jesús en Getsemaní. Así llegaron a una finca que se llamaba Getsemaní; y dijo a sus discípulos: Estad sentados aquí mientras yo voy a hacer oración.
33Y, tomando consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir congojas y angustias;
34y exclamó: Siento en mi alma angustias de muerte. Aguardad aquí y estad en vela.
35Adelantóse unos pasos; y, cayendo rostro en tierra, pedía a Dios que, a ser posible, hiciera que no sonase para él aquella hora.
36Abba, Padre, eran sus palabras, todo te es posible; aparta de mí este cáliz; sin embargo haz, no lo que yo quiero, sino lo que tú.
37Volvió después y los encontró dormidos; y dijo a Pedro: Simón, ¿estás durmiendo? ¿No has sido capaz de estar una hora en vela?
38Velad y orad para no caer en la tentación. Cierto que la voluntad está pronta; pero el cuerpo es débil.
39Y se apartó de nuevo a orar, repitiendo la misma súplica.
40Habiendo vuelto otra vez, los encontró dormidos; en verdad estaban cargados de sueño y no sabían qué responderle.
41Por tercera vez volvió y les dijo: Dormid ahora y descansad. Basta ya. Ha llegado la hora. Mirad, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
42Levantaos. Vamos. Ya está aquí mismo el que me va a entregar.
43Beso de Judas y prisión de Jesús. Y en aquel momento, cuando todavía estaba Jesús hablando, llegó Judas, uno de los doce; y con él un tropel de gente con espadas y garrotes, enviados todos por los jefes de los sacerdotes y escribas y notables del pueblo.
44El traidor había convenido con ellos en esta contraseña: Es aquel a quien yo bese. Prendedlo y llevadlo preso con todo cuidado.
45Y al momento se llegó a Jesús; y, diciéndole: Maestro, le besó.
46Entonces pusieron sus manos sobre él y lo sujetaron.
47Pero uno de los que estaban allí presentes sacó su espada e hirió a un criado del sumo sacerdote, cortándole una oreja.
48Tomó Jesús la palabra y les dijo: ¿Como si fuese un ladrón, habéis salido a prenderme con espadas y garrotes?
49Todos los días me teníais enseñando en el templo y no me prendisteis. Pero ¡bien! ¡Que se cumplan las escrituras!
50Entonces lo abandonaron todos, emprendiendo la fuga.
51Y un joven, envuelto tan sólo en una sábana, trató de seguirlo, pero lo sujetaron;
52y él, desprendiéndose de la sábana, desnudo, se escurrió de sus manos.
53Jesús ante Caifás. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote; y se reunieron todos los jefes de los sacerdotes, notables del pueblo y escribas.
54Pedro le fue siguiendo de lejos hasta entrar en el atrio del palacio del sumo sacerdote; y allí se sentó entre los criados, buscando el amor de la lumbre.
55Mientras tanto los jefes de los sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban algún cargo contra Jesús para llevarlo a la muerte; pero no lo hallaban.
56Pues, aunque muchos presentaron falsas acusaciones contra él, no estaban acordes en sus declaraciones.
57Otros se levantaron para alegar falsamente contra él esta acusación:
58Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este templo construido por mano de hombre; y en tres días levantaré otro, sin recurrir a medios humanos.
59Pero tampoco en esta acusación estaban acordes.
60Entonces el sumo sacerdote, levantándose en presencia de toda la asamblea, interpeló a Jesús de la siguiente manera: ¿No respondes nada? ¿Qué significan estas acusaciones que traen contra ti?
61Pero él se callaba sin dar ninguna explicación. Nuevamente le interrogó el sumo sacerdote con estas palabras: ¿Eres tú acaso el Mesías, el Hijo del Bendito?
62Sí. Yo soy, respondió Jesús. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Todopoderoso y viniendo sobre las nubes del cielo.
63El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, exclamando: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
64Acabáis de oír una blasfemia. ¿Qué sentencia dictáis? Todos por unanimidad fallaron contra él, declarándolo reo de muerte.
65Ultrajes contra Jesús. Luego unos cuantos comenzaron a escupirle; y, vendándole los ojos, le daban de bofetadas, mientras le decían: A ver si aciertas. También los criados se ensañaron en él, dándole de bofetadas.
66Las tres negaciones de Pedro. Estando Pedro abajo en el atrio, llegó una de las criadas del sumo sacerdote.
67Y, al ver a Pedro calentándose, clavando en él los ojos exclamó: Tú también estabas con el Nazareno, con Jesús.
68Pero él lo negó: No sé nada de eso, ni entiendo lo que quieres decir. Y salió fuera al vestíbulo; y un gallo cantó.
69Pero, reparando la criada en él, comenzó nuevamente a decir a los circunstantes: Este es de ellos.
70Pedro lo negó por segunda vez; y al cabo de un rato los que allí estaban se dirigieron a Pedro, y le dijeron: Sin género de duda que tú eres de ellos, pues eres galileo.
71Y empezó a echar maldiciones y a asegurar con juramento: Yo no conozco a ese hombre del que estáis hablando.
72Y al momento cantó un gallo por segunda vez. Acordóse Pedro de la profecía que Jesús le había dicho: Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tú tres. Y rompió a llorar.