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Marcos 13

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Profecía sobre el fin de Jerusalén y el fin del mundo Ocasión de la profecía. Según salía Jesús del templo, uno de sus discípulos le dijo: Fíjate, maestro, qué piedras tan colosales y qué maravilla de construcciones.

2Y Jesús le respondió: ¿Ves todo este edificio tan imponente? No quedará aquí piedra sobre piedra. Todo quedará convertido en un montón de ruinas.

3Y, habiéndose sentado en el monte de los Olivos enfrente del templo, Pedro, Santiago, Juan y Andrés vinieron aparte a preguntarle:

4Dinos cuándo sucederá eso y qué señal habrá de que todo está para cumplirse.

5Señales precursoras de la destrucción del templo. Tiempos de angustia y persecución. Entonces Jesús comenzó a decirles: Cuidado que no os engañe nadie.

6Porque muchos, apropiándose mi nombre, vendrán diciendo: «Yo soy el Mesías.» Y embaucarán a muchos.

7Cuando oigáis hablar de guerras y de fragor de batallas, no os alarméis. Porque éstas son cosas que han de suceder; pero todavía no es el fin.

8Porque se levantarán en armas un pueblo contra otro y un reino contra otro reino. Y habrá terremotos y hambre en diversos lugares. Esto no es más que el comienzo de la tremenda aflicción.

9Mirad por vuestras personas. Os llevarán a los tribunales y os apalearán en las sinagogas; y por mi causa os harán comparecer ante gobernadores y reyes para declarar en su presencia.

10Pero antes que nada tendrá que ser predicado el evangelio en todas las naciones.

11Y, cuando os lleven para entregaros en sus manos, no os apuréis pensando en lo que tendréis que decir; sino hablad aquello que Dios os inspire en aquel momento; pues no seréis vosotros los que habléis sino el mismo espíritu santo.

12Entonces el hermano entregará a su hermano a la muerte y el padre a su hijo; y los hijos se levantarán contra sus padres para hacerlos morir;

13y seréis aborrecidos de todos por mi nombre. Pero el que permanezca firme hasta el fin, se salvará.

14Ruina de Jerusalén. Pero, cuando veáis la horrenda profanación del devastador situada allí donde no debe (¡entended bien este pasaje!), entonces, si estáis en Judea, buscad refugio en los montes;

15el que esté en el terrado, que no baje ni entre a tomar cosa alguna de su casa;

16y el que se encuentre en el campo, que no vuelva atrás a recoger su manto.

17¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!

18Rogad para que esto no suceda en tiempo de invierno.

19La gran tribulación: señal de la segunda venida del Mesías. Porque aquellos días serán de tal angustia como no la hubo desde que Dios creó el mundo hasta ahora ni la habrá jamás.

20Y, si el Señor no acortase aquel tiempo, no se salvaría nadie; pero el Señor abreviará aquellos días por amor de los que escogió para sí.

21Y, si alguno os dice entonces: «Mirad, aquí está el Mesías», o «Miradlo, está allí», no le creáis.

22Porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas que harán señales y prodigios para embaucar, si fuese posible, a los mismos escogidos.

23Pero vosotros estad sobre aviso. Ya veis que os lo he dicho de antemano.

24La segunda venida del Mesías. Pero después de aquellos días de angustia, el sol se oscurecerá y la luna no dará ya su luz;

25las estrellas caerán del cielo y el mundo de los astros se desquiciará.

26Y verán entonces al Hijo del hombre venir entre las nubes con gran poderío y majestad.

27Y entonces enviará a sus ángeles para que reúnan a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, y de un extremo de la tierra hasta otro extremo del cielo.

28Parábola de la higuera. Tomad en cuenta esta comparación tomada de la higuera. Cuando sus ramas están ya tiernas y comienzan a brotar las hojas, conocéis que ya se acerca el verano.

29Así también vosotros, cuando veáis suceder estas cosas, sabed que él está cerca, a las mismas puertas.

30Tiempo de la ruina de Jerusalén. Os aseguro: No pasará esta generación sin que sucedan todas estas cosas.

31El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán.

32Tiempo de la segunda venida del Mesías. Orad y velad. Mas por lo que se refiere a aquel día o a aquella hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el hijo, sino sólo el Padre.

33Velad, pues, y estad alerta, porque no sabéis cuándo será el tiempo de su venida.

34Sucederá lo que con un hombre que deja su casa para emprender un viaje. Lo confía todo en manos de sus siervos, señala a cada uno lo que tiene que hacer, y al portero manda estar en vela.

35Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el amo de la casa; si por la tarde, si a medianoche o al canto del gallo o a la madrugada.

36No sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos.

37Y lo que os estoy diciendo a vosotros lo digo para todos: Velad.

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