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Juan 20

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

13º) Resurrección de Jesús (20) María Magdalena encuentra removida la piedra del sepulcro. El primer día de la semana, muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro vino María Magdalena al sepulcro, y vio que la piedra estaba removida.

2Volvió, pues, corriendo a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, que era el predilecto de Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han dejado.

3Pedro y Juan en el sepulcro del Señor. Así pues, salieron Pedro y el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro.

4Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo, que corría más que Pedro, llegó antes al sepulcro;

5e, inclinándose para mirar, vio los lienzos colocados en el suelo, pero no entró.

6Llegó después Simón Pedro, que le seguía; y, entrando en el sepulcro, vio los lienzos colocados en el suelo,

7y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no en el suelo con los lienzos, sino plegado en un lugar aparte.

8Entró también entonces el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó.

9Hasta entonces no habían comprendido la escritura, según la cual debía él resucitar de entre los muertos.

10Entonces los discípulos se volvieron a su casa.

11Jesús resucitado se aparece a María Magdalena. María se había quedado fuera, llorando junto al sepulcro; mientras estaba llorando, se asomó al sepulcro;

12y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies del sitio donde había estado colocado el cuerpo de Jesús.

13Preguntáronle ellos: Mujer, ¿por qué lloras? Porque se han llevado a mi Señor, respondió ella, y no sé dónde lo han dejado.

14En diciendo esto, se volvió hacia atrás y se encontró con Jesús que estaba allí. Pero no lo reconoció.

15Preguntóle Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que se trataba del hortelano, le respondió: Señor, si lo has llevado tú, dime dónde lo has dejado; que yo me lo llevaré.

16Díjole Jesús: ¡María! Ella, volviéndose, exclamó en arameo: ¡Rabboni!, es decir: ¡Maestro!

17Jesús le dijo: Suéltame —aún no he subido al Padre— y vete a mis hermanos y díles que subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

18María Magdalena vino a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que le había hablado de aquella manera.

19Jesús resucitado se aparece a los discípulos. La tarde de aquel mismo día, el primero de la semana, estando cerradas por miedo a los judíos las puertas del lugar donde se hallaban los discípulos, se presentó Jesús; y en presencia de todos exclamó: La paz sea con vosotros.

20Y, dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21Se dirigió a ellos otra vez y les dijo: La paz sea con vosotros. Como me envió mi Padre, así os envío yo.

22Dichas estas palabras, sopló y dijo: Recibid el Espíritu Santo.

23Quedan perdonados los pecados a quienes los perdonéis; quedan retenidos a quienes los retengáis.

24Incredulidad del apóstol Tomás. Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús.

25Dijéronle, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. El replicó: Mientras no vea en sus manos la señal de los clavos y no meta mi dedo en el lugar de los mismos, y mi mano en su costado, no creeré.

26Ocho días después los discípulos se hallaban nuevamente dentro de casa, y Tomás estaba con ellos. Estando cerradas las puertas, se presentó Jesús, y en presencia de todos exclamó: La paz sea con vosotros.

27Después dijo a Tomás: Trae acá tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, si no fiel.

28Exclamó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!

29Jesús le dijo: ¿No has creído, sino después de haberme visto? Dichosos los que, sin ver, han creído.

30Primer epílogo del evangelio. Otras muchas señales dio Jesús en presencia de los discípulos que no quedan consignadas por escrito en este libro.

31Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es Mesías, el Hijo de Dios; y para que creyendo tengáis vida en él.

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