Juan 19
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Jesús azotado y coronado de espinas. Tomó entonces Pilato a Jesús y lo mandó azotar.
2Luego los soldados, entretejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura
3y, llegándose a él, le decían: ¡Salve, rey de los judíos! Al mismo tiempo le daban de bofetadas.
4El ecce homo. Salió Pilato otra vez fuera, y les dijo: Mirad: os lo voy a sacar fuera para que sepáis que no encuentro en él culpa alguna.
5Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilato exclamó: Aquí lo tenéis.
6Cuando lo vieron los jefes de los sacerdotes y los oficiales del templo, gritaron: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Pilato repuso: Tomadlo vosotros y crucificadlo. Yo no encuentro en él culpa.
7Nosotros tenemos una ley, le replicaron los judíos, y según esa ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios.
8Pilato interroga de nuevo a Jesús. Al oír esta palabra, Pilato cobró más miedo todavía;
9y entrando otra vez en el pretorio, preguntó a Jesús: ¿De dónde eres tú? Jesús no le dio respuesta.
10Díjole entonces Pilato: ¿A mí no me contestas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?
11Respondióle Jesús: No tendrías ningún poder sobre mí si Dios no te lo hubiera dado. Por eso el que me ha puesto en tus manos ha cometido un pecado mayor.
12Jesús condenado a muerte. Por todo ello buscaba Pilato un medio para ponerlo en libertad; pero los judíos empezaron a gritar: Si sueltas a éste, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se declara contra el César.
13Al oír Pilato estas palabras, sacó a Jesús fuera y se sentó en el tribunal, levantado en el sitio llamado litóstrotos, en arameo gabbazá.
14Era la Parasceve o preparación de la Pascua, hacia las doce del mediodía. Y, dirigiéndose a los judíos, exclamó: Ahí tenéis a vuestro rey.
15Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo! Díjoles Pilato: ¿A vuestro rey voy a crucificar? A lo que contestaron los jefes de los sacerdotes: No tenemos más rey que al César.
16Crucifixión de Jesús. Entonces lo puso en sus manos para que lo crucificasen. Se apoderaron, pues, de Jesús;
17y él, llevando su cruz, salió en dirección del lugar llamado Calvario, en arameo Gólgota.
18Allí crucificaron a Jesús, y juntamente con él a otros dos, uno a cada lado.
19El título de la cruz. Pilato hizo escribir un letrero, que puso sobre la cruz; y en él se leía: Jesús Nazareno Rey de los judíos.
20Muchos judíos leyeron este rótulo, porque el sitio donde crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad y el rótulo estaba redactado en arameo, latín y griego.
21Por lo cual dijeron los jefes de los sacerdotes de los judíos a Pilato: No pongas «Rey de los judíos», sino que él dijo: «Soy rey de los judíos».
22Respondióles Pilato: Lo escrito, escrito está.
23Los soldados reparten los vestidos de Jesús. Los soldados, después de haber crucificado a Jesús, se apoderaron de la túnica y de sus vestidos; y de éstos hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Como la túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo,
24se dijeron los soldados: No la rasguemos. Vamos a echar suertes para ver a quién toca. Así se cumplió la escritura: Se repartieron mi vestidos y echaron suertes sobre mi túnica. Así que esto hicieron los soldados.
25María al pie de la cruz. Estaba junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás y María Magdalena.
26Viendo a su madre y al discípulo predilecto junto a ella, dijo Jesús a su madre: Mujer, he aquí a tu hijo.
27Luego dijo al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
28Ultimas palabras y muerte de Jesús. Después, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido para que se cumpliera la escritura, exclamó: Tengo sed.
29Había allí una vasija llena de vinagre; fijaron en la punta de una lanza corta una esponja empapada en vinagre y se la aplicaron a la boca.
30Jesús, después de haber gustado el vinagre, exclamó: Todo está cumplido; e inclinando la cabeza, expiró.
31Un soldado atraviesa con su lanza el costado de Jesús. Como era la Parasceve, a fin de que no quedaran los cuerpos en la cruz durante el sábado (pues era día solemne aquel sábado), los judíos rogaron a Pilato que mandara quebrarles las piernas y que los quitaran.
32Vinieron efectivamente los soldados y rompieron las piernas al primero y luego al otro que estaba crucificado con él;
33pero, al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le rompieron las piernas;
34sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado y al instante salió sangre y agua.
35Y el que lo vio asegura la verdad del hecho; y su testimonio es digno de fe; él sabe que dice la verdad para que vosotros tengáis fe;
36porque con eso se cumplió el pasaje de la escritura: No se le quebrantará ninguno de sus huesos;
37y otro pasaje que dice: Verán al que traspasaron.
38Sepultura de Jesús. Después de esto José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para llevarse el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y así vino él a llevarse el cuerpo.
39Vino también Nicodemo, el mismo que al principio había tenido de noche una entrevista con él, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
40Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con aromas según la costumbre que tienen los judíos de sepultar.
41Cerca del sitio donde fue crucificado, había un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo, donde nadie había sido depositado todavía.
42Allí colocaron a Jesús, por estar cerca el sepulcro y porque urgía el descanso de la Parasceve de los judíos.