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Hechos 24

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Acusación del sumo sacerdote. Discurso de Tertulo ante Félix. Cinco días más tarde, bajó el sumo sacerdote Ananías con algunos ancianos y un tal Tertulo, que era abogado, para presentar demanda contra Pablo ante el procurador.

2Citado que hubieron a Pablo, empezó Tertulo su acusación en estos términos: La gran paz de que gracias a ti gozamos, y las mejoras que por tu providencia se han realizado en favor de nuestro pueblo,

3son beneficios que siempre y en todas partes hemos recibido, óptimo Félix, con suma gratitud.

4No quiero entretenerte demasiado. Sólo te ruego que nos escuches unos momentos con tu acostumbrada bondad.

5Pues bien, nos consta que este hombre es una peste, que incita a la rebelión a todos los judíos por todo el imperio y que es jefe de esa secta de los nazarenos.

6Hasta ha intentado profanar el templo. Por este motivo le prendimos.

8Puedes tú mismo tomarle ahora declaración, y cerciorarte por su misma boca de la verdad de todas nuestras acusaciones.

9Los judíos, por su parte, se adhirieron a la acusación, asegurando que era verdad.

10Pablo se defiende ante el procurador Félix. A una señal del procurador, tomó Pablo la palabra, y se expresó así: Sabiendo que desde hace muchos años eres juez de esta nación, voy a hablar con toda confianza en mi defensa.

11Sabrás que no hace doce días que subí a Jerusalén a adorar a Dios; y que ni en el templo ni en las sinagogas ni por la ciudad me encontraron discutiendo con nadie o amotinando a la gente.

13Y de ningún modo pueden demostrar las acusaciones de que me hacen ahora objeto.

14Yo te declaro lo siguiente: Yo sirvo al Dios de mis padres según la doctrina y modo de vivir que ellos llaman secta. Pero yo conservo mi fe en todo cuanto se halla escrito en la ley y en los profetas;

15y tengo mi esperanza fundada en Dios, como la tienen ellos mismos, de que habrá resurrección de buenos y malos.

16Por esto me esfuerzo también yo mismo en tener siempre una conciencia irreprensible ante Dios y ante los hombres.

17Al cabo, pues, de muchos años me presenté con las limosnas recogidas para los de mi nación y a ofrecer sacrificios.

18Y en esa ocasión, cuando estaba yo purificado, me encontraron en el templo, pero sin haber provocado yo revuelta ni alboroto alguno.

19Y los que me encontraron, fueron algunos judíos de la provincia romana de Asia. Estos son los que deberían presentarse aquí, y acusarme si tenían algo contra mí.

20O bien, que digan estos mismos qué crimen encontraron en mí cuando comparecí ante el sanedrín;

21como no fuese esta sola frase, que en medio de ellos proferí en alta voz: Por defender la resurrección de los muertos me encuentro hoy procesado ante vosotros.

22Dilación del proceso de Pablo. Félix, que estaba bien al tanto de cuanto a esta doctrina se refería, difirió el proceso, diciendo: Cuando baje el tribuno Lisias, examinaré a fondo vuestra causa.

23Y dio orden al centurión de custodiar a Pablo, pero de dejarle cierta libertad, permitiendo a sus amigos que le socorriesen.

24Entrevista de Félix con Pablo. Dos años de prisión en Cesarea. Algunos días más tarde, se presentó Félix con su mujer, Drusila, que era judía. Y, habiendo mandado llamar a Pablo, le oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús.

25Según iba hablando Pablo sobre la justificación, la continencia y el juicio final, Félix se llenó de terror y le dijo: Por ahora retírate. Ya te llamaré cuando tenga tiempo.

26Esperando, por otra parte, que Pablo le diese dinero, lo hacía llamar muchas veces, y conversaba con él.

27Así transcurrieron dos años. A Félix sucedió Porcio Festo; y Félix, queriendo congraciarse con los judíos, dejó a Pablo en la prisión.

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