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Hebreos 12

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Exhortación a la perseverancia. Por consiguiente, teniendo tal nube de testigos que nos envuelve, después de habernos despojado de todo el peso y del equipaje que nos distraía, corramos también nosotros con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada.

2Llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe, quien para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia; y está sentado a la diestra del trono de Dios.

3Considerad la constancia de quien soportó tal hostilidad de parte de los pecadores. Así no decaeréis de ánimo, agotados por el esfuerzo.

4Las tribulaciones son medios con que Dios educa y corrige paternalmente. Aún no habéis resistido hasta el derramamiento de sangre en vuestra continua lucha contra el pecado.

5Os habéis olvidado de las palabras de aliento, con que se dirige Dios a vosotros como a hijos suyos: Hijo mío, no mires con desdén la corrección con que el Señor te educa. Y no te desalientes, cuando seas por él amonestado.

6Porque el Señor corrige al que bien quiere, y azota a todo el que por hijo acoge.

7Si sois constantes en la corrección, es señal de que Dios os trata como a hijos. Porque, ¿qué hijo no es educado y corregido por su padre?

8Si no os alcanza la disciplina y corrección por las que todos han pasado, señal de que Dios os tiene por hijos bastardos, no legítimos.

9Por otra parte, hemos tenido para nuestra corrección a los que fueron padres de nuestros cuerpos; y les guardábamos veneración. ¿Con cuánta mayor razón nos hemos de someter al Padre de nuestros espíritus para conseguir la vida?

10Y en verdad, aquéllos nos educaban y corregían para poco tiempo, y según les parecía bien; Dios, en cambio, para nuestro mayor bien y para hacernos participantes de su santidad.

11Ninguna disciplina parece de momento cosa agradable, sino aflictiva; pero al fin trae en retorno frutos de paz y de santidad a quienes en ella se ejercitan.

12Por eso, enderezad vuestras manos caídas y vuestras rodillas debilitadas,

13y trazad rectos senderos para vuestros pies para que los cojos no sufran una dislocación, sino que se curen.

14V. Frutos de paz y de santidad (12,14-13,18) Exhortación a la paz y a la pureza de vida. Fomentad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor.

15Vigilad para que nadie se vea privado de la gracia de Dios. Que ninguna raíz amarga vaya creciendo y causando turbación.

16Y mirad que no haya ningún fornicario ni profanador, como Esaú, que por un plato vendió su primogenitura.

17Ya sabéis cómo luego, queriendo heredar la bendición, fue desechado, porque no logró cambiar el parecer (de su padre), aunque con lágrimas lo intentó.

18Ambientación religiosa diversa en el antiguo y en el nuevo testamento. No os habéis allegado a fuego que se toca y que arde ni a oscuridad ni a tinieblas ni a huracán

19ni a sonido de trompeta, ni a clamor de palabras, tal que quienes lo oyeron pidieron que no les fuesen dirigidas más palabras;

20pues no soportaban lo preceptuado: «Quien toque el monte, aunque sea animal, sea lapidado.»

21Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés dijo: «Estoy aterrado y temblando.»

22Os habéis allegado a Sión, monte y ciudad del Dios vivo, Jerusalén celestial, y a millares de ángeles en fiesta,

23iglesia de primogénitos inscritos en los cielos; y a un Dios remunerador de todos y a espíritus de justos consumados en gloria;

24y a Jesús, mediador de una alianza nueva, y a sangre de aspersión que habla mejor que la de Abel.

25Mirad, no rechacéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que rechazaron al que promulgaba la ley en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros, si nos volvemos del que la promulga desde los cielos.

26Su voz hacía entonces templar la tierra; ahora, en cambio, hace esta promesa: «Todavía una vez más haré yo estremecer no sólo la tierra sino también el cielo.»

27Esta frase «todavía una vez más» indica el cambio de las cosas que, como creadas, se conmueven. Así permanecerán firmes las inconmovibles.

28Por eso, ya que recibimos un reino inconmovible, tengamos la gracia. Por ella sirvamos a Dios con reverencia y piedad para agradarle.

29Mirad que nuestro Dios es un fuego devorador.

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