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Gálatas 3

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1II. Liberación de la esclavitud de la ley mosaica (3,1-5,12) La justificación de los gálatas no ha venido por la ley mosaica; prueba evidente: los carismas recibidos. ¡Oh, insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó después que ante vuestros ojos presentamos a Jesucristo muerto en la cruz?

2Sólo esto quiero saber de vosotros: ¿Cómo habéis recibido el espíritu, en virtud de las obras de la ley o por vuestra sumisión a la fe?

3¿Tan insensatos sois que, habiendo comenzado por «espíritu», termináis ahora en «carne»?

4¿Habrá sido en vano haber experimentado tan grandes dones? ¿De veras que habrá sido en vano?

5El que os da el espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿lo hace por vuestras obras de la ley o por vuestra sumisión a la fe?

6Prueba por la escritura la justificación por la fe, la impotencia de la ley y nuestra liberación de ella por Cristo. Así se dice: Abraham creyó a Dios, y Dios estimó su fe como justificación.

7Entended, pues, que los hijos de Abraham son sólo aquellos que viven según la fe.

8Sabiendo de antemano la escritura que Dios justifica por la fe a los gentiles; predijo a Abraham que: «En ti serán bendecidas todas las naciones.»

9Por consiguiente, los que viven según la fe son bendecidos junto con el creyente Abraham.

10En cambio, los partidarios de las obras de la ley, se hallan bajo la maldición. Ya lo dice la escritura: Maldito todo el que no se mantiene fiel en el cumplimiento de cuanto está escrito en el libro de la ley.

11Es evidente que por la ley nadie se justifica ante Dios, porque: El justo por la fe vivirá.

12La ley no tiene nada que ver con la fe, sino como dice la escritura: Quien cumpla sus preceptos por ellos vivirá.

13Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros. Así lo dice la escritura: Maldito sea aquel que cuelga del madero.

14De ese modo la bendición de Abraham alcanza a todas las naciones por Cristo Jesús; de ese modo recibimos por la fe el espíritu prometido por Dios.

15La ley mosaica no puede anular las promesas hechas por Dios. hermanos, voy a proponeros un ejemplo tomado de la vida ordinaria. A pesar de ser una cosa puramente humana, nadie anula ni modifica un testamento en regla.

16A Abraham y a su descendencia se hicieron las promesas de parte de Dios. No dice la escritura «a las descendencias», como si se tratase de muchas, sino en singular «a tu descendencia». Y ésta es Cristo.

17Y ahora, a lo que iba: El testamento, formalizado ya con anterioridad por Dios, no puede ser anulado, hasta invalidar la promesa, por una ley que vino cuatrocientos treinta años más tarde.

18Si la herencia divina hubiese dependido de la ley, de ninguna manera dependería de la promesa. Ahora bien, Dios la concedió a Abraham como un don gratuito mediante una promesa.

19Fin y oficios de la ley mosaica hasta el cumplimiento de las promesas en Cristo. Entonces, ¿cuál fue el fin de la ley mosaica? Fue puesta por Dios junto a las promesas por razón de las transgresiones, hasta que viniese la descendencia a quien se habían hecho las promesas; fue promulgada por ministerio de ángeles y por mano de un mediador.

20Pero no se da mediador en el caso de una persona sola; y aquí Dios es uno solo.

21Así pues, ¿va la ley contra las promesas de Dios? De ningún modo. Si se hubiese promulgado una ley capaz de darnos la vida, realmente la justificación habría provenido de la ley.

22Pero la escritura lo incluyó todo bajo el dominio del pecado, a fin de que la promesa se concediese a los que creen por la fe en Jesucristo.

23Antes de venir la economía de la fe, estábamos encerrados bajo la custodia de la ley en espera de la fe que había de revelarse.

24De este modo la ley fue nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, para que alcanzásemos nuestra justificación por la fe.

25Pero, una vez llegada la era de la fe, ya no estamos bajo el ayo;

26que ya sois todos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

27Y así es la verdad. Cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis revestido de Cristo.

28Ya no hay judío ni gentil; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer: todos sois uno en Cristo Jesús.

29Y si sois de Cristo, sois por lo mismo descendencia de Abraham, herederos según la promesa.

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