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Gálatas 4

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Cristo nos libera de la ley y nos hace hijos y herederos de Dios. Pongo también otra comparación: El heredero, mientras es menor de edad, con ser dueño de todo, no se distingue en nada del esclavo:

2está bajo tutores y administradores hasta el tiempo prefijado por su padre.

3De igual modo, nosotros: cuando éramos menores de edad, vivíamos esclavizados por los «elementos del mundo».

4Pero cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley de Moisés,

5para redimir a los que vivíamos esclavos de la ley, para que recibiésemos la dignidad de hijos adoptivos.

6Y la prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba, Padre!

7Por consiguiente ya no eres esclavo sino hijo; y, si hijo, también heredero por Dios.

8No se debe volver a la esclavitud de la ley mosaica. En otro tiempo, cuando desconocíais a Dios, servisteis a los que no eran realmente dioses.

9Pero ahora, después de haber conocido a Dios, o mejor, después de haber sido reconocidos por Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los impotentes y miserables «elementos», de quienes otra vez queréis ser esclavos?

10Continuáis celebrando los sábados, las fiestas de la luna nueva, las de las estaciones, las del año sabático y los jubileos.

11Estoy temiendo por vosotros. ¿Habrán sido inútiles mis sudores y fatigas?

12Exhortación a vivir libres de la ley como Pablo. Recuerdos y afectos. Hermanos, os lo suplico: Sed como yo, porque yo también fui como vosotros. En nada me habéis ofendido.

13Bien sabéis que la primera vez os prediqué el evangelio debido a mi enfermedad.

14Y bien que para vosotros era una tentación el hacerlo, ni me rechazasteis ni escupisteis ante mí a la vista de mi cuerpo enfermo; antes bien me recibisteis como a un enviado de Dios, como a Cristo Jesús en persona.

15¿Dónde están aquellos vuestros sentimientos de felicidad? Porque puedo aseguraros que, de haberos sido posible, los ojos mismos os habríais arrancado para dármelos.

16Así que, ¿me he convertido en enemigo vuestro por deciros la verdad?

17No persiguen buen fin con el afecto que os muestran. Pretenden apartaros de mí, y así conseguir vuestro cariño.

18Sin embargo es mejor que os dejéis perseguir por un afecto verdadero. Y esto en todo tiempo, no sólo cuando me encuentro yo entre vosotros.

19¡Hijos míos, a quienes estoy de nuevo dando dolorosamente a luz hasta que vea yo a Cristo formado en vosotros!

20¡Cuánto quisiera encontrarme ahora a vuestro lado y decíroslo en mil tonos distintos! ¡Porque no sé cómo componérmelas con vosotros!

21La libertad cristiana ilustrada con la alegoría de Sara y Agar. Decidme los que queréis someteros a la ley: ¿No en tendéis la ley?

22En efecto. Dice la escritura que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la que era libre.

23El de la esclava nació según el curso natural de las cosas; en cambio el de la libre, en virtud de la promesa.

24Aquí hay una alegoría. Esas dos madres son las dos alianzas: Una, la que proviene del monte Sinaí y engendra esclavos, es Agar.

25Agar, en efecto, es el monte Sinaí en Arabia; y corresponde a la actual Jerusalén, que es esclava con sus hijos.

26Por el contrario, la Jerusalén celestial es libre; y ésta es nuestra madre.

27Dice a propósito la escritura: Regocíjate, estéril, que no pares; prorrumpe y canta, tú, que no conoces los dolores del parto. Que son muchos los hijos de la mujer dejada; y más que los de aquella que posee al marido.

28Y vosotros, hermanos, sois hijos de la promesa, figurados en Isaac.

29Y, así como entonces el nacido según la «carne» perseguía al habido según el «espíritu», así sucede también ahora.

30Pero, ¿qué dice la escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo; porque el hijo de la esclava no tendrá parte en la herencia con el hijo de la libre.

31Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de la esclava sino de la libre.

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