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Gálatas 2

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1En el concilio de Jerusalén los apóstoles aprueban el apostolado de Pablo entre los gentiles. Luego, al cabo de catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito.

2Y subí por motivo de una revelación. Les expuse el evangelio que predico entre los gentiles, y traté en particular con los más calificados, no sea que, según decís vosotros, corra en vano o haya hecho inútilmente mi carrera apostólica.

3Pero ni siquiera obligaron a circuncidarse a mi compañero Tito, con ser griego.

4Y esto, a pesar de los intrusos, de los falsos hermanos que solapadamente se habían infiltrado para espiar arteramente nuestra libertad en Cristo Jesús, y que querían esclavizarnos.

5Nosotros ni por un momento cedimos terreno para someternos a ellos. Así mantendrá firme su puesto entre vosotros la verdad del evangelio.

6Las personas de más consideración —nada me interesa lo que hubieran sido antes: Dios no es aceptador de personas— no me impusieron ninguna obligación.

7Al contrario, vieron que yo había recibido la misión de predicar el evangelio a los gentiles, como Pedro la de predicar a los judíos;

8porque aquel que dio poder a Pedro para ejercer el apostolado entre los judíos, me lo dio a mí para ejercerlo entre los gentiles.

9De este modo reconocieron que Dios me había dado esa gracia. Y Santiago, Cefas y Juan, los considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la mano en señal de comunión y conformidad: Nosotros, que nos dirigiéramos a los gentiles; ellos, a los judíos.

10Sólo nos pidieron que nos acordásemos de los pobres, cosa que he procurado yo cumplir con toda solicitud.

11El incidente de Antioquía. Pablo echa en cara a Pedro su proceder entre los gentiles. Pero, cuando Cefas fue a Antioquía, yo me opuse a él en su misma cara, porque era culpable.

12En efecto, antes de venir algunos de los de Santiago, comía con los gentiles convertidos; pero, en cuanto llegaron aquéllos, se retraía y apartaba por miedo a los de la circuncisión.

13Y le siguieron en su simulación los demás judíos convertidos, tanto que hasta Bernabé se dejó arrastrar por su simulación.

14Pero, cuando vi que no caminaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Cefas delante de todos: Tú, siendo judío, has acomodado tu vida a la de los gentiles convertidos; y, ¿cómo quieres obligar a éstos a que se atengan a las prácticas judías?

15Pablo defiende ante Pedro su actitud de liberación de la ley: Todo cristiano por su unión con Cristo crucificado y glorioso está libre de la ley mosaica. Nosotros somos judíos de nacimiento, no pecadores venidos de la gentilidad.

16Y, sabiendo que no se alcanza la justificación por las obras de la ley sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en Cristo Jesús para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley. Por las obras de la ley no se justificará nadie.

17Si, por buscar la justificación en Cristo, nos encontramos todavía pecadores, ¿será que Cristo está al servicio del pecado? De ninguna manera.

18¡Si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, yo mismo me declaro transgresor!

19En virtud de la misma ley soy un muerto a la ley para vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo.

20Y ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mí. Y esta vida mortal que llevo al presente, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí a la muerte.

21No quiero anular esta gracia de Dios. Si la justificación nos viene por la ley, debemos concluir que Cristo murió inútilmente.

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