Ezequiel 28
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Me dirigió la palabra el Señor:
2–Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor: Se llenó de soberbia tu corazón y te dijiste: Soy Dios, estoy sentado en un trono de dioses en el corazón del mar; tú que eres hombre y no dios te creías sabio como los dioses.
3¡Si eres más sabio que Daniel!, ningún enigma se te resiste.
4Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros.
5Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de soberbia.
6Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses,
7por eso traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desnudarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor.
8Te hundirán en la fosa, morirás con muerte vergonzosa en el corazón del mar.
9Tú que eres hombre y no dios, ¿te atreverás a decir: Soy Dios, delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen?
10Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho –oráculo del Señor–.
11Me dirigió la palabra el Señor:
12–Hijo de hombre, entona una lamentación al rey de Tiro. Así dice el Señor: Eras modelo de perfección, lleno de sabiduría, de acabada belleza;
13estabas en un jardín de dioses, revestido de piedras preciosas: coralina, topacio y aguamarina, crisólito, malaquita y jaspe, zafiro, rubí y esmeralda; de oro labrado tus aretes y colgantes, preparados el día de tu creación.
14Te puse junto a un querubín protector de alas extendidas. Estabas en la montaña sagrada de los dioses, entre piedras de fuego te paseabas.
15Era intachable tu conducta desde el día de tu creación hasta que se descubrió tu culpa.
16A fuerza de hacer tratos, te ibas llenando de violencia, y pecabas. Te desterré entonces de la montaña de los dioses y te expulsó el querubín protector de entre las piedras de fuego.
17Te llenó de soberbia tu belleza y tu esplendor te trastornó el sentido; te arrojé por tierra, te hice espectáculo para los reyes.
18Con tus muchas culpas, con tus sucios negocios, profanaste tu santuario; hice brotar de tus entrañas fuego que te devoró; te convertí en ceniza sobre el suelo, a la vista de todos.
19Tus conocidos de todos los pueblos se espantaron de ti; ¡siniestro desenlace!, para siempre dejaste de existir.
20Me dirigió la palabra el Señor:
21–Hijo de hombre, ponte de cara a Sidón y profetiza contra ella.
22Esto dice el Señor: Aquí estoy contra ti, Sidón, en ti me cubriré de gloria. Sabrán que yo soy el Señor cuando haga justicia contra ella y brille en ella mi santidad.
23Mandaré contra ella peste y sangre por sus calles; caerán acuchillados sus habitantes por la espada hostil que la rodea, y sabrán que yo soy el Señor.
24Y no tendrá ya la casa de Israel espino punzante ni zarzal desgarrador en los vecinos que la hostigan, y sabrán que yo soy el Señor.
25Esto dice el Señor: Cuando recoja la casa de Israel de entre los pueblos donde está dispersa y brille en ella mi santidad, a la vista de las naciones, volverán a habitar su tierra, la que di a mi siervo Jacob;
26habitarán en ella seguros, edificarán casas y plantarán viñas; habitarán seguros, cuando haga justicia en los vecinos que la desprecian, y sabrán que yo soy el Señor, su Dios.