Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

Lucas 8

Santa Biblia Martín Nieto

1Después de esto, iba por los pueblos y las aldeas predicando el reino de Dios. Le acompañaban los doce

2y algunas mujeres que había curado de espíritus malignos y enfermedades; María Magdalena, de la que había echado siete demonios;

3Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; Susana y algunas otras, las cuales le asistían con sus bienes.

4Un día se reunió en torno a Jesús mucha gente que había venido de los pueblos. Él les dijo esta parábola:

5"Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte cayó junto al camino, fue pisoteada y las aves se la comieron.

6Otra parte cayó en un pedregal y, nada más nacer, se secó por falta de humedad.

7Otra cayó entre zarzas; las zarzas crecieron y la ahogaron.

8Y otra cayó en tierra buena, nació y dio fruto, el ciento por uno". Dicho esto, exclamó: "¡El que tenga oídos que oiga!".

9Sus discípulos le preguntaron qué significaba esa parábola.

10Él dijo: "A vosotros se os ha dado conocer los secretos del reino de Dios, pero a los demás sólo en parábolas, para que aunque miren no vean y aunque oigan no entiendan.

11"La parábola quiere decir esto: La semilla es la palabra de Dios.

12Los de junto al camino son los que la oyen, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de Dios de sus corazones para que no crean y se salven.

13Los que están sobre el pedregal son los que oyen la palabra y la aceptan con alegría; pero no tienen raíz, creen por algún tiempo y en el momento de la prueba se vuelven atrás.

14La semilla que cayó entre zarzas son los que la escuchan, pero luego se ahogan en las preocupaciones, riquezas y placeres de la vida, y no llegan a la madurez.

15Y la que cayó en tierra buena son los que escuchan la palabra con corazón bueno y generoso, la conservan y por su constancia dan fruto".

16"Nadie enciende una lámpara y la oculta en una vasija o la pone debajo de la cama; la coloca en un candelabro para que los que entren vean la luz.

17Porque nada hay oculto que no sea descubierto, ni secreto que no sea conocido y puesto en claro.

18Mirad bien cómo escucháis; porque al que tiene se le dará más, y al que no tiene se le quitará aun lo que cree que tiene".

19Llegaron la madre y los hermanos de Jesús, pero no podían acercarse a él porque había mucha gente.

20Se lo anunciaron: "Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte".

21Él respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen".

22Un día subió Jesús con sus discípulos a una barca y les dijo: "Pasemos a la otra orilla". Y se adentraron en el lago.

23Mientras navegaban se durmió. Y cayó sobre el lago tal torbellino que la barca se inundaba y corrían peligro.

24Los discípulos se acercaron y lo despertaron, diciendo: "¡Maestro, maestro, que perecemos!". Él se levantó, increpó al viento y a las olas, que cesaron, y se hizo la calma.

25Entonces les dijo: "¿Dónde está vuestra fe?". Llenos de miedo y de admiración, se decían: "¿Quién es éste, que manda incluso a los vientos y al agua y le obedecen?".

26Tomaron tierra en la región de los gerasenos, frente a Galilea.

27Al desembarcar, les salió al encuentro un hombre de la ciudad, poseído por demonios; desde hacía mucho tiempo andaba desnudo y no vivía en ninguna casa, sino en el cementerio.

28Al ver a Jesús, se puso a gritar y se postró ante él diciendo a voces: "¡Déjame en paz, Jesús, hijo del Dios altísimo! Te ruego que no me atormentes".

29Es que Jesús mandaba al espíritu impuro que saliera de aquel hombre. Muchas veces se había apoderado de él, y entonces lo ataban con cadenas y con grillos; pero rompía las ataduras y el demonio lo arrastraba a los despoblados.

30Jesús le preguntó: "¿Cómo te llamas?". Él contestó: "Me llamo legión". Porque habían entrado en él muchos demonios.

31Y le rogaban que no les mandara volver al abismo.

32Había allí una gran piara de cerdos paciendo en el monte, y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos. Él se lo permitió.

33Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos, y la piara se lanzó al lago por un precipicio y se ahogó.

34Viendo los pastores lo ocurrido, huyeron y lo contaron en el pueblo y en los caseríos.

35La gente fue a ver qué había sucedido y, al llegar, encontraron al hombre del que habían salido los demonios sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio; y se llenaron de miedo.

36Los que habían visto cómo había sido librado el endemoniado lo contaban.

37Y toda la gente de la comarca de los gerasenos rogó a Jesús que se fuera de allí porque estaban llenos de miedo. Él subió a la barca y regresó.

38Por su parte, el hombre de quien habían salido los demonios le pidió que le dejara ir con él; pero Jesús lo despidió diciéndole:

39"Vuelve a tu casa y cuenta lo que Dios ha hecho contigo". Y él se fue publicando por todo el pueblo lo que Jesús había hecho con él.

40Al volver Jesús, la gente lo recibió con alegría, pues todos estaban esperándolo.

41Llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, se echó a sus pies y le rogó que fuera a su casa,

42porque su hija única, de unos doce años, se estaba muriendo. Mientras Jesús iba, la gente lo apretujaba.

43Una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años y que había gastado en médicos toda su fortuna sin que ninguno pudiera curarla,

44se acercó por detrás, tocó la orla de su manto e inmediatamente cesó la hemorragia.

45Jesús dijo: "¿Quién me ha tocado?". Como todos lo negaban Pedro dijo: "Maestro, es la gente que te rodea y te apretuja".

46Jesús le dijo: "Alguien me ha tocado, porque yo he sentido que de mí ha salido una fuerza".

47La mujer, al verse descubierta, se acercó toda temblando, se postró a sus pies y contó ante todo el pueblo por qué lo había tocado y cómo se había curado instantáneamente.

48Él le dijo: "Hija, tu fe te ha curado; vete en paz".

49Todavía estaba hablando cuando llegó uno de casa del jefe de la sinagoga diciendo: "Tu hija ha muerto; no molestes ya al maestro".

50Pero Jesús, al oírlo, le dijo: "No temas; basta que tengas fe, y se curará".

51Al llegar a la casa, sólo dejó entrar con él a Pedro, a Juan, a Santiago y a los padres de la niña.

52Todos lloraban y se lamentaban por ella; pero él dijo: "No lloréis, porque no está muerta; está dormida".

53Y se reían de él, porque sabían que estaba muerta.

54Él la tomó de la mano y dijo: "Niña, despierta".

55La niña recobró la vida, y al instante se levantó. Jesús mandó que le dieran de comer.

56Y los padres se quedaron asombrados, pero él les ordenó que no dijeran a nadie lo sucedido.

WhatsApp